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Vivir para el ser humano es convivir. De allí la importancia de las relaciones. La importancia del amor.
Cada uno de nosotros, somos lo que amamos. Por eso lo que todos esperamos en el fondo de nosotros mismos, es amar y ser amados.
Cada uno de nosotros somos esperados con amor. Esto es lo normal y sano. Todos nacimos esperados nueve meses, por lo cual esta actitud de espera es un componente fundamental de la psicología humana. Nacemos esperados y vivimos esperando.
Somos seres de tiempo: desde nuestro pasado hasta nuestro futuro, en el centro de nuestra vida, cada momento de nuestro presente está impregnado de espera.
Somos seres insatisfechos, es decir no suficientemente hechos. No somos un proyecto concluido. Por eso podemos vivir con la esperanza de ser más de lo que somos. Podemos esperar lo bueno, y así ser seres de esperanza.
El desesperado no es aquel que no espera nada, sino aquel que espera lo malo que no quiere. Desesperado es aquel que espera que suceda lo que le duele. Que espera lo malo y por lo tanto vive en el dolor de lo destructivo.
Muchas veces también podemos esperar lo irreal para evitar el dolor de lo malo. Esto es esperar la ilusión.
En este momento histórico que vivimos, todos tenemos amenazas permanentes para que la luz de nuestra esperanza se apague. Hoy es duro esperar y parecen ser más las razones para desesperar.
Para algunos, ya no hay nada que esperar.
Sin embargo como una semilla arrojada en el surco, esperamos el calor del sol, la humedad del agua, la mano del jardinero que saque las malezas. Es decir, esperamos el amor de los otros, el cuidado de los otros, y la convivencia en la espera de lo bueno.
Ahora bien, no debemos olvidar que del primer ser que necesitamos esperar y a quién pedirle ese amor, somos nosotros mismos. Necesitamos tener confianza en nosotros mismos y crecer en el amor a nosotros mismos, es decir en la autoestima. Esperar para nosotros mismos, esperar para crecer en nuestro yo interno, como personas.
Profundizando cada día nuestra autoestima, podemos profundizar también la espera de los otros. Compartir el amor y la espera que unos y otros tenemos mutuamente. Y así esperando para el otro generar la alegría compartida por la cual el bienestar del otro, me hace sentirme bien.
Profundizando el amor por nosotros mismos, podemos esperar pese al otro, es decir seguir esperando cuando el otro no se da cuenta de nuestra necesidad o de lo que le estamos brindando.
Para brindar amor, necesitamos esperar al otro. Podemos hacerlo con resignación o podemos esperar de una manera activa, luchando y comprometidos en la acción por el otro.
Recordemos que cuando damos amor a alguien, amamos a toda la persona que el otro es. Por eso esperamos a la persona que potencialmente vive en el otro. Esperamos a la persona que aún no es. Esperamos en el amor, supone la valentía de esperar pese a todo.
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