“Eres un mono más”, dijo, hasta el cansancio. “Repites esa corriente que viene talando almas”, repitió hasta desvanecerse en su quebranto. Parecía querer desterrar una suplica. Procuraba que su voz sea escuchada. “Esa corriente a la que todos parecen querer ir”, increpó. Sonrieron. Tal vez sea una corriente que te lleva hacia el bien; que más da si eres otro mono más. Hay que darle un margen de crédito. Tal vez sea importante ser un mono poco fugaz, conectando cada una de las enseñanzas a vidas que carecen de sueños y esperanzas. Que más da reforzar algo en lo que creo. Que más da decir tengo al mejor amigo que pude encontrar. Un amigo que se jamás me va a fallar. Un amigo en el cual puedo confiar. Fé es lo que encuentro y felicidad en concierto.

Cuando en una época pasada el pensamiento de Utopía desataba desvanes e histeria: se producían destiladas ideas. Descarrilaban los entendimientos de muchos. Surgieron corrientes en el que hombres y mujeres pudieron desafiarse a tales sutiles pensamientos. A la verdad que busca la felicidad de ser.

Las ideas causan discernimiento. Escuchar las enseñanzas de un maestro que existió hace dos mil años, no es monería; mas bien es verdad pura puesta en literatura. Encuentra cabida en corazones que no tienen valía, que no encuentran cabida, que han perdido la fé: se sienten atorados en la desesperanza. En corazones absortos de tristeza y también de alegría y esperanza. Mantener un entrenamiento segregado desde sus pensamientos, es una tarea ardua que hace de la posibilidad una verdadera historia para aprender a escuchar. Escuchar y jamás dejar de pensar que se tiene que aceptar sin dar rienda suelta a las ideas que fluyen. Tener fé en el intelecto y también en el corazón descubierto a la felicidad.

Ese ego que se satisface con creer que no hay más allá de las narices. Se esconde cuando escucha el palpitar fulminante de alguna claridad que le lleva a desafiar su creer. ¿Lo sabe todo?, no lo creo. No ve más allá de lo que le enseñaron. Tal vez sin saber esperaban la fé se afueñara de sus almas.

Aquellos que creen ser mejores porque pudieron conservar una educación, o aquellos que pobremente desgastados se fungieron inferiores por haberse dejado llevar por malas razones de un entorno cruel que le dijo: “no son más que la nada”. Ni mejores, ni peores. Tienen muchos dones. Cuentan con muchas bendiciones: para sonreír, para saber de su creación, para entender que deben implantar sus propios sueños, para brincar a un infinito Universo, para derivar en felicidad y bienestar.