Las críticas al gobierno chavista de Venezuela llueven como perros y gatos y no es novedad. Pero sin ánimos de realizar un apología de los aspectos positivos del régimen socialista sui generis que propone el Presidente Hugo Chávez, me sorprendo de ver como renombrados autores latinoamericanos se preocupan solamente de resaltar lo negativo con un carácter de exclusividad. La simple lógica de mentes profanas y aficionadas como la mía nos indica que debe existir algo más..., un telón de fondo que contemple lo digno de crítica en este gobierno, pero también aquello merecedor de ser mencionado como un elemento significativo y de inédita reproducción en Suramérica: El Poder Comunal de las masas populares o, si se prefiere denominar de otra manera, el poder de la comunidad en general.

Con todas las imperfecciones de un proceso transitorio (para no usar el término revolución como cliché), son numerosos los cuestionamientos que podemos efectuar hacia la conformación un tanto a priori, aunque igualmente necesaria, del Poder Comunal en Venezuela, entendiéndose en una frase sencilla como la facultad reconocida y ampliada de la comunidad para ser la guía y proceso de sus propios destinos. Mi definición pretende de alguna forma trascender la lectura legal simplicista que muchos juristas tratan de arrojar con desprecio de la Ley de los Consejos Comunales promulgada hace ya pocos años, donde se ha tratado de reducir el rol de las comunidades en el manejo de recursos entregados por el gobierno nacional y nada más. Dicha interpretación obedece a un miope criterio jurisprudencial que no entiende desde su lógica de intereses capitalista como una comunidad, en efecto, puede ser capacitada con altos honores para desarrollarse, retroalimentarse y aplicar su intersticial "deber hacer" de las cosas que le competen a sus miembros o integrantes. No es mentira que los recursos que recibe y controlan las comunidades provienen en Venezuela de la administración pública y, más concretamente aún, de la renta petrolera todavía, ¿pero es que acaso la riqueza de las naciones no debería medirse en forma per cápita, toda vez que cada corpúsculo humano de la sociedad genere un producto con su trabajo y dedicación? ¿Cuál es el problema sin en principio el Poder Comunal sugerido por el gobierno de Chávez se alimente no de dádivas, sino de lo que a cada ciudadano corresponde por su participación en tanto miembro activo de su comunidad respectiva?

Comparto enteramente la idea de que las comunidades, así como lo hacen muchas ONG's europeas, puedan sumar ese aporte gubernamental con una política accionaria de autogestión y desarrollo endógeno. Sin embargo, ya mencionaba al principio de este artículo que la comunidad en Venezuela responde a un nuevo esquema de maduración casi inédita y en conflictivo proceso de transición nada fácil y muy complejo. Actualmente, las comunidades por intermedio de los Consejos Comunales resuelven, de conformidad con la ley, realizar contralorías sociales para garantizar la mayor transparecia posible en la inversión de los recursos en beneficio de todos los individuos integrantes.

Naturalmente, como en toda transición, las fuerzas vivas del status quo económico pudiente de Venezuela se resisten a aceptar esta idea de Poder Comunal que ya avanza y se puede ver materializado en múltiples ejemplos. Una burocracia enquistada tantos años en el poder político ya queda olvidada por su obsolescia, esto miestras la clase plutocrática del país observa con asombro y pánico como las comunidades y demás sectores populares se empoderan de mayor participación, protagonismo político y gestión financiera sin alcabalas fútiles, intermediarios concuspicentes o comisionados de pasarela.

No obstante, como cualquier otro poder, el de tipo comunal también es corrompible y puede degenerar (como ya de hecho está sucediendo en muchos casos) en foco de vicios y nuevas escalas de opacidad administrativa. Como yo lo veo, esto es causa de la imprudencia e inmediatez doctrinaria del gobierno de turno, pues muchas de las cosas no avanzan ni sobreviven con la buena fe o con cruda ideología política, sino que, además, se requiere de una permanente formación ética-ciudadana de la que la comunidad debe servirse obligatoriamente. Es simple: Quien desee atesorar, controlar, transferir, invertir o permutar recursos económicos y humanos de terceros tiene que someterse, sine qua non, a cursos éticos y profesionales, pues tamaña responsabilidad así lo reclama. Precisamente en este punto, de evidente y mayúscula importancia, es donde el gobierno ha fallado y también donde los grupos antagónicos construyen trincheras para el ataque desmedido, pero casi nunca para la crítica constructiva. Típico es del gobierno chavista crear las figuras jurídicas y las estructuras necesarias para su proyecto socialista, pero pasando por alto el significado que tiene la debida preparación de la gente para aprovechar estos nuevos instrumentos y plataformas de avanzada, por supuesto, la perversidad humana no se hace esperar y los geniales proyectos socialistas asoman tremendas fisuras. En ese sentido, pareciera que el gobierno asume con ahínco el lema que reza "echando a perder se aprende", no entendiendo los riesgos que implica llevar tal argot popular al campo de la planificación de la estrategia y el desarrollo nacional.

Lo más siniestro de todo es que habemos muchos que creemos en la idea del Poder Comunal, pero cuando hacemos los diagnósticos y sugerencias para enmendar ciertos errores que se están cometiendo, lo que recibimos a cambio es la execración participativa y acusaciones desproporcionadas ¿Acaso es mejor cerrar los ojos y pretender que todo anda bien?, ¿o que las soluciones llegarán solas y sin pre-aviso? Yo pienso que no. La democracia que se postula en nuestra Carta Magna nos da el derecho a disentir y de ser propositivos, pero muchos políticos de este gobierno no lo ven de esta manera y así se lo transmiten a las comunidades. Desde luego, resulta mucho más fácil despilfarrar los recursos de la República cuando el barril de petróleo se factura por encima de los 130 dólares americanos, pero lamento decirles a los nuevos profestas del desarrollo socialista que esta situación es pasajera y que, más temprano que tarde, tendrán que retornar a la verdadera planificación no populista.

A veces es triste notar como la comunidad se asalta y ultraja así misma, pero confío en que se trata de una fase perjudicial que podrá ser superada si atendemos el verdadero ideal del Poder Comunal: El crecimiento productivo eficaz de la comunidad, ya autocontrolado por sus propios beneficiarios.