En Salud y medicina > histeria
La histeria y las mujeres son relacionadas desde que existen las relaciones entre ambos sexos. El objetivo de esta nota no es acusar a las mujeres de ser histéricas, sino intentar justificarlo mediante ejemplos claros, para que cada una que lo lea se pueda identificar a sí misma, y también para que un hombre al detectar alguna actitud en particular, identifique a este tipo de personas.
El término histeria proviene de hysteron, del griego útero, está basado en la antigua medicina griega y desde allí tradicionalmente se la consideraba a la histeria como enfermedad del útero, por lo tanto de las mujeres. Aunque esto les moleste amigas lectoras, sólo me estoy remitiendo a la etimología de la palabra y no abriendo juicios de valor.
Una de las peculiaridades de la histeria es que se ha ido adaptando en el tiempo, es una patología absolutamente permeable al medio, es así que las primeras histéricas estudiadas por Sigmund Freud en el 1900 eran aquellas que se desmayaban oportunamente sobre los brazos de algún galán, esa es la imagen que nos queda. Evidentemente hoy por hoy siguen habiendo histéricas, pero este comportamiento del desmayo ya no es tan característico probablemente porque el galán de los tiempos que corren se correría a un lado dejando en su lugar y como sostén de la histérica el duro suelo. Lo cual no sería ni conveniente ni oportuno para nadie. Este cambio da cuenta de que también la actitud de los hombres ante estas mujeres, también se adaptó con el tiempo.
Las mujeres se suelen jactar de su condición de histérica, de no ser “fáciles”, como se dice entre los hombres. Es que ellas saben que a veces una mujer “fácil” termina no gustando, ya que todo ocurre de pronto y queda poco por esperar. Por eso es que a veces ellas mismas reprimen sus sentimientos, para simplemente no entregarse a las garras de algún hombre. El hombre en cambio, es más pasional, actúa más por instinto que siguiendo una estrategia lógica.
Las histéricas, adoran tener público, necesitan siempre ser el centro de atención, y harán lo posible para que, cuales satélites, los hombres giren alrededor de ellas, incluso hombres que poco le interesan, el problema es que uno de esos podés ser vos.
El “Gataflorismo”, es una expresión un poco ordinaria y popular, pero bien les cabe a este tipo de mujeres. Mueren por tenerte atado, pero cuando ésto se da, ellas te ignoran. Cuando uno las ignora, te persiguen para atraparte, en definitiva, ¿Qué es lo que quieren? Imposible saberlo amigos.
La falta de claridad es otra característica frecuente. Nunca dirán una frase directa sin agregar algún detalle que desconcierte. Es casi imposible encontrar una certeza en sus palabras, nunca darán una muestra clara de interés.
En muchas oportunidades, el acoso a las mujeres, es asociado con su vestimenta. Muchos violadores suelen justificar sus desviaciones mentales con la provocación femenina. Claro que es una actitud totalmente condenable, ya que por más que provoquen, nada justifica una agresión física y la falta de respeto. La provocación es natural en la mujer, y es una de las cosas que tanto atrae a los hombres.
Con el desarrollo tecnológico, el MSN y los mensajes de texto, las histéricas están felices. No hay mejor medio de comunicación para “histeriquear” que el chat o los simples mensajes de texto. Ambos métodos son capaces de volver loco a cualquier hombre. ¿Quién no trasnochó solo por hablar un rato más con ella por MSN? ¿Quién no fue interrumpido en su trabajo por un mensaje de texto y nunca más se pudo concentrar? Todos los hombres que conozco alguna vez sufrieron este tipo de problemas. Y aunque la histeria no sea solo patrimonio femenino, es indiscutible que ellas, hasta ahora, nos llevan gran ventaja en esta práctica.
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