En Salud y medicina > salud psicológica
La vida nos regala dones para poder sobrevivir a este mundo, y empezar a vivir.
A veces queremos escaparnos de lo cotidiano, entrar en un estado de paz en nuestro interior, el cual encontraremos si paramos un poco en un pulmón verde imaginario.
De eso se trata, del imaginario. De poder darnos el lujo de respirar en un espacio nuevo. De creer y crear vida, desde el lugar de la creación, que se encuentra ahí, dentro, solo hay que escarbar un poco para poder invocar a la locura más pura, que no es más que nuestra locura de salud. Es como la profundidad del mar.
A veces, nuestra salud psicológica, se encuentra ahí donde uno menos espera, en la mismísima locura.
A lo largo de nuestras vidas nos han enseñado las cosas que debemos y no debemos hacer por cuestiones de prudencias, cuestiones que tienen que ver con mandatos religiosos o familiares que se cree que es lo mejor, lo bueno.
Hay una sola regla que para mí se tiene que tener en cuenta, respetar al prójimo. El resto, es puro palabrerío. A parte, ¿quién tiene la varita del bien y del mal?, ¿quién puede decir que es bueno y que es malo?
Realizar nuestros sueños tiene que ver con la capacidad de crear nuestras posibilidades. De entrar en una lógica que poco tiene que ver con la lógica de otros. Esto va de boca en boca. No existe un libro que nos pueda ayudar a crear nuestro imaginario. Él se encuentra allí, solo hay que ejercitarlo, como un músculo que nunca fue al gimnasio.
Conozco mi imaginario casi transparente, y fueron muchas las cosas que he podido lograr en mi vida a través de la imaginación tanto como retornar a mi salud psicológica. Se ha debido a que mucho de lo que quise lograr poco tiene que ver con lo que palpamos como real. El mundo está lleno de dimensiones. ¿Cuántas veces hemos descubierto en nosotros cosas que creímos ver y que cuando las contamos se diluyen como arena?
Fuimos creciendo en la creencia de que lo real es todo lo que podemos tocar, ver y oler. Pues en la historia podemos ver cómo han sido censuradas las manifestaciones etéreas. Aquellas que nos angustian por no conocerlas o aquellas que nos llenan de alegría al saber que existen. Todo depende de la capacidad de poder descubrir una puerta a lo desconocido. No es necesario ponerle un nombre. Es simplemente nuestro poder de captar la realidad de otro modo, u otras realidades que se encuentran en la vida planetaria. No dejarse llevar por palabreríos baratos ni por explicaciones de otros. Para cada uno es diferente.
Hemos recopilado a lo largo de nuestras vidas tanta información errónea, que nos han tratado de explicar lo que no podemos explicar, que nos hemos censurado nuestras propias verdades. Y nuestra salud psicológica ha caducado en el camino.
Como decía, la historia se ha dedicado a olvidar a propósito de mantenernos en una misma línea y manejados por el poder de los que quieren dominarnos.
Yo te digo que el poder de toda tu vida se encuentra dentro tuyo y que ningún político te va proporcionar la felicidad creando nuevos estatutos con la idea de la liberación.
La libertad pasa por un estado interno, casi impalpable pero tan concreto como un castillo. Es lo que llamamos utopías.
Es necesario sacarse de encima los mandatos. Hay tantas cosas que nos dijeron que están mal, nos han censurado y nos han creado miedos y desdicha. Y en todas esas cosas hemos querido incursionar. Solo que para algunos está mal visto, eso no quiere decir que para nosotros también. No dejarnos llevar por el común denominador nos hace diferentes y libres. Descubrimos esas diferencias que nos hacen únicos y para las que el mundo no está preparado.
Hay que empezar a desordenar la casa.
No se trata de buscar un nuevo orden, solo de poner las cosas en el lugar que queramos que estén. Se trata por empezar mentalmente a recaudar información para que nuestra salud psicológica empiece a recobrar sentido. No necesariamente es el lugar que nos enseñaron. Y llegando a esto, el lugar está dentro de nosotros. No hay que escarbar afuera para encontrar el lugar. El lugar puede ser cualquiera. Pero es un estado interior.
No intento crear una nueva religión o dogma con todo esto, al contrario algo que nos de libertad. La única regla como ya dije es la de respetar a los otros que no son más que nuestro espejo. Aprender de los otros.
La idea de la libertad es un comienzo. Nosotros mismos encontraremos las técnicas para desarrollar nuestro poder. Y nuestro poder no es más que nuestra vuelta al paraíso.
Como dicen por ahí, la verdad os hará libres.
Y la verdad no es más que nuestro propio paraíso. Ese que se puede crear a través de lo que no hemos conocido antes. El paraíso no tiene condiciones para ser creado ni descubierto. El paraíso es aquel que nosotros consideremos. Cada uno tiene el suyo propio. El paraíso es el lugar en donde nuestra mente, nuestra salud psicológica puede respirar, y en consecuencia nosotros como seres completos también.
No es necesario sacrificarse, puede ser un camino doloroso al principio, aunque no necesariamente tiene que ser así. Pero la satisfacción de vivir como deseemos es tan grande que nos colma. Y tal vez algunos se opongan, esas personas se alejaran y nos daremos cuenta que no es necesario tenerlas al lado nuestro.
Tal vez hay que sacrificar cierta creencias que nos fueron proporcionadas como validas y que no lo son en nuestra vida.
Créanme que se pueden obrar milagros a través de nuestra percepción. Es cierto que no todos poseemos estas capacidades, pero también es cierto que todos tenemos la posibilidad de llegar a ellas.
Cuando uno se encuentra con el vacio, piensa que no hay nada allá. Pues hay un gran caudal. Solo hay que ponerle color a lo que consideramos vacio. Si podemos ver más allá de lo que nos enseñaron entonces estamos frente a una gran verdad.
Como dice la canción la locura es poder ver más allá. Y no es más que eso. Lo interesante es lo que nosotros podemos hacer con eso que podemos ver. Hasta casi palpar. Lo interesante es el lugar que le pongamos a nuestra locura, esto es parte de nuestra salud psicológica.
Como ya dije, estas cosas no se aprenden en un libro. Hay que acercarse a ellas de alguna forma. Seguramente si nos encontramos en una búsqueda, algún rayo de luz se cuele en el crepúsculo y nos haga alquimistas de nuestra propia realidad.
No podemos ser alquimistas aprendiendo las técnicas en un libro, podemos llegar a entender que existe la alquimia, pero para poder llegar a ella tenemos que experimentarla. Y todo aquel que se encuentre en la encrucijada de querer saber más, seguramente lo va a lograr. Incursionando en lo desconocido. Probando. Tratando.
El “creo solo en lo que veo,” puede ser considerado si podemos ver más allá de lo que ven los ojos físicos.
Encontrarse con nuestro mundo interior tiene que ver con encontrarse con ese vacío al que tanto miedo tenemos como ya dije anteriormente. Y empezar a rellenarlo con todo aquello que nos hace bien y nos gusta, de eso depende nuestra salud psicológica. Cuando lleguemos ahí no podemos desligarnos de lo que somos, todo lo que somos está ahí. Lejos de los vicios. Lejos de la mirada del otro. Más cerca de lo que amamos.
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