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Las reflexiones que nos planteamos abordar en estos párrafos, a partir de la descripción de la categoría de Foucault “saberes sometidos”, y el abordaje que De Certeau realiza sobre la cultura popular mediante las nociones de táctica y estrategia, nos permitirán pensar la cultura popular no solo como resultado de una relación de poder y producción del mismo, sino como fruto que emana de las resistencias en las practicas cotidianas.
El hallazgo de esta visión nos permitirá resignificar la impronta de los saberes sometidos, ya que no solo se definen por ser los protagonistas de la opresión, sino por multiplicidades de actos que los constituyen como tal y que iremos desarrollando a lo largo de este trabajo.
Consideraremos que los disparadores por excelencia son los pequeños cambios que revalorizan las subjetividades en un contexto histórico donde los efectos del poder centralizador y los saberes históricos, se erigen a si mismos como el discurso dominante a partir del cual definen jerárquicamente los saberes.
A partir de lo expuesto, el eje de nuestro trabajo es preguntarnos los alcances y limites de la cultura popular como expresión de una resistencia al poder que cree ser totalizador de la cultura. Para ello, nos detendremos a reflexionar sobre la relación entre poder y resistencia, como así también repensar si las prácticas son constitutivas o constituidas por las grietas que se abren en las relaciones de poder.
Abordaremos la cultura popular como construcción genealógica y no científica, ya que tiene como objeto poner en juego saberes locales, descalificados, no legitimados, contra la pretensión teórica totalizadora de un conocimiento que se erige como único y verdadero.
Desde este punto, los saberes sometidos de la cultura popular son irruptivos y dispersos, definiéndose en contraposición a los saberes científicos totalizadores. Lo que todo el tiempo estará en juego es defender la subjetividad sin caer en una sobrevaloración de las resistencias, pero creyendo firmemente en el poder de resignificación que por esencia las compone.
Realizaremos una descripción de los conceptos utilizados por Foucault y De Certeau para luego introducirnos en el análisis que nos proponemos, para repensar el rol de las culturas populares como expresión del oprimido.
¿Por qué acercarnos a Foucault?
Nos resulta indispensable e ineludible abordar este trabajo haciendo mención a Michel Foucault, cuyo postulado sobre el poder representa la base teórica del análisis que nos proponemos, utilizando especialmente la categoría de “saberes sometidos” que desarrollaremos mas adelante.
En la teoría del poder Michel Foucault se plantea no solo la disciplina como uno de los mecanismos por excelencia, sino que avanza sobre las grietas que se abren desde la opresión.
El autor entiende los discursos como múltiples y conflictivos, de aquí que no es posible abordar una realidad social pensada de manera lineal, sino solo a través de sus intersticios.
Para Foucault las sociedades nunca se disciplinan, nunca terminan de disciplinarse. Los dispositivos de poder, entendidos estos como mecanismos tendientes a inducir las conductas, pautas de consumo, valores, creencias etc., se encuentran en un constante proceso de refinamiento, ya que nunca, por su propia definición y esencia pueden ser totalizadores. De aquí entendemos que son las grietas presentes en todo dispositivo las que posibilitan los espacios de fuga o antidisciplina.
La noción de biopoder es un eje fundamental en Foucault ya que da cuenta de la importancia de la estadística como herramienta que sirve para medir las conductas de la población, como así también sus pautas de consumo. En esta sociedad la cultura no escapa a ser vista como un índice más de consumo que habilita muchas veces la función masificadora y aglutinante. Este biopoder tiene como fin no la disciplina, sino la regularización de las conductas.
La permanente tensión entre opresor y oprimido, que da lugar a un momento en que las grietas son oportunidad de ocupar los lugares que alguien se apoderó para inducir las conductas, será retomada por Michel De Certeau en su trabajo “La invención de lo cotidiano”. De Certeau utiliza la cultura popular para explicar porque es una expresión de lo que Foucault denomina “saberes sometidos”.
El momento de la fuga que plantea Foucault en toda relación de poder, también será abordado por De Certeau para dar cuenta del consumo de las clases populares, y su rol en la creación de nuevas pautas. Las mismas se encuentran insertas en las prácticas cotidianas proponiendo una suerte de evasión a la vigilancia.
A raíz de lo ya mencionado podemos afirmar que el trabajo de Michel De Certeau esta basado en la teoría del poder planteada por Foucault, de aquí que consideramos imprescindible realizar una aproximación a su teoría para dar luego desarrollo al análisis que nos proponemos.
La cultura popular como expresión de los saberes sometidos
Los saberes sometidos que, según lo describe Foucault, son aquellos que a partir de la crítica, han puesto en cuestión los discursos de los últimos cuarenta años. Los mismos han sido definidos desde dos aspectos que en la práctica se entrecruzan. En primer lugar, hablará de los saberes sometidos como aquellos contenidos históricos que han sido enterrados o bien englobados dentro de sistematizaciones formales. Luego, resaltará como segundo aspecto que no sólo han sido enterrados por los saberes históricos sino que además tienen una connotación negativa, por la cual “se los descalifica como saberes no conceptuales, saberes insuficientemente elaborados: saberes ingenuos, saberes jerárquicamente inferiores” .
En estas últimas oraciones, nos resulta importante resaltar el rol de los intelectuales en la jerarquización de los saberes, como así también en el aporte que permite desenterrar, mediante la crítica, aquellas prácticas que por años han sido menospreciadas históricamente. Consideramos aquí que el desafío de los cientistas sociales, debería ser investigar los procedimientos mudos y minúsculos que organizan el orden político y social. Romper con la estructura de representación que se ha venido pensando para identificar que quienes hablan y representan, son hoy una multiplicidad. Esta visión nos ayuda a “....romper con el sometimiento de los saberes históricos y liberarlos, es decir, hacerlos capaces de oposición y lucha contra la coerción de un discurso teórico, unitario, formal y científico.”
La cultura popular, según la plantea De Certeau es vista en su doble rol no solo como consumidora, sino como productora de saberes.
De Certeau entiende a esta clase consumidora no como la ultima etapa de un proceso, sino como el inicio de otro. Estas categorías, basadas en el modelo capitalista de consumo, rompen con éste proponiendo que la etapa final no es el consumo en sí mismo, sino lo que los consumidores crean a partir de él.
El autor hace referencia a un momento de poiética oculta, ya que se encuentra disgregada en los sistemas de producción.
No todo acto de consumo implica una creación a partir del mismo. Entendemos por aquellos que solo consumen y no producen, a quienes van a la escuela y no participan de los programas, a quienes no hacen las leyes sino que las acatan. Estos últimos no serán quienes lleven a la luz los saberes sometidos.
De Certeau destaca en su análisis aquellos que a partir de las grietas que se abren en las relaciones de poder, son capaces de la poiética. Poiética entendida por la capacidad de responder a una producción racionalizada, expansionista y ruidosa, con otra producción que se muestra a partir de las maneras de emplear los productos impuestos por el orden económico dominante. Ejemplo de estas maneras de emplear lo impuesto es el que De Certeau comenta sobre la colonización de las etnias indias, quienes a pesar de su condición de dominados, no buscaron subvertir el orden impuesto a través del rechazo, sino desde su propia manera de acatar las leyes establecidas por los colonizadores.
Es éste un momento de creación, de subversión del orden, momento que se puede identificar en nuestras sociedades, aunque en menor grado, con el uso que los medios populares hacen de las culturas impuestas por las “elites” productoras del lenguaje.
Para desarrollar su postulado, De Certeau utilizó las nociones de táctica y estrategia, fabricación y consumo. “…el débil debe sacar provecho de fuerzas que le resultan ajenas. Lo hace en momentos oportunos en que combina elementos heterogéneos (…), pero su síntesis intelectual tiene como forma no un discurso, sino la decisión misma, acto y manera de `aprovechar´ la ocasión.”
La táctica, entendida como herramienta por la cual el débil saca ventaja del fuerte, su espacio de acción es el definido por el otro, se trata de aprovechar las fuerzas ajenas. La carencia de un lugar es la que define a la táctica, siendo ésta su máxima debilidad y a la vez su potencial condición de fortaleza. El resultado de la táctica es aprovechar la ocasión, lo inmanente se hace presente en esta definición que caracteriza a la cultura popular en acción.
La estrategia es, en cambio, la herramienta que utilizan las elites para determinar qué saberes serán considerados científicos. Es un lugar susceptible de circunscribirse como propio. Es el espacio que utilizara el poder para relacionarse con el exterior que intenta dominar.
Por ultimo definiremos la fabricación como resultado creador del consumo, posibilidad de apropiarse de los espacios que se crearon para dominar.
A partir de estas definiciones que realiza De Certeau podemos afirmar que su teoría advierte sobre los límites de la disciplina, destacando la incompletitud de cualquier estrategia de dominación. Así mismo, De Certeau nos propone un corrimiento de mirada que nos permite resignificar el espacio existente en toda relación de poder en las prácticas cotidianas. Estas prácticas no solo reproducen el status quo, sino que habilitan a pensarlas desde la productividad de las micro-resistencias que a partir de éstas se movilizan. Esto significa destacar la capacidad afirmativa, creativa y fundante de las mismas.
Podemos afirmar que ambos autores coinciden en que el poder se hace evidente a partir de la resistencia y que, los saberes sometidos son una expresión del postulado que sostienen. No estamos sobrevalorando la cultura popular como resistencia a los saberes establecidos, sino intentando dar cuenta de la infinita posibilidad que todo saber descalificado posee para subvertir o resistir en las diversas formas posibles.
Los limites de la resistencia
Tanto el poder como la resistencia están, en gran parte, definidos por sus límites.
Los mecanismos disciplinarios, si bien se encuentran introyectados en los sujetos, nunca son plenamente abarcativos. La subjetividad es constitutiva del hombre, de aquí que los límites sean susceptibles al cambio.
La estadística como una de las herramientas destacadas del biopoder es un límite constitutivo de toda resistencia y que a la vez potencia su accionar. El biopoder contiene como una de sus premisas potenciar la vida por todos los medios posibles y la cultura popular como expresión de los saberes sometidos, no se escapa de este circulo, sino que se opone dentro del mismo y por sus márgenes.
Los limites de las practicas de resistencia no están determinados, sino que se redefinen constantemente a partir de las grietas intrínsecas de los dispositivos de disciplina, y la fabricación como consecuencia del consumo que la cultura popular produce redefiniéndose a si misma. En estos conceptos podemos rastrear claramente la interrelación entre Foucault y De Certeau.
Mientras la estadística tiene como fin construir una cultura homogénea, que reproduzca el sistema establecido, deja afuera las operaciones heterogéneas de las cuales se vale la cultura popular para hacerse visible.
Podemos afirmar que los límites son, a pesar de la introyección que ha logrado el biopoder, no solo lo que su ontología define, sino también la posibilidad de que en los bordes de toda relación de consumo queda un espacio que permite que los saberes sometidos de la cultura popular sean reivindicados.
Los procedimientos populares juegan con los mecanismos de la disciplina que intenta homogeneizarlos. Estos se definen por la inmanencia, su carácter disperso en las prácticas cotidianas. Estas son las pequeñas resistencias que mencionábamos en las primeras líneas, y las queremos destacar como una manera de rastrear las subjetividades en un sistema que nosotros mismos reproducimos a diario y muchas veces lo aceptamos como legitimo refrendando el carácter opresivo que los distingue.
Retomando a Foucault este conjunto de características definen la construcción genealógica que nos propusimos a lo largo del trabajo, ya que no abordamos un proyecto empirista, sino que apostamos a poner en juego los saberes sometidos de la cultura popular contra la construcción teórica unitaria de una cultura homogénea.
La genealogía es un intento de anticiencia, y este trabajo se guió con esas premisas, intentando no dar a la cultura popular el carácter científico de los saberes establecidos en nuestra sociedad, sino reivindicando la insurrección de las múltiples verdades que coexisten en un mundo que parece tener la imperiosa necesidad de llegar a un discurso único y verdadero que revele a todos los hombres la verdad prometida.
Revalorar y no sobrevalorar
En estas líneas queremos mencionar porque consideramos que De Certeau no recae en una lectura incompleta de Foucault mediante la sobrevaloración de las resistencias.
A lo largo de su teoría, De Certeau destaca la posibilidad de resistencia desde las prácticas cotidianas en las maneras de hacer. No por ello niega el rol que los dispositivos de poder juegan en las mismas, facilitando que un sistema dado se reproduzca sin que se manifiesten resistencias. Consideramos que el autor no ignora esta lectura, sino que de cierta forma parte de la misma para hablar de las microresistencias de la cultura popular como saber sometido. De aquí que desestimamos las críticas que al mismo le realiza Paula Abal Medina en un artículo de la revista KAIROS, publicado por la universidad de San Luís en noviembre del año 2007. Hacemos una breve mención del mismo ya que, si bien su crítica no es un eje de este trabajo, la misma ha contribuido a nuestra decisión de hacer una correlación entre Foucault y De Certeau.
Con respecto a los limites de acción de la cultura popular como expresión de los saberes sometidos que intentan irrumpir en escena, creemos que los mismos no estas determinados, ya que toda relación de poder implica por esencia su incompletitud, por lo tanto su posibilidad de subvertir el orden establecido.
Por lo expuesto consideramos que De Certeau nos invita a revalorizar los actos de resistencias que se rastrean en las prácticas cotidianas, ya que a partir de ellas pueden desenterrarse los saberes sometidos. Diremos aquí que este jesuita, nos ha posibilitado conectarnos con lo más ínfimo de las subjetividades.
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