Dos afirmaciones: ”Por mas que seas rey dejaras de serlo si estas loco” y “por mas que estés loco no por eso serás rey” nos llevan a rememorar la escena de fines del siglo XVIII reflejada por Pinel, la cual tiene como protagonista al rey Jorge III, su soberanía y su locura.

El rey es portador de un poder soberano secular y heredado, que se caracteriza por ser asimétrico en relación con sus súbditos a los que no individualiza o considera singularidades somáticas sino que los abarca en multiplicidades. Esta forma de poder, en el cual esta bien individualizado quien lo ostenta y pobremente diferenciados los que lo padecen, recurrentemente mira hacia atrás, es decir a su hito fundacional para afirmarse y logrando gracias a reactualizaciones periódicas a través de gestos y rituales perpetuarse.

En esta escena relatada, sucumbe frente a un poder nuevo y discreto mostrándonos una verdadera ceremonia de destitución y desmoronamiento.

Este poder victorioso anónimo y múltiple que sumerge al rey entre paréntesis y lo aísla del exterior se denomina poder disciplinario. Vemos así como dice Foucault a la soberanía a la vez enloquecida e invertida contra la disciplina macilenta.

Existen en definitiva la transformación de relación de soberanía en poder de disciplina. La salud psicológica vista con otro enfoque.

Esta escena es fundamentalmente un punto de corte en el manejo de la locura a fines del siglo XVIII. Los médicos ponían a sus pacientes en un mundo ficticio y real y los dejaban transitar por el laberinto de su delirio para tenderle alguna trampa y lograr asi salud psicológica. La supresión de la causa del delirio en el delirio va a ser totalmente barrida por el poder disciplinario.

Luego el mismo Pinel a fines del siglo XIX logra vencer el poder soberano de cadenas y celda a lo cual eran sometidos los locos en Bicetre, permitiéndoles entrar en el camino de la curación a través de la disciplina.

Pinel introduce el poder disciplinario en la psiquiatría y al liberarlos de sus cadenas genera en ellos una deuda que debe ser saldada con obediencia y docilidad. Es una transformación del viejo poder de soberanía (cadenas, celda) por un nuevo poder de sujeción: la disciplina.

El poder disciplinario es previo al desarrollo de la institución y a los surgimientos de discursos de verdad. Es representación visible en eso que Foucault llamo protopsiquiatria.

A diferencia del poder soberano que solo intervenía de manera violenta y tardía, en el poder disciplinario no existe un castigo ejemplar tardío sino un continuo accionar correctivo desde el primer esbozo. Intenta intervenir antes que el acto ocurra con acciones correctivas y punitivas continuas sobre las virtualidades del comportamiento. Vigilar y castigar.La salud psicológica al banquillo.

El poder disciplinario individualiza hacia su base y es oscuro en su vértice, es decir su visibilidad radica siempre en la docilidad y sumisión de aquellos en los que se ejerce. A diferencia del poder soberano, el poder disciplinario no implica sustracción de productos sino busca la captura total de gestos, tiempo y comportamiento del individuo. La escritura es su principal aliado que lo ayuda a individualizar en forma esquemática y centralizada.

El poder disciplinario aprehende el cuerpo y genera un contacto sináptico entre cuerpo y poder. Se aplica este poder en forma continua y uno es visible y esta en situación permanente de ser mirado. En definitiva nos introduce en un panoptico, que es verdadero dispositivo disciplinario, buscando el momento en que todo funcione por si solo y la vigilancia no tenga mas que un carácter virtual y la disciplina la categoría de habito.