En Sociedad > actualidad política
En la actualidad política argentina, ya corrió mucha tinta sobre un conflicto que apasiona a algunos y harta a la mayoría. Los noticieros reflejaron en vivo asambleas, cortes, acampes, discursos, e incluso ahondaron en la intimidad de algunos dirigentes. Cuatro entidades que representan a productores del campo pequeños, medianos y grandes, disputan una parte de la renta que se apropia el Estado mediante el impuesto llamado “retenciones a la exportación”. Y así se llama porque eso son. El Estado se queda con una parte de lo que los productores ganan exportando, y eso achica su margen de rentabilidad. Entre los productores hay quienes son dueños de la tierra y quienes la alquilan. Otros se asocian para elevar la tasa de ganancia. Los productores más pequeños, o campesinos, que utilizan a la familia y explotan una pequeña parcela de tierra, por lo general no están contemplados por esas entidades. Entonces, si no utilizan a su familia, contratan peones para trabajar la tierra. Esto les permite un beneficio sideral: por un sueldo mínimo –por lo general en negro, es decir, sin aportes a la seguridad social ni protegido por el muy endeble convenio colectivo de trabajo- el trabajo del peón genera una ganancia extraordinaria para el patrón que lo emplea. Una vez que el productor, a través de su gremio, se asegura de que el peón siga trabajando bajo pésimas condiciones y con un sueldo miserable, necesita una rentabilidad que le permita competir con los pooles de siembra, que son inmensas asociaciones de capitales especulativos que producen la tierra. Por el otro lado, el Gobierno necesita recaudar para, primero, seguir pagando la deuda externa, cuyo interés y capital sube mes a mes. Segundo, necesita subsidiar a las empresas que se encargan de la generación, el transporte y la importación de energía; subsidiar el transporte público, el precio del gasoil, el mantenimiento del tipo de cambio, y a las empresas productoras de alimentos. Pero tiene un gran flagelo por delante: la inflación, que se desató sin control. Por eso intervino el Indec, organismo encargado de formular estadísticas sobre la inflación, crecimiento, etc., y manipuló sus resultados. De esa forma evita que crezca la deuda externa, atada en parte a la inflación, y a la vez intenta engañar a la población con una sensación de tranquilidad en los precios y una ilusoria recomposición de los sueldos, que se desplomaron en el 2002. Entonces, ¿qué cuestiones de actualidad política estuvieron reflejando los medios todo este tiempo? Una pelea por la renta de dos fracciones que no representan a la mayoría de los argentinos, ni piensan hacer nada que favorezca a la mayoría. Unos se quedan con la inmensa mayoría de la riqueza que generan los peones de campo, retribuyéndoles un sueldo miserable, y justificando su actitud por la competencia con los pooles. Otros, necesitan urgentemente llenar las arcas fiscales porque, de otra forma, la inflación terminaría de explotar y el país entraría en el caos total. Por eso alientan la concentración de los productores. Al Estado le conviene más tratar con unos pocos pooles de siembra que con miles de productores belicosos y organizados. Y para combatir a los productores se amparan en un discurso de derechos humanos y distribución de la riqueza que ya nadie cree. La inmensa mayoría ve cómo con sus sueldos pueden comprar cada vez menos alimentos, los alquileres son más altos, y si les sobra algo, ahorrar no les sirve porque los precios de propiedades en dólares aumentan mes a mes. Es un dato incontrastable de actualidad política. Los trabajadores, además, vivieron en carne propia la política de derechos humanos de los Kirchner: represión en Santa Cruz, a los trabajadores del Casino y, también, la última en Plaza de Mayo, el lunes 7 de julio (que desató una multitudinaria manifestación el día siguiente y puso en la agenda de actualidad política de los medios el reclamo de trabajo o elevación de los planes de 150 pesos). Por eso, la dicotomía Gobierno – campo que intentan imponer los actores que participan en esa disputa, acompañados por los medios masivos de comunicación, es absolutamente falsa. La mayoría de los argentinos necesita recuperar sus recursos naturales y sus medios de transporte, como el tren. Necesita mejores sueldos y en blanco. Es una vergüenza que los profesionales tengan que pagar un impuesto a la ganancia con el monotributo y que toda la población, indiscriminadamente, pague el IVA, el impuesto más regresivo que existe. Lo mismo un indigente que compra un saché de leche como el magnate que compra un auto último modelo. Es que en este país los más pobres son los que más contribuyen proporcionalmente al fisco. Sin embargo, todavía hay algunos que piensan que los pobres viven en el paraíso con un plan de 150 pesos, hacinados en una villa miseria, víctimas de la delincuencia y de los abusos policiales.
No hay soluciones fáciles para todos estos problemas. Los pequeños productores, bajo estas reglas, están condenados a desaparecer. O se transformarán en una parte anónima de los pooles de siembra, especulando con los alimentos. Las retenciones mayores o menores no van a solucionar el fondo de este problema de actualidad política. La economía capitalista tiende a la concentración, y al Estado siempre le conviene dialogar con menor cantidad de actores. La solución de fondo es que el Estado controle el comercio exterior y la totalidad de la producción de la tierra. De esta forma, las super ganancias de los pooles se quedarían en el país, manteniendo la productividad, y se les permitiría a los pequeños productores y campesinos sobrevivir. Por supuesto, esa medida no alcanza y debe estar seguida de la estatización de los puertos, para que no se generen fugas de capitales encubiertas. Pero, como todos sabemos, no es un dato de actualidad política que hubo empresas del Estado antes, y eran corruptas e ineficientes, y los burócratas sindicales son los que se encargaron de vaciar el patrimonio estatal para después aprobar su privatización. Son los burócratas que ahora hablan con tono nefasto de los años 90. Y muchos de ellos en los 70 se asociaban con la triple AAA de la derecha peronista para matar activistas de izquierda. ¿Y entonces cómo hacemos si hay corrupción con control privado y con control estatal? La alternativa superadora es necesariamente socialista. Si los que trabajan en los puertos se encargan de controlar la exportación e importación, sabiendo que los intereses de un Estado obrero son sus propios intereses, es mucho más difícil que se produzcan esos bochornosos hechos de corrupción. Si los trabajadores del ferrocarril, que son los que lo aman verdaderamente, controlan junto con técnicos el trazado de nuevas vías y la construcción de nuevos vagones, es seguro que su interés de que haya buenos y baratos trenes coincidirá con el de los pasajeros. Lo mismo con todos los aspectos de la economía. Trabajadores y usuarios, dos categorías que no se excluyen, deben tomar las riendas del Estado para movilizar el desarrollo económico, social y cultural en su propio interés. Por eso lo que oculta este conflicto de actualidad política entre “el campo” y el Gobierno es la tercera posición, la de los trabajadores. La de los que viven de su sueldo y quieren un país y un mundo mejor para ellos y sus hijos. Los que no quieren ni oír hablar de desabastecimiento, que se cansaron del tono de voz de Cristina, que intenta emular el de Evita. Los que no encuentran una alternativa que refleje sus propias aspiraciones. La gran tarea del pueblo es organizar esa tercera alternativa y hacerla viable y, así, en un mar de decepciones y mentiras escupidas desde el poder, hacer posible lo imposible y marchar hacia la superación de las contradicciones actuales.
Si eres un usuario registrado, puedes hacer comentarios sobre este artículo.
|
![]() |
||||||
|
![]() |
BúsquedaInformación de este artículo
Vínculo Más artículos sobre actualidad políticaHacia donde nos dirige la política energética de Evo Morales? De cómo la gramática y la política se encuentran en la actualidad La política en República Dominicana Argentina: Elecciones 2007, análisis de la campaña Más artículos de este autorFortunata y Jacinta, entre el realismo y el naturalismo Historia y características del Civilization, de Sid Meier Literatura americana: Henry James y Ernest Hemingway La Spectrum, la 286 y otras yerbas. |