Hoy en día vivimos en un mundo acelerado, donde las relaciones interpersonales han perdido su función primordial, tendiéndonos así a concentrarnos más en el individuo que en crear nuevas redes de contacto, por llamarlo de alguna manera. El siglo XX. Conocido por ser la era de la ansiedad ha dado paso a una nueva era, la de la melancolía, donde el hombre pierde su forma de demostrar sus emociones, cayendo en una espiral de analfabetismo emocional desde temprana edad llegando incluso a buscar soluciones en manos de la psicología y psiquiatría.

En los últimos cuarenta años ha habido notables cambios en el grado de competencia emocional, que a la larga, los jóvenes ven en sus vidas esto reflejado debido a la influencia del ritmo de la vida moderna en ellos. Los cambios más importantes son:

• Marginación o problemas sociales: tendencia al aislamiento, a la reserva y al mal humor; falta de energía; insatisfacción y dependencia.

• Ansiedad y depresión: soledad; excesivos miedos y preocupaciones; perfeccionismo; falta de afecto; nerviosismo, tristeza y depresión.

• Problemas de atención o de razonamiento: incapacidad para prestar atención y permanecer quieto; ensoñaciones diurnas; impulsividad; exceso de nerviosismo que impide la concentración; bajo rendimiento académico; pensamientos obsesivos.

• Delincuencia o agresividad: relaciones con personas problemáticas; uso de la mentira y el engaño; exceso de justificación; desconfianza; exigir la atención de los demás; desprecio por la propiedad ajena; desobediencia en casa y en la escuela; mostrarse testarudo y caprichoso; hablar demasiado; fastidiar a los demás y tener mal genio.

Muchos de los problemas emocionales que presentan tanto jóvenes como niños hoy en día, radica en la familia, no tan sólo en como ésta está constituida si no más bien en el tiempo en que pasan juntos como tal. Las presiones externas son tan grandes que, a falta de un buen sistema de apoyo, hasta las familias más unidas están empezando a fragmentarse, y ya no recurren a la psicología ni a ningún otro medio como último recurso. La incertidumbre, la fragilidad y la inestabilidad de la vida cotidiana familiar afectan a todos los segmentos de nuestra sociedad, incluyendo a las personas acomodadas y con un elevado nivel cultural. Lo que está en juego es nada menos que la próxima generación —especialmente los varones—, que durante su desarrollo son especialmente vulnerables ante las fuerzas disgregadoras y los devastadores efectos del divorcio, la pobreza y el desempleo. El estatus de las familias es más inquietante que nunca. Estamos privando a millones de niños de sus capacidades y de sus aptitudes morales.

Muchos niños que comienzan a tomar actitudes violentas lo hacen por imitación, por llamar la atención, o porque no saben como expresar lo que sienten y creen que a través de los golpes y la rebeldía es la mejor forma de liberar sus tensiones. Los padres de los niños agresivos suelen alternar la indiferencia con los castigos duros y arbitrarios, una pauta que, comprensiblemente, fomenta la paranoia y la agresividad. Los niños irascibles y solitarios son sumamente sensibles a las injusticias y, en consecuencia, suelen considerarse víctimas inocentes que nunca olvidan las múltiples ocasiones en que han sido reprendidos. A medida que estos niños se conviertan en adolescentes puede que algunos consigan alfabetizar sus emociones, pero gran número de ellos terminarán como delincuentes, y en el caso de las mujeres siendo madres adolescentes. Es incluso común hoy ver en las noticias estos casos, que hace años atrás nunca creímos que serían tan comunes, pero hoy en día es tal el aumento que la capacidad de la rama de psicología en los distintos países ya no es suficiente con los casos porque no saben como enfrentar este cambio emocional

En el caso de la depresión es diferente, el niño y el adolescente, solitario en la mayoría de los casos, no sabe como expresar lo que esta sintiendo en ese minuto, y es muy difícil para otra persona entender por lo que esta pasando. En Psicología se les enseña a las personas depresivas a que deben aprender a buscar diferentes soluciones para sus problemas, no tan sólo una, además de intentar exteriorizar las emociones de forma de liberar al cuerpo de cierto estrés acumulado. Una observación minuciosa, según la psicología, de las causas de la depresión juvenil señala la presencia de serias deficiencias en dos competencias emocionales fundamentales: la capacidad de relacionarse (la relación más difícil es la relación con los padres) y la forma de interpretar los reveses y contratiempos de la vida.

El último tiempo la depresión ha tenido un gran aumento debido a como el ser humano vive la vida, debido al auge de la tecnología se ha vuelto más individualista y se ha perdido el contacto persona-persona, y según la psicología, también se ha visto en los últimos treinta años un declive en lo que a creencias religiosas se refiere, los jóvenes cada vez tienen menos cercanía a una religión a la que aferrarse en caso de sentirse en problemas.

Severas deficiencias emocionales pueden llevar a la larga a producir trastornos alimenticios en mujeres, como la bulimia y la anorexia. Muchas veces estas deficiencias no son reconocidas por la persona como tales, pero el principal desencadenante de este trastorno radica en una sociedad obsesionada por un modelo ideal de belleza antinaturalmente delgado. Estas muchachas manifiestan una conciencia muy pobre de sus sentimientos y de los mensajes de su cuerpo afectando la propia psicología de su persona.

La mayoría de los niños aprenden a distinguir entre sus sensaciones y son capaces de discernir si están aburridos, enfadados, deprimidos o hambrientos, una habilidad que forma parte del aprendizaje emocional básico. Pero estas muchachas tienen dificultades para saber qué es lo que realmente sienten. De este modo, cuando, por ejemplo, tienen un problema con su novio, no saben si están enfadadas, ansiosas o deprimidas, lo único que experimentan es una difusa tormenta emocional con la que no saben cómo relacionarse y tratan de superarla comiendo, algo que puede llegar a convertirse en un hábito muy arraigado, pero cuando esta forma de tranquilizarse choca con las presiones que sufren las chicas para mantenerse delgadas, queda expedito el camino para el desarrollo de algún tipo de trastorno alimentario.

Para los jóvenes, el alcohol y las drogas puede ser tan sólo una especie de rito durante la adolescencia pero a la larga puede derivar en algo más permanente. Algunos, usan estas sustancias para mitigar su enojo, su depresión y su ansiedad puesto que les permiten calmar químicamente la ansiedad y la insatisfacción que les atormentan, mientras que hay algunos que son más susceptibles a ellos y creen que son la solución a todos aquellos problemas de su vida.

También existen ciertas pautas emocionales que parecen determinar que las personas tiendan a encontrar consuelo emocional en unas substancias más que en otras. Hay, por ejemplo, dos caminos diferentes que conducen al alcoholismo. El primero de ellos se inicia cuando una persona que ha tenido una infancia llena de tensión y ansiedad descubre —por lo general en la adolescencia— que el alcohol le permite mitigar la sensación de ansiedad. Es frecuente que estas personas —generalmente varones— sean, a su vez, hijos de alcohólicos que también recurren a la bebida para tratar de calmar su nerviosismo.

El otro camino emocional que conduce al alcoholismo está ligado a un elevado nivel de agitación, impulsividad y aburrimiento. Durante la infancia, esta pauta se manifiesta como un comportamiento inquieto, caprichoso y desobediente, y en la escuela asume la forma de nerviosismo, hiperactividad y búsqueda de problemas, una tendencia que, como ya hemos apuntado, puede empujarles a buscar amigos problemáticos y terminar abocándoles, en ocasiones, a la delincuencia o al diagnóstico de «trastorno de personalidad antisocial». El principal problema emocional de estas personas es la agitación; su principal debilidad, la impulsividad descontrolada y su reacción habitual ante el aburrimiento, la búsqueda compulsiva del riesgo y la excitación

Para lograr prevenir algunas de estas “patologías” por darle un nombre, se debe desde temprana edad, educar a los niños en cuanto a como demostrar sus emociones, que ellos aprendan a expresar en su rostro lo que siente, y también sean capaces de hablarlo con las personas adecuadas ya que muchas veces ciertos cambios bruscos de comportamiento, o tendencias extrañas pueden ser síntomas de algo aún más serio.

Uno mismo como ser humano que vive en un siglo en que la tecnología lo domina todo, no se da cuenta cuanto ha cambiado nuestro alrededor, cuanto hemos cambiado nosotros mismos, y cuan importante son las relaciones interpersonales y la manera en que expresamos lo que sentimos, todo eso, lo hemos perdido un poco por la comunicación a través de una pantalla, tal vez, sea bueno buscar una manera de que el mundo este conectado pero no se pierda la cercanía emocional y debemos confiar en las respuestas que nos puede brindar la psicología.