Eran la 5:15 de la Tarde del 11 de febrero de 1999, mi corazón seguía angustiado y lleno de incertidumbre y constante suplica a Dios por una cirugía de corazón abierto que le practicaban a mi esposo.

Los últimos seis meses habían sido los más angustiantes de mi vida, sin esperanza, sin apoyo solamente Dios me fortalecía y me daba la infinita confianza que todo estaba en sus manos.

José un hombre vigoroso, alegre que nunca se deprimía hacia reír con sus constantes bromas estaba apunto de morir y lo único que yo podía hacer era orar y poner toda mi esperanza en DIOS.

Meses atrás todo comenzó con un simple dolor de espalda que creíamos era por el estrés y la rutina del trabajo, algo simple pero que pronto se convertiría en una enfermedad y angustiante lucha por la vida.

Mi esposo siempre ha sentido temor de las clínicas y el ir al medico nunca han sido para el agradables y esta vez no era la excepción, esta constante molestia en la espalda lo hizo ir a donde una fisioterapista para aliviar ese supuesta enfermedad confundida con dolor muscular, pero sin darnos cuenta empezó a empeorar hasta cuando le inicio una pequeña tos que confundimos con un resfriado sin embargo no le dimos importancia y yo le administraba remedios caseros para aliviarlo pero sin saberlo lo estaba conduciendo cada vez más a la otra vida.

Un día saliendo de mi trabajo lo encontré en frente del edificio esperándome, algo inusual porque no lo hacia y me dijo con una voz entrecortada y algo fatigado, “acompáñame a la clínica que me siento mal”. Cual seria mi sorpresa cuando ya llevaba varios minutos con el medicó; él salio y en tono alto pero respetuoso me dijo, “su esposo se esta muriendo señora”, yo algo aturdida no entendía y él prosiguió, “su esposo no lo ve tiene un edema pulmonar y toca hospitalizarlo inmediatamente”, en ese instante sentí un frió por todo mi cuerpo pero mantuve la calma. Jose tenía encharcados los pulmones de tanto líquido que le había dado por calmarle la supuesta tos del resfriado y el dolor de espalda era porque el corazón estaba grande, sin haberme percatado el estaba azul por la falta de oxigeno. ¡Por Dios que estaba pasando! Me decía interiormente y lo único era orar. Después de estabilizarlo y varios análisis le encontraron una falla cardiaca, pero como en la ciudad donde vivimos no hay los equipos tecnológicos adecuados teníamos que ir a la capital para ver la gravedad de la enfermedad.

¡Bueno!, pensé el seguro a salud al cual por mi trabajo el era beneficiario haría todo, sin embargo en mi país este sistema no es al 100% efectivo y hay peticiones y peticiones de personas en estados graves de salud y a veces mueren esperando una orden para el tratamiento. En ese momento no le di importancia y pensaba hay que hacer algo.

Hicimos lo correspondiente en ese momento y a finales de noviembre le autorizaron un cateterismol. Viajamos a la capital a realizárselo y hay comenzaría mi pesadilla. Iniciaba la época navideña y aunque es una época de felicidad, para mi y mis hijos que vivían en la capital por los estudios universitarios era una época con incertidumbre y tristeza, mi esposo que era alegre estaba deprimido, estábamos sensibles y por todo discutíamos fue la época navideña más triste de nuestra familia.

Al fin llego el día del cateterismo y al ver tantas personas en el mismo estado y con la misma enfermedad, lo animo un poco y se dio cuenta que no era el único con ese problema, uno de los compañeros del cuarto ya le habían realizado el cateterismo y estaba bien, su señora le decía a su hija tenemos papá para rato, yo mire a mis hijos que estaban algo tristes y les dije a sus oídos nosotros también.

Estando caminando por el pasillo cerca de la habitación de mi esposo se me acerco el médico y me dijo “a su esposo hay que realizarle una cirugía ya, solo tiene 1 mes de vida, tiene una falla cardiaca severa toca operarle la válvula aortita y mitral” esto me quedo gravado en lo profundo de mi ser había que hacer la solicitud de la cirugía al seguro social cuanto antes.

Lo que fue desde ese día hasta el día de la cirugía fue un constante martirio la noche para mi era un tormento, sentía la respiración de José tan débil y hasta a veces tenía que colocarle la mano en el pecho para saber si estaba vivo, no dormía tenía que estar despierta en caso de una emergencia y mi angustia se aumentaba porque nuestra pequeña ciudad queda a tres horas la capital, una distancia exagerada en caso de salvarle la vida a José.

¡OH Dios! esta angustia no cesaba, ni en el día porque yo iba a las oficinas del seguro para agilizar la orden de la cirugía y a veces me sentía tan impotente lloraba y suplicaba por favor ¡hagan algo!, en mi trabajo Dios me ayudo me rendía en mis labores algo sobrenatural hacia mi trabajo en menos tiempo y podía emplear el resto de tiempo libre a suplicar en el seguro, hasta que un día el jefe de este lugar se conmovió de mi angustia y me dejo hacer llamadas a la capital como si yo fuera la jefe para que dieran la autorización, yo se que Dios me ayudaba porque es muy difícil encontrar samaritanos en mi país, pero en ese momento lo único que yo pensaba era en el tiempo que José le quedaba de vida, cada día era uno menos para él y yo tenía que seguir batallando ante las dificultades.

Un día como regalo de Dios porque era el 26 de enero día de mi cumpleaños llego la orden, por fin una cirugía tan costosa que nosotros y muchos cmpatriotas no podemos pagar el seguro social la autorizo. Que alegría al fin después de tanto martirio un consuelo.

Un día antes de viajar a la capital en un grupo al cual pertenecemos de la iglesia Católica tenía convivencia y fue la dosis de ánimo y fortaleza que José necesitaba para resistir el último combate por la vida.

En la caiptal ya en la clínica todo se preparaba habían ya elegido un medicó en el cual yo había puesto mi confianza solo tocaba esperar y tener fe.

Pero como para llegar a la meta y así se sienta sin animo hay que luchar mi alegría se oscureció cuando me informaron que cambiaban al medico. Tal vez esa enfermedad era incurable.

Tanta dicha no es verdad todo parecía que iba mal, OH Dios ayúdame por favor! No se que paso si se arrepintió el medico o José esta tan mal que será? Habían programado la cirugía para las 2 de la tarde pero en la prueba de esfuerzo a la cual a José se lo habían llevado algo había pasado, había que operarlo ya, eran las 9 am. Yo no sabia que hacer las enfermeras me decían necesitamos que reúna a los familiares y consigan sangre. Yo estaba sola ¿Dios que hago?. Llego mi hijo de la universidad y llego el Dr. Maldonado el único que se atrevió a operar a Jose y me dijo “ Señora reúna a toda su familia” yo le dije mi familia solo somos nosotros, en ese instante solo estaba mi hijo y afortunadamente mi hija no había llegado, el prosiguió “ si se le hace la operación y si no se le hace de todas maneras su esposo se muere, él es un caso perdido, el corazón esta muy grande y se va a tener dificultad para abrir el externon”, no se de donde saque valentía y le dije: Dr. Yo tengo la certeza de que mi esposo se va a salvar, Dios va dirigir la operación y él lo escogió para utilizarlo como instrumento para esta cirugía” el Dr. Me agarro las manos con fuerza y me dijo, “no se separe de la sala de espera ni un minuto” nos dimos un abrazo como si fuéramos amigos de tiempo atrás y se fue a operar a José. Mi hijo quedo casi privado y yo sentía mis piernas temblorosas el ultimo instante de valor que tenía ya se había desvanecido y me fui a esperar, llego mi hija tiempo después con la tristeza de no alcanzar a desearle suerte a su padre y me encontró mal, lloraba y lloraba lo cual no fue de ayuda para ella porque en lugar de darnos animo nos dejamos llevar por la tristeza.

El día parecía estar sufriendo y con enfermedad coo nosotros estaba opaco y no dejaba de llover, era el día más gris y triste que veía, y comparado con mi interior era más bello que lo que sentía mi ser en ese instante.

Muchos familiares de otros pacientes con enfermedad aguardaban noticias de sus seres queridos y uno a uno se fueron retirando porque todo salía bien, pero de mi querido esposo ninguna noticia. En la sala de espera leía un poco de oraciones, la imitación de cristo, el rosario de una padre amigo lo llevaba en mis manos pero mi sufrimiento era inmenso, impotente no podía hacer nada, solo orar y colocar en las manos de Dios esta situación.

Al fin después de 8 horas salio el Dr. Maldonado por las puertas autorizadas a los médicos y con sus grandes ojos azules me miro, yo corrí hacia él y me dijo “su esposo esta vivo”. Yo lo sabia , ¡Dios gracias es un milagro, José se salvo!. se curo de esa horrible enfermedad

No se si fue una coincidencia pero ese día 11 de febrero fiesta de la virgen de Lourdes Dios hizo en mi familia un milagro.

Después de el postoperatorio y de la recuperación tan asombrosa que tuvo José, porque los médicos no lo creían, me entere que durante la cirugía se le había arreglado la válvula mitral y su corazón había vuelto al tamaño normal, eso es algo que científicamente no tiene razón de ser, pero yo se que Dios obro y hoy puedo decir que la fe mueve montañas.

Actualmente el que ve a Jose, no cree que haya pasado por esa situación y enfermedad , solamente cuando le ven la cicatriz la gente cree, definitivamente los milagros existe y hoy puedo decir que viví uno.