Es bien sabido que cada cultura se expresa de diversas maneras y tiene características específicas que la hacen perteneciente a un tipo determinado de sociedad y no a otra, así, tienen un lenguaje especial, algún tipo de expresión artística, organización social determinada, entre otros aspectos. Por tanto, la expresión de los procesos psicológicos denominados psico-afectivos (motivación, emoción y todo lo que envuelve la personalidad) no son la excepción; a continuación procederé a realizar un pequeño recorrido por algunas culturas hablando precisamente del papel que desempeñan dichos procesos en la cotidianeidad de sus habitantes.

Un primer caso, lo encontramos hacia 1972, cuando el antropólogo Colin Turnbull realizó un estudio sobre una tribu de cazadores de las montañas del norte de Uganda, denominados Ik. En dicha tierra, el gobierno decidió crear un parque nacional, por tanto, los Ik fueron desplazados de allí a otras tierras, lo cual tuvo un efecto bastante nocivo sobre esta población. Al verse desprovistos de su fuente común de comida y viéndose obligados a cultivar en tierras rocosas y áridas, los integrantes de esta comunidad comenzaron a morir de hambre y a medida que esto ocurría se debilitaba su estructura social. Así, los dominaba el hambre como motivo y la búsqueda de alimento como la conducta que de allí se desencadenaba; con el paso del tiempo, la búsqueda obsesiva de comida hizo de cada persona de la tribu un enemigo del otro. Los afectos pasaron a un segundo plano y contribuyó a que las relaciones se hicieran cada vez más difíciles. A tal extremo llegaron que a los niños que no encontraban alimento se les encerraba en jaulas hasta que morían y de igual forma se hizo con los abuelos. (Davidff, 1989). Mostrando así la fortaleza de la motivación en la naturaleza humana.

Como segunda medida, refriéndonos a aquellos procesos que incluyen la agresión, frustración, estrés y sus derivados, encontramos que en Malasia Central los 13000 Semais no tienen policía y se desconoce el asesinato. No existen los golpes ni entre adultos ni entre niños ni de adultos a niños. Por otra parte, lo huterias (en Montana) han vivido cerca de cien años en un aislamiento casi total del mundo exterior, y han establecido una sociedad comunitaria, en la cual todo se comparte, desde el trabajo, hasta la comida y para mantener esto han enseñado a los niños a inhibir cualquier signo de ira (Davidoff, 1989). Afirmando con esto, que en otras culturas a diferencia de la nuestra, la agresión y todo lo que ella conlleva no es una parte inherente al ser humano, sino que es un constructo cultural que puede crear otras alternativas, como las nombradas anteriormente.

A este respecto, Maslow (1954) afirma que “existen personas como los Arapesh que son tan suaves, tan amistosos, tan poco agresivos, que difícilmente encuentran un hombre lo bastante independiente como para organizar sus ceremonias”. Contrario a lo anterior, habla de los Chukchi y los Dobu que según el mismo autor “están tan llenos de odio que uno se pregunta como no se han exterminado totalmente”.

Existe además, un grupo de indios llamados los Pies Negros del Norte, quienes con una población aproximada de 800 habitantes, sólo han tenido 5 peleas a puños en los últimos 15 años. Poseen un humor muy amistoso, reducen los chismes a lo que escriben en sus periódicos sin perjudicar a nadie, utilizan la brujería y la religión para el bien común y especialmente con fines curativos. Y, contrario a lo que muchos pensarían no es un grupo débil, sino que son una comunidad fuerte, orgullosa y resistente; sino que, han basado sus relaciones en la armonía y beneficio general, en lugar de hacerlo en la agresión por considerarla equívoca, lastimosa o loca (Maslow, 1954).

Así, estos han sido diversos ejemplos de culturas con sus expresiones de algunos procesos psico-afectivos pertenecientes a la especie humana.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

- Davidoff, L (1989). Introducción a la Psicología. McGraw Hill: México

- Maslow, A (1954). Motivación y personalidad. Sagitario S.A: Barcelona.