¿Le ofrecería usted a su hijo que atraviesa la adolescencia algo nocivo?

Aunque a la mayoría de las personas le molesta la realidad, ésta no desaparece: el alcohol es una de las drogas más comunes utilizadas por los adolescentes. Actúa como sedante del sistema nervioso y causa adicción severa. Sin embargo la actitud más frecuente de la familia hacia la bebida del joven es indiferente o permisiva. Muchas veces los padres les ofrecen a sus hijos bebidas alcohólicas con el pretexto de “que se acostumbren a tomar” en la creencia de que después no abusarán del alcohol. Grave error.

En la adolescencia los jóvenes comienzan a consumir alcohol entre los 14 y 16 años por varias causas: simple curiosidad, para integrarse a un grupo de amigos, como un ritual que los convierte en adultos o por la admiración a algún líder que bebe. Pero también consumen por problemas con sus padres, con los novios o en la escuela, sobre todo por el efecto estimulante de esta sustancia.

El uso de alcohol u otras drogas a temprana edad es un indicador de posibles problemas futuros de alcohol o drogas. Por poco que sea, el consumo de alcohol suele afectar el crecimiento y desarrollo normal del adolescente.

El beber, aunque sea una sola copa, puede perjudicar la capacidad de tomar decisiones, disminuir el tiempo de reacción ante cualquier situación y llevar a una variedad de conductas riesgosas, como actividad sexual precoz o sin precauciones, abuso físico o sexual, crimen y violencia o conducir en estado de ebriedad.

La prevención es el mejor tratamiento y los padres deben dar un buen ejemplo. Hay muchas formas de ayudar a resistir el consumo de alcohol en la adolescencia y entre las más importantes están: escuchar y contener al joven, ayudarlo a elevar su autoestima, conocer sus amigos, saber de qué tipo de salidas y reuniones participa y abordar el tema del alcohol frontalmente, comentando riesgos y peligros.

Si ya se ha manifestado el problema, el primer paso para resolverlo es no negar la evidencia, después solicitar ayuda especializada, tanto médica como psicológica, tomando en cuenta que debe participar la familia completa para apoyarlo. Lógicamente, es esencial separar al joven del ambiente en que se desarrolla su contacto con el alcohol, ya sean amigos, reuniones o clubes, ofreciéndole otras actividades que distraigan su atención.