Los años de la adolescencia son años de creatividad y ensayo. La ausencia de responsabilidades permite actividades exploratorias. Ahora bien, como todo emprendimiento nuevo, genera incertidumbre y dudas.

En un mundo cada vez más complejo, en el cual prevalece el “culto a la imagen”, los adolescentes valoran más la estética que ética; la popularidad que la verdad; la satisfacción del deseo y la búsqueda del placer inmediato, a los esfuerzos y la constancia por alcanzar los logros.

Transgredir las normas ha sido una característica de la adolescencia en todas las épocas, pero tal vez hoy sorprende la insensibilidad frente al otro y los actos de violencia que conllevan esas transgresiones adolescentes, y la capacidad de repetirlas una y otra vez incansablemente del mismo modo en que escuchan su canción preferida en su MP 3.

Hoy los adolescentes han encontrado nuevas formas de agruparse, formando verdaderas tribus con características culturales propias. Culturas adolescentes que están plagadas de símbolos en los cuales la influencia del mercado comercial es muy grande. Por ello adquieren elementos por su valor estético, es decir porque les gustan, sin considerar su valor simbólico, o aquello que representan.

Culturas adolescentes que tienden a construir modas, generando grupos y subgrupos que se diferencian entre sí por su manera de vestirse, el tipo de música que escuchan, la manera de peinarse, los lugares que frecuentan, los hábitos. En suma, por un estilo de ver la vida que los caracteriza.

Punks, rolingas, skaters, darks, pibes chorros, alternativos, floggers, entre otros son estilos de culturas adolescentes o tribus urbanas. Estilos que constituyen un fin en sí mismo, sin representación política, ideales sociales o ideología. Estilos que suponen también la apropiación de símbolos y máscaras que reafirman la pertenencia a un grupo y marcan límites con el resto de la sociedad.

En estas culturas de la adolescencia predominan las experiencias emotivas y sensoriales (lo corporal, lo táctil, lo visual, la imagen, lo auditivo, etc) Por ello no hay reflexión ética sobre si están bien o mal comportamientos como utilizar los blogs para acusar y difamar a sus compañeros de colegio, grabar a la profesora en la clase sin su consentimiento y luego sacar de contexto sus palabras para acusarla de cosas que no hizo, sacar fotos a los profesores y subirlas a distintas páginas de Internet, robar objetos a los profesores u otros compañeros de curso, repetir y repetir el mismo año del secundario en distintos colegios, etc., etc.

Experiencias como las indicadas no son objeto de la reflexión ética de muchos adolescentes, son sólo experiencias que les permiten pasar el momento de una manera más entretenida, sin esfuerzo, y por ello valen en sí mismas.

Ver a los adolescentes como insensibles, violentos, con miedos y odios, plantea preguntas sobre la situación que viven los adolescentes y sobre las vivencias que tienen esos adolescentes de esas situaciones de vida.

Estar con miedo, sentir miedo lleva a estar bloqueados, a someterse, a consumir drogas. Ser víctimas de violencia, lleva a reaccionar con más violencia. Por eso los accidentes, la criminalidad temprana, la competencia despiadada y los suicidios.

Podría seguir enumerando conductas adolescentes de hoy. ¿Cuál es el rasgo común en todas ellas? Los riesgos, pero no cualquier riesgo; sino el riesgo de vida que comprometen en cada uno de esos actos. Sumarse a algo porque “todos lo hacen” es la moda adolescente que lleva a confusiones y ocultamientos.

Adolescencia como momento de ruptura acompañado de angustia y fragilidad: hoy más que nunca porque está enmascarada bajo la idea de una etapa feliz, con cuerpos perfectos, y libertad sexual ilimitada.

Adolescentes solos sin contención por parte de los adultos.

Adultos adolescentes confundidos que no pueden contener ni organizar a otros.