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El mercado de cambio argentino, a partir de la devaluación del 2001, consecuencia del agotamiento del modelo de paridad fija denominado Convertibilidad, se caracteriza por la participación del gobierno, por medio del Banco Central, para mantener un tipo de cambio entre ciertos parámetros, denominado de Flotación sucia.
Esto se debe a que es favorable para el país mantener un tipo de cambio determinado, para fomentar las exportaciones de productos, ya sean primarios como manufacturados o industriales. Esto con el objetivo de lograr el ingreso de divisas del exterior, que esto provoque una balanza de pagos favorable, y un superávit lo suficientemente importante como para cumplir con los compromisos de pago de la deuda externa argentina.
Es Martín Redrado, que siendo el presidente del BCRA y en conjunto con el Ministerio de Economía a cargo de Roberto Lavagna, quienes llevan adelante las políticas económicas y de cambio del país.
El BCRA mediante su intervención en la economía nacional, comprando y vendiendo divisas, establece un tipo cambio determinado que ronda en los $3 por cada unidad de dólar, en donde busca evitar la apreciación de la moneda nacional comprando moneda estadounidense, a lo que responde con la emisión de moneda nacional.
En estos años luego de la devaluación, se han emitido miles de millones de pesos, para aumentar la base monetaria y multiplicar las posibilidades de crédito en los Bancos.
De la política monetaria también es parte el proceso inflacionario que vive el país, en donde la capacidad de compra de la población, que se vio reducida por la devaluación, sigue aumentando a medida que los precios lo hacen, ya que el posible aumento salarial que tienen los trabajadores es mínimo en relación a lo que se redujo su capacidad de adquirir bienes y servicios.
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