En Sociedad > historia
Introducción
En el presente trabajo nos abocaremos a realizar un estudio de comparación y confrontación entre las visiones de José Gabriel Vazeilles, Juan Carlos Portantiero y Emilio de Ípola. La bibliografía a utilizar será: La izquierda argentina que no fue, capítulos 3, 4 y epílogo y Lo nacional popular y los populismos realmente existentes, respectivamente, textos que resumiremos brevemente antes de estudiarlos y que incluyen aspectos vinculados con la historia.
Los problemas a abordar tendrán como ejes temáticos al populismo y a los movimientos de izquierda, al tiempo que se incluirán también otros temas comunes a los dos textos: la referencia al peronismo, la cuestión de la tarea de los intelectuales, el maniqueísmo en la historia.
También tendremos en cuenta las visiones de Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero en Estudios sobre los orígenes del peronismo; Juan Carlos Portantiero en Economía y política en la crisis argentina: 1958-1973; y José Gabriel Vazeilles en Las ideas autoritarias de Lugones a Grondona e Historia argentina, etapas económicas y políticas 1850-1983.
1) La izquierda argentina que no fue . Una retrospectiva de la historia.
Capítulo 3
En este capítulo Vazeilles estudia la génesis de la izquierda nacional y sus raíces en el mito hispanista. Al igual que en los capítulos anteriores (tanto en el dedicado al socialismo como en el dedicado al comunismo), concibe al fenómeno de la izquierda como un pensamiento guiado por procesos dialécticos de maniqueísmo platónico. Éste, combinado con la erección de modelos y próceres locales contrapuestos a la historia oficial oligárquica y ubicados en el pedestal por la izquierda, da lugar a un “revisionismo histórico nacionalista” 1. Es decir que en la postura de Vazeilles, la “variación” experimentada en la izquierda nacional “revisionista” respecto de la izquierda tradicional, es tan sólo superficial: cambió en el nivel de los contenidos pero no en el de los modos profundos de ver y pensar. Cambió la sustancia, pero no la forma. La historia es la misma.
Un hecho claro repetido a lo largo de la historia política nacional fue la manera en que partido socialista y comunista actuaron frente a los populismos: siempre se ubicaron a su derecha, vilipendiándolos, más cerca de la oligarquía (aunque por supuesto los populismos no son garantía de “lucha” contra la oligarquía, como pasó en la Argentina). La interpretación de Vazeilles sobre la izquierda nacional explica el accionar ideológico de ella: tomando el explicado e indiscutible hecho real mencionado, las izquierdas terminaron sobrevalorando a los populismos, “como si el nacionalismo antiimperialista fuera intrínseco a su naturaleza y no un resultado que deberían probar en la lucha, cosa que estuvieron lejos de hacer” 2. Las supuestas izquierdas “ordenadoras de la sociedad” y anti – hegemónicas se dejaron embeber por quienes pretendían mantener el poder sobre las masas. En ese sentido, dos movimientos de la historia que en los supuestos se presentaban como revolucionarios, anti-oligárquicos; como llamados a ser quienes levantarían al país en distintos momentos históricos “(...) no sólo evolucionaron hacia la integración a la estructura dependiente y oligárquica sino que intentaron anular toda corriente que pretendiera reverdecer y reactivar sus banderas de lucha, mediante una represión subordinada al primero [el radicalismo] pero cruenta en el caso del peronismo” 3. Tal es la idea fuerte de la que se vale Vazeilles para criticar a los populismos: que pregonando estar cerca del “pueblo”, se alejan cada vez más de él, acercándose a ideas oligárquicas y alineándose en definitiva con su modo de pensar (Perón no tuvo problemas en exhibir su derechismo en su último gobierno sobre todo, tampoco vaciló en reprimir cuando fue necesario; Yrigoyen nunca dudó en asesinar obreros en los años 19-20-21, de la mano de la Liga Patriótica).
Los intelectuales de la historia de la izquierda nacional citados por Vazeilles en este capítulo como emblemas son Rodolfo Puiggrós y Juan José Hernández Arregui. La obra de Jorge Abelardo Ramos es estudiada en el capítulo 4. En el presente capítulo, el autor critica tanto la visión “revisionista” de Puiggrós (con claros errores de concepción histórica), como la justificación de Hernández Arregui de la Inquisición española. En ambos casos el hispanismo juega un papel importante ya que es el lado “bueno” del maniqueísmo por ellos construido. Como ejemplo puede citarse un pasaje citado por el mismo Vazeilles, que muestra claramente el error de Hernández Arregui en su viaje por consagrar el imperio español al escalón más alto del Olimpo:
“De las naciones de Europa, ninguna como España escaló tan arriba las cumbres del esplendor universal. Pero se generalizó un siglo – el XIX – que encorva el destino de España a toda su historia europea. Al mismo tiempo, pero con signo inverso, al posterior poderío inglés (...) se lo hipostasió en superioridad civilizadora de los anglosajones. Asistimos hoy a la declinación de ese poder, sin duda sobresaliente de Inglaterra, pero nunca tan grandioso como el que congregó España” 4.
De la errada visión de Hernández Arregui surgen interrogantes que son difíciles de contestar: ¿qué significa “esplendor universal”? ¿Cuál es el crecimiento español, haber saqueado las minas sudamericanas, como Potosí? Indudablemente, su pensamiento maniqueo terminó por configurar una historia construida a gusto y piacere para justificar su defensa apologética del imperio.
Por último, se hace referencia a Mario Roberto Santucho, quizás último bastión de oposición al peronismo en la historia, quien a pesar de haber caído bajo las redes del maniqueísmo hernandezarreguista, “no tenía ninguna confianza en el gobierno peronista y (...) tiene el mérito de haber muerto luchando contra la represión de derecha” 5. Error recurrente de las izquierdas: luchar bajo esquemas maniqueos de falsas representaciones. De aquí la derrota (esperemos que sólo momentánea), de todo intento por construir una verdadera “contrahegemonía” – en el sentido de Gramsci – . Hoy sólo disponemos de pequeñas trincheras: resistencias que poco nos pueden ofrecer como alternativas reales.
Capítulo 4
Vazeilles establece un parentesco intelectual entre Jorge Abelardo Ramos y José Aricó. Teniendo en cuenta la divergencia de ideologías entre uno y otro, el autor sostiene que existe una semejanza entre la construcción intelectual de cada modelo, identificado Ramos con el peronismo, y Aricó con el radicalismo. Otra similitud que marca entre los autores, cuyas obras son cerradas, consiste en que ambos construyen “una pintura apologética que compone un cuadro intelectual que reemplaza la historia real” 6. Dicha pintura se basa más en artilugios literarios que en la presentación fehaciente de la historia. En cada caso es posible advertir el mismo procedimiento utilizado por Hernández Arregui (atenuado en el caso de Puiggrós por su “eclecticismo”): se erigen figuras sin importar las implacables pruebas de la historia. Y en tal caso, y quizás anticipándonos a la conclusión de nuestro trabajo, vale preguntarse: ¿estamos hoy ante una situación similar? ¿Es esta carencia de visión crítica de la historia causa de la debilidad de algún movimiento opositor?
La obra citada por Vazeilles para ejemplificar el pensamiento de Jorge Abelardo Ramos es Revolución y Contrarrevolución en la Argentina. En cuanto a Aricó, la obra tomada es La hipótesis de Justo. En este capítulo también hay una fuerte crítica al peronismo y sus seguidores intelectuales, que creían estar “por encima, en lo teórico, de Smith, Ricardo, Montesquieu, Rousseau (...) por dar algunos pocos nombres, algo que sin temor al ridículo algunos afirmaban a fines del siglo XX”. 7
A partir de estas consideraciones podemos adentrarnos directamente en la obra de Ramos, tomada por Vazeilles para describir el seguidismo al peronismo, que se vale de la figura del “neomaniqueísmo sincrético” para explicar la construcción teórica de Ramos. Éste “sincretizó la tradición de izquierda, en cuanto a proponer otros arquetipos universales de la civilización, con la del revisionismo histórico, en cuanto a proponer otros próceres patrios verdaderos, de nuestra historia, centrándose particularmente en ellos pero sin olvidar aderezos proletarios, socialistas, leninistas y trotskistas”. 8 Este elemento es hoy bien visible en cada actor político que reivindica su orientación por estar apoyada en una sumatoria de teorías o posturas y que por ello debe ser aceptada: falacia surgida de la idea de que lo mucho es siempre bueno.
Nos resulta interesante comparar el pensamiento de Vazeilles con lo expresado en el Manual de zonceras argentinas, de Arturo Jauretche, publicado por primera vez en 1968. El primer paralelismo notorio consiste en el odio encarnizado hacia el maniqueísmo en general y en particular a dos falsos binarismos: “civilización y barbarie” y “extranjero y nacional”. En estos términos, la crítica, tanto en un autor como en el otro, se dirige a los falsos próceres que pregonaban que “civilización” era sinónimo de europeo, extranjero, como modelos sublimes y excelsos de la humanidad; en detrimento, por supuesto, de lo “bárbaro” y “nacional”. En el caso de Jauretche, el blanco elegido casi con exclusividad es “el padre del aula”, el hombre que en épocas de escuela primaria es un semi-Dios. En la que él denomina “zoncera Nº1”, el desprecio hacia Sarmiento no es ocultado: “(...) Esta zoncera madre es Civilización y barbarie. Su padre fue Domingo Faustino Sarmiento, que la trae en las primeras páginas de Facundo (...)” 9 En el caso de Vazeilles, la crítica es más bien general y engloba a toda una caterva de pensadores nacionales pregonadores de hispanismo. Entre ellos, podemos citar a Vicente Fidel López, citado por Vazeilles en Las ideas autoritarias de Lugones a Grondona: “(...) no cabe duda que [el] sistema de gobierno implantado por España en sus colonias era admirable, benigno y digno de ser tratado con sumo respeto” 10. La misma idea es reafirmada en La izquierda argentina que no fue:
“(...) la ideología y la cultura dominantes en la Argentina son preliberales, conforman una visión del mundo de raíz platónica, cuya estructura es teológica y maniquea, aunque los contenidos con los que confirma su lugar celeste tengan apariencia mundana y moderna. Los nombres con los que se han validado los arquetipos sagrados han girado alrededor de la ‘civilización’, a la que después se le han ido agregando ‘occidental’ y, a veces, ‘cristiana’ y los pecados de barbarie que complementan la dualidad: la inferioridad racial, el plebeyismo, el populismo, el anarquismo, el comunismo, etcétera”. 11
Teniendo en cuenta tales consideraciones, es posible establecer una similitud entre los maniqueísmos mencionados en Sarmiento y Vicente López (como ejemplos), y las posturas de Ramos y Aricó. En este sentido, Vazeilles le critica a Ramos el modo en que desarrolla su “revisionismo histórico”: narra una historia que se contradice con los hechos reales, empíricos, que sucedieron. La tergiversación de la historia no parece ser un problema para Ramos, ya que éste escribe para lectores que probablemente jamás se preguntarán por la verdad de los cuadros que pinta. Simplemente necesitan que alguien les diga cuál es el Dios, y cuál el Demonio. En esa imagen de Dios está ubicado, por caso, Roca, y en el infierno el radicalismo 12.
Es interesante observar cómo la disparatada visión de Ramos critica, por un lado al librecambismo que supuestamente alteró la vida del gaucho, y por otro glorifica a Roca y su “conquista del desierto”. Queda claro que el único objetivo es pintar apologéticamente personajes con trazos de bonhomía. En este sentido se orienta la fuerte crítica de Vazeilles a la postura abelardorramiana, que lejos de ser una búsqueda de luchar por la justicia social es un apoyo más al imperialismo:
“obviamente, si Ramos hubiera estado en verdad en la tarea de construir una izquierda independiente (...) debió asumir la franqueza rebelde interna de Cooke como hecho relevante (...) y en lugar de ocultarlo, mencionarlo en lugar preferencial” 13.
John William Cooke, después de todo, pertenecía a una de las voces más reaccionarias frente al peronismo.
En el caso de Aricó, el procedimiento utilizado en La hipótesis de Justo para la construcción apologética de personajes y la revisión invencionista de la historia es el mismo que el utilizado por Ramos. Y el método de demostración de que se vale Vazeilles para justificar tal aserción es también idéntico – por cierto, muy efectivo: citas textuales de fragmentos de la obra, comentadas, explicadas y expandidas con precisión.
Epílogo
La conclusión general que esboza Vazeilles en el epílogo retoma dos cuestiones a superar: la veneración de figuras, símbolos o tradiciones por un lado y las identidades sectarias por el otro. De esta manera, “‘la izquierda que no fue’” podrá lograr, en definitiva, avanzar hacia la disolución de tales veneraciones estancas, conformando un proceso “fundacional o refundacional”14. En este proceso, vale interrogarse sobre el presente para pronosticar el futuro. Y el presente que vemos es realmente poco alentador. Izquierdas multiplicadas por mil se acopian en el espacio universitario para “luchar en contra del sistema”. En esa lucha, cada grupo (sería difícil enumerarlos), se presenta como la mejor alternativa para vencer a las clases dominantes – muchas veces apelando al maniqueísmo que utilizaban unitarios y federales – . ¿No será acaso, mejor, pensar una unión que reconfigure el accionar político? Es esta la aspiración de Vazeilles, que desesperanzado por las posibilidades reales del presente de que la “izquierda” se una formando un frente de oposición no maniqueo, afirma:
“espero que la poesía del porvenir que se vaya haciendo presente histórico a medida que avancemos nos ayude a sostener un diálogo fraternal en medio de diferencias y debates, superando la esterilidad del sectarismo y los silencios cómplices, que sean enterrados por el entierro de los muertos que oprimen nuestros cerebros vivos.” 15
Evaluación
La metodología utilizada por el autor para manifestarse en contra de los movimientos de izquierda en la historia, tanto actuales como pasados, es interesante y certera. Al ser la obra una crítica del aspecto ideológico de los denominados movimientos de izquierda (socialismo, comunismo, seguidismos), es atinada la elección de las citas bibliográficas tanto para justificar lo dicho como para utilizar a modo de disparador para esbozar explicaciones. Este método es constante a lo largo del libro y no por ello menos acertado: no hay mejor manera de cotejar los dichos que con las fuentes.
Por otra parte, vale también decir que la línea seguida a lo largo de los capítulos es coherente con la propuesta misma: nunca se deja de lado el leiv-motiv, que consiste en mostrar el maniqueísmo vigente que las izquierdas han heredado de las nefastas oligarquías que han gobernado el país a lo largo de la historia, para superarlo.
2) Lo nacional popular y los populismos realmente existentes, Emilio de Ípola y Juan Carlos Portantiero.
El texto propone como tesis central una ruptura ideológica y política entre populismo y socialismo. Por otra parte, el surgimiento de los populismos no se debe a la culminación de un desarrollo determinado sino a la emergencia de una alternativa frente a una crisis estatal, en la cual el populismo aparece como alternativa frente al bloque dominante. En este sistema, estado y masas interactúan retroalimentándose. Como particularidad populista, es mencionada la característica de que el estado, en ese caso, pretende ser reemplazado por uno nuevo, personificado; a diferencia del socialismo, que pretende su abolición, y lo ha hecho a lo largo de la historia. 16
Para explicar el modo de interacción del populismo, Ípola y Portantiero utilizan dos ejes: por un lado, el sector dominante, al que denominan “nacional-estatal” (el estado como forma de poder), y por el otro, el sector dominado, al que denominan “nacional-popular” (la sociedad), en el sentido de Gramsci: nacional-popular como relación entre intelectuales y masas. De fuerte impronta marxista, el texto también retoma otro concepto gramsciano: el de hegemonía, afianzado también en las prácticas nacional-populares, puesto que en la cultura se produce lo nacional-popular; es en el folklore donde encontramos residuos de la cultura oficial; aún en las resistencias o contrahegemonías están presentes características de lo hegemónico.
Por otra parte, se plantea el conocido problema de la alteridad entre intelectuales y pueblo: lejos de aliarse con prácticas populares o con el pueblo, los intelectuales reproducen prácticas hegemónicas. Esto se debe a que no comparten experiencias reales con el pueblo. La conclusión a la que arriban los autores y que dejan como propuesta para un socialismo como oposición a la hegemonía es que la solución consiste precisamente en que los intelectuales se comprometan realmente con el pueblo, sin desligarse de sus experiencias. “(...) tal es la única alternativa que (...) aparece como válida para la construcción de un proyecto democrático y socialista.” 17
Evaluación
El texto es una interesante recuperación de conceptos gramscianos, en tanto que son funcionales para explicar movimientos populistas, tales como el peronismo en nuestro país. Dichos conceptos son aplicables para explicar tal fenómeno, puesto que la teoría gramsciana es sociológicamente rica y cuadra perfectamente con los movimientos de masas que se han dado en la práctica. El mérito más importante de Ípola y Portantiero es reivindicar un concepto que en general connota significado negativo: es precisamente la idea de lo “nacional-popular”, presente por supuesto en la teoría elaborada por Antonio Gramsci, y que suele ligarse al nazismo y al fascismo. La reivindicación consiste simplemente en afirmar que lo nacional-popular no es más que lo que Gramsci denominaba folklore: la cultura del pueblo, retrabajada por la hegemonía y vuelta a metabolizar. Aquí reside el mérito.
3) Confrontación de modelos de análisis de la historia
A los fines de la comparación entre los esquemas de Vazeilles y Portantiero, tomaremos en cuenta además de los textos resumidos, las ideas volcadas en Estudios sobre los orígenes del peronismo, de Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero y Economía y política en la crisis argentina: 1958-1973, de Juan Carlos Portantiero.
A pesar de las diferencias entre uno y otro texto (Vazeilles y Portantiero e Ipola) puesto que sus metodologías, sus objetivos, son disímiles; presentan ciertas semejanzas temáticas. En ambos textos (en forma implícita o explícita), es analizado el papel de los intelectuales (y su relación con las masas), el peronismo; en ambos existen hilos conductores constantes en el desarrollo textual (Platón en el primero y Gramsci en el segundo) para dirigir críticas o apoyar teorías. En dichas consideraciones es necesario tener en cuenta una idea que aparece en el mencionado texto de Economía... de Portantiero que consiste en la incapacidad de las clases dominantes de la Argentina de construir un verdadero orden estable. Idea por demás clave en toda obra de Vazeilles, incluida, claro está, La izquierda argentina que no fue.
a) Los intelectuales y el campo político
Respecto del papel de los intelectuales en la sociedad, tanto Vazeilles como Ípola y Portantiero ven una carencia en cuanto al desempeño de sus roles. Si bien el primero toma casos particulares (Ramos y Aricó como excluyentes), y los segundos hablan en general de “los intelectuales”, la visión es similar.
Vazeilles observa una continuidad entre los intelectuales adeptos al comunismo, el socialismo, y la izquierda nacional. Tanto Codovilla y Repetto (capítulos 1 y 2), como Ramos, Aricó, Puiggrós y Hernández Arregui, presentan según el autor esquemas de pensamiento con validación maniquea. Es decir, que independientemente del contenido de cada una de las obras analizadas, lo que se enfatiza es la coincidencia en la manera de establecer “dioses” por un lado y “demonios” por el otro. En los capítulos que nos ocupan, la postura seguidista al peronismo de Jorge Abelardo Ramos y la postura seguidista al alfonsinismo de José Aricó son idénticas en ese sentido. Ambas apoyan una idea que se manifiesta como única posible, como portadora de la verdad, en detrimento de la otra.
A modo de ejemplo ilustrativo, podemos citar a Ramos, que critica al radicalismo y la revolución del 90: “La contrarrevolución del 90 fue la réplica oligárquica, con sus inevitables aliados de izquierda, a la revolución del 80 realizada por el nacionalismo democrático y la nueva generación. Es de alto interés histórico y político saber quiénes financiaron el golpe: aun en nuestros días se pretende fijar en esa fecha el acta de nacimiento del radicalismo y de la democracia moderna.” 18
Es notorio el procedimiento utilizado por Ramos: pondera la década de 1880, tal vez más infame que la llamada “década infame”, y denuesta la importancia del movimiento que, independientemente de estar de acuerdo o no con sus ideas, constituyó la formación de lo que posteriormente sería la Unión Cívica Radical. Este modus operandi se repite en todos los autores mencionados, cambiando el contenido pero no la forma. Otro rasgo reiterativo consiste en la relevancia de dichos personajes en el plano político-social. En relación con este tema, Ípola y Portantiero analizan la tarea de los “portadores de cultura crítica”, que lejos de ejercer su acción contrahegemónica necesaria para toda sociedad fueron siempre funcionales al sistema.
El problema que vislumbran Ípola y Portantiero es la “alteridad” existente entre los intelectuales y las masas. Esta alteridad consiste en que los primeros se encuentran alejados de los problemas reales de los segundos. Por una cuestión de origen social, los intelectuales “(...) no podían sino expresar los prejuicios ideológicos de unas clases medias o de una pequeña burguesía no menos alejadas de esas experiencias y refractarias a ellas” 16. De esta manera se crea la “imagen satánica” del “intelectual-abstracto-pequeño-burgués-de-izquierda”. Considerando esa alteridad subyacente en la relación intelectuales-masas, la relación que se termina cristalizando es la misma que se establece entre factor de poder dominante (en este caso, peronismo) y sujeto dominado (masas): una relación de sometimiento. Siguiendo la línea de los autores, esta relación es un problema que debe afrontarse, porque es “reprimido y borrado”.
Para dejar en claro que la opinión respecto del papel de los intelectuales no difiere en líneas generales de Ípola y Portantiero a Vazeilles, hay una idea esbozada en Lo nacional popular y los populismos realmente existentes, que es posible encontrar tanto en La izquierda argentina que no fue como en otras obras de José Gabriel Vazeilles (Las ideas autoritarias de Lugones a Grondona; Historia argentina, etapas económicas y políticas 1850-1983): el carácter europeizante de los intelectuales. Éste implica una exaltación del hispanismo, defendido desde la oligarquía en contra de lo “criollo”, como critica Vazeilles a Carlos Octavio Bunge o a Ramos Mejía en Las ideas autoritarias...19, por citar unos ejemplos. Esta idea también aparece, por supuesto, en La izquierda argentina que no fue: los intelectuales de izquierda son criticados, precisamente, por seguir a rajatabla los preceptos de la II y III Internacional, cuyo eje consiste en la oposición binaria civilización – barbarie. Método por demás errado: estando en democracia, no podemos pretender manejarnos con polos. así no funciona la historia.
b) Hilos conductores
En ambos textos es claramente visible la presencia de un elemento alrededor del cual gira el desarrollo de las ideas. En el caso de Vazeilles, dicho elemento consiste en la mención del maniqueísmo platónico como esquema de pensamiento común a las diferentes corrientes de izquierda. Al rescatar tal maniqueísmo el autor critica severamente las distintas teorías de los “intelectuales de izquierda”, que se apoyan, consciente o inconscientemente en las valoraciones de bueno-malo, civilización-babarie, propias del platonismo. Por lo tanto, el hilo conductor es aquí una idea constante a la cual el autor se opone explícita y permanentemente, criticándola en cada aparición.
En cuanto a Ípola y Portantiero, la idea-eje será la teoría del italiano Antonio Gramsci, sustentada en el concepto clave de hegemonía y lo nacional popular y que es tomada, a diferencia de Vazeilles, para darle forma al texto. En otras palabras, los autores retoman la postura gramsciana, la utilizan como válida y alrededor de ella construyen su propia postura, claramente opuesta a ciertas posturas “corrientes”. Aquí, el eje funciona como apoyatura básica del texto, como disparador para la comprensión y el análisis de factores históricos, como el socialismo y el peronismo. Por otra parte, los conceptos de Gramsci son utilizados para exponer lo que para Ípola y Portantiero debería ocurrir en la sociedad (por ejemplo, que los intelectuales se ubiquen en contra de la hegemonía y junto al pueblo, que sean realmente portavoces de contrahegemonía, de intereses populares), y no ocurre.
c) Abordaje del peronismo
Antes de referirnos al peronismo como un movimiento de masas, debemos introducir el concepto de populismo. Éste implica una situación de manipulación de las masas por parte de un líder carismático, que genera la ilusión de participación política en ellas. Esta participación es sólo ilusoria, ya que el líder nunca satisface los intereses legítimos de la clase trabajadora. En el populismo, entonces, un gobierno autoritario es apoyado por la clase obrera, desviándose así del modelo clásico de orientaciones de clase, en el cual los trabajadores apoyan gobiernos progresistas, sean revolucionarios o reformistas.
El peronismo, indudablemente, contó con el apoyo masivo de las masas populares. Si consideramos que el gobierno de Perón surgió a partir de un proceso que comenzó con el golpe de estado de 1943, estamos ante una clase obrera que apoyó a un gobierno autoritario. A su vez, este gobierno otorgó canales de (ilusoria) participación política a la clase trabajadora. Este aspecto es analizado en Lo nacional popular y los populismos realmente existentes, de Emilio de Ípola y Juan Carlos Portantiero, desde un ángulo que se centra en la figura del líder carismático esbozada por Gino Germani. En esta concepción, son el discurso y el carisma del líder los que ganan protagonismo en la escena política. Sin quitarle importancia a las masas, el texto recorre permanentemente las palabras de Perón y la influencia carismática del “indiscutible jefe” sobre el pueblo. “Los elementos ‘nacional-populares’ figuraron efectiva y eficazmente en la ideología del peronismo (...) insertados en los marcos estrictos de una lógica que llevaba, en última instancia, a depositar en el poder estatal, y particularmente en el de su jefe máximo, la ‘palabra decisiva’” 20. En este sentido, los autores toman a Althusser para dar cuenta de la importancia del líder: éste constituye al estado, lo corporiza, y a través de él somete a las masas populares que previamente ha constituido como sujeto bajo la denominación de pueblo. En esta operación se cristaliza la ilusión de participación política típica de un populismo, como lo hemos definido anteriormente. De esta manera, en el texto de Ípola y Portantiero se considera al peronismo como una forma de populismo de la historia.
Es interesante señalar la diferencia de esta concepción con el modelo planteado diez años antes, en 1971, en Estudios sobre los orígenes del peronismo¸ de Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero. En este modelo, la que es puesta en cuestión es precisamente la teoría de Gino Germani acerca de “los cabecitas negras” y su condición de “masa manipulable” por el líder a través de su carisma. En esta tesis, citada por Murmis y Portantiero, los obreros son divididos en “viejos” y “nuevos”, siendo éstos los migrantes de zonas rurales hacia la ciudad, heterónomos y con la necesidad de obtener una satisfacción de tipo emotivo 21. La postura desarrollada por Murmis y Portantiero se opone a esta idea, proponiendo una solución de continuidad entre obreros “viejos” y “nuevos”: el sindicalismo es tomado como protagonista en la situación política y también como elemento presente antes, durante y después del gobierno peronista. Esta tesis, que cambió la visión corriente sobre la constitución del peronismo, concluye que el movimiento que comenzó a gestarse en la revolución de 1943, a pesar de su autoritarismo, fue un gobierno que satisfizo los intereses de la clase trabajadora y que en ello residió su triunfo. En otras palabras, el peronismo no podría ser considerado estrictamente como populismo.
En La izquierda que no fue, de José Gabriel Vazeilles, el fenómeno del peronismo es abordado desde una perspectiva radicalmente distinta. En primer lugar, porque la valoración de tal fenómeno es diferente: mientras en el caso de Murmis y Portantiero e Ípola y Portantiero se deja ver cierta consideración positiva acerca del movimiento, en cuanto a la experiencia nueva de comunicación y satisfacción de intereses del líder para con la masa, Vazeilles lo concibe como algo absolutamente negativo y nefasto en la historia de la Argentina. En segundo lugar, es necesario distinguir la manera de abordar el peronismo, puesto que Vazeilles se centra no tanto en describir y explicar tal manifestación sino que critica la postura de quienes lo siguen, ya al peronismo, ya al radicalismo (ambas experiencias populistas), postura que denomina “seguidista”. En este plano, como fue detallado inicialmente, destacan las obras de Jorge Abelardo Ramos y de José Aricó. Al ser distinto el objeto de estudio, el problema del peronismo funciona como medio para criticar las posiciones de izquierda que lejos de comprometerse para subvertir el sistema u orden social terminan siendo funcionales al bloque hegemónico dominante, sincretizándose con la oligarquía tradicional y sus esquemas maniqueos para ver la historia.
d) Valoración del peronismo
La postura de Ípola y Portantiero presentada en el texto sobre populismo se condice en algún aspecto con el esbozo realizado por Juan Carlos Portantiero en Economía y política en la crisis argentina: 1958-1973, en donde se valora al peronismo como experiencia política positiva, a pesar de sus limitaciones. Si bien el segundo texto se centra en lo que refiere a lo económico y el primero lo hace más en cuanto a lo social, las perspectivas son asimilables en ese sentido. Ambas consideran positiva la experiencia peronista, en tanto experiencia populista y de comunicación con las masas. Como afirma Portantiero:
“Durante 10 años, el peronismo había conseguido dar expresión política coherente a una etapa de desarrollo de la sociedad argentina. A partir de su caída, ninguna experiencia gubernamental logró satisfacer los requisitos mínimos necesarios para sostener un Orden estable. Faltó desde entonces (...) una ecuación política capaz de articular a la sociedad con el Estado, de establecer mecanismos claros de exclusión y de recompensa, de fundar, en fin, una legitimidad reproductora del sistema, basada en la fuerza y también en el consenso”22.
Ípola y Portantiero, por su lado, afirman: “Nos gustaría remarcar la valoración histórica positiva que tenemos respecto de los populismos latinoamericanos. En casi todos los casos significaron una puesta en marcha de procesos de cambio de hegemonías ‘oligárquicas’ a través de lo que podríamos denominar un ‘transformismo progresivo’. Nuestra intención no es descalificar esas experiencias sino simplemente señalar que entre ella y el socialismo (al menos tal como lo entendemos), no hay relación lineal de continuidad. Los populismos históricamente más avanzados estimulan ciertamente el ‘espíritu de escisión’ de las masas, pero para montar sobre él una recomposición transformista.”23 Está clara la relación estrecha entre una y otra postura. Y si bien no podríamos afirmar que Portantiero e inclusive Ípola defienden o apoyan al peronismo – máxime considerando que Portantiero fue miembro del partido comunista – sí podemos considerar que en ambos casos el molde populista es aceptado (sobre todo en el texto de Ípola y Portantiero). Y es aquí precisamente donde puede advertirse, como fue anticipado en el punto 3, un corte con la postura esbozada por José Gabriel Vazeilles en La izquierda que no fue. En ningún momento el movimiento encabezado por Perón es visto como algo positivo en la historia.
e) El peronismo maniqueísta
Una profunda postura crítica frente al maniqueísmo podemos encontrarla en Las ideas autoritarias de Lugones a Grondona, de José Gabriel Vazeilles. En él, la concepción platónica del mundo es citada como idea que aún pervive hoy en casos como Mariano Grondona. La visión platónica establece un mundo guiado por binarismos donde no existen los términos medios. “Tal dualismo, que en Platón ya establece la primacía de lo divino sobre lo mundano y la del alma sobre el cuerpo, ejes principales de la teología cristiana, implica un maniqueísmo básico de bien y mal, luz y tinieblas, que a través de la consagración y la condenación considera cerca del bien, la luz y la salvación a las clases ociosas y dominantes de la sociedad, mientras las clases bajas están afectadas por la suciedad y las fatigas del trabajo, no ven la luz, son proclives al pecado y la condenación”.24 En la misma dirección es analizado el aparato discursivo-ideológico del peronismo en La izquierda argentina que no fue. Siguiendo la línea de pensamiento esbozada a lo largo de la misma, el esquema maniqueo de “dioses-demonios”, es criticado tanto en este texto como en el ya citado de Ípola y Portantiero, a partir de la fórmula pregonada por el general “amigos-enemigos”, al igual que la idea peronista de eliminar a la política de la sociedad, situándola bien lejos del cielo. Citando a Ípola y Portantiero: “Fue en fin el propio caudillo quien atribuyó siempre (...) un carácter disociador, negativo y a veces casi mefistofélico a la política y recomendó sistemáticamente a las masas populares y a las organizaciones sindicales el desterrarla de su accionar y de sus estructuras.”25 Vazeilles, por su lado, embiste con fuerza en el epílogo contra la operación típica de ubicar a ciertas figuras en el Olimpo, conllevando un maniqueísmo implícito donde esos emblemas se oponen a todos los demás seres del universo. “(...) una identidad política e ideológica no se reduce a la veneración de figuras, símbolos o tradiciones, pero ella es parte de su constitución”26. Tal es el error de quienes votan a Kirchner (o lo que es peor a Carlos Menem), creyendo que es Perón o de quienes afirman que el justicialismo está vigente porque Evita está en sus corazones. Tal el problema de posturas “de izquierda” que se apoyan fervientemente en la “pervivencia” de una figura nefasta como Stalin – por ejemplo – , creyendo que él (¡justo él!) – era comunista o revolucionario.
f) Incapacidad oligárquica
La cuestión de la clase dirigente en la Argentina es una constante a lo largo de toda la obra de Vazeilles (veáse también Historia argentina, etapas económicas y políticas 1850-1983 y Las ideas autoritarias de Lugones a Grondona). En términos generales, el autor aporta una visión realmente crítica sobre tales clases, caracterizadas por su “estrechez mental”, ligadas siempre a la oligarquía. En esa concepción, la oligarquía se rige por esquemas maniqueos donde lo europeo es lo bueno y lo “criollo” es lo malo; donde aquello es la civilización y esto la barbarie. “La miseria ideológica y política de los grupos que lograron ubicarse en la cúspide de la sociedad, una sociedad en la que la combinación de constituirse sobre un territorio rico y poco poblado con el ingreso al proceso de modernización daba claras posibilidades de desarrollo autónomo, es la clave central de su desaprovechamiento y del reiterado fracaso argentino” 27 (el subrayado es nuestro). Por el lado de Juan Carlos Portantiero, si bien también adopta una postura crítica, observa el fenómeno de la incapacidad desde el punto de vista de la hegemonía. Ya no de lo ideológico, sino de lo político, del quehacer de tal clase en tanto parte del sistema político. Es en ese sentido que explicita las debilidades tanto del gobierno de Frondizi, como de Aramburu, como de Onganía, etcétera.
“Esa incapacidad [de construir la hegemonía] de las clases dominantes comienza a ser patética desde el período presidencial de Arturo Frondizi (...) porque es durante el mismo que se fundan las bases para modificaciones profundas en el modelo de acumulación y consecuentemente se abre un proceso de complejización de las contradicciones entre clases y también entre fracciones de clases.” 28
Introducidas las posturas, es interesante observar cómo coinciden en un aspecto y difieren en otro (ya citado anteriormente). Pues está claro que más allá de los matices, la crítica hacia la clase dirigente argentina a lo largo de la historia es similar: en ambos casos se pone en tela de juicio el modo en que ésta se manejó. Ahora bien, en lo referente al peronismo, vuelve a repetirse la fórmula de Portantiero: valoración positiva (única forma de gobierno que logró mantener un Orden estable), versus valoración negativa (tal orden construido bajo el engaño a los trabajadores); satisfacción de intereses de las clases más bajas versus artificios para controlar totalmente a la población.
Conclusión
Luego de la confrontación y del detallado análisis de los textos, quedan algunos elementos que vale la pena destacar.
En primer lugar, que una cuestión de peso específico elevado como lo es el rol de los intelectuales pueda aplicarse tanto a esta época como a 1981, año en que fue escrito el artículo de Ípola y Portantiero. Si bien hay que apuntar que la crítica de Vazeilles es más específica, es evidente que su postura frente a los intelectuales cosecha siglo XXI no es en absoluto piadosa: si justamente sueña con una reconstrucción desde lo político y afirma con vehemencia que él mismo la ve utópica, es porque esas personas que deben encargarse de tales tareas no lo hacen. Tomando un caso particular como fue la debacle de 2001 y el corralito, podemos dibujar perfectamente la posición: los intelectualoides – no es justo llamarlos de otra manera – comenzaron a asomar sus cabezas, aprovechando una crisis para ofrecerse como solución. Y en este sentido hablamos tanto de la gente que hace política como los que están en los medios. Los reclamos empezaron a llover, cuando el orden político “se había quebrado”. Esta visión es también cotejable con aquello que afirman Ípola y Portantiero, aunque ellos critiquen más que la inacción la ubicación al lado de la hegemonía, lejos de la sociedad.
En segundo término, debe observarse la dimensión del análisis elegida en cada texto. Lo ideológico toma el centro de la escena para referirse a dimensiones históricas de lo político. Y el hecho de que se utilice como pivote justamente a lo ideológico demuestra que no todo es empiria. Con el estricto fin de demostrar dos situaciones diversas (Ípola y Portantiero, de la derechización de los intelectuales; Vazeilles, de la crisis de las izquierdas como alternativa política), son analizados los discursos de los protagonistas para sustentar tales metas.
Por último, es necesario remarcar que tanto un caso como el otro, a pesar de sus diferencias, defienden un valor indispensable: la necesidad de transformar una época que se asoma como crítica y que inminentemente ruega por un cambio. ¿Tarea de quién? Tarea de todos. Ojalá alguna vez podamos dejar de mencionar esa vieja palabra con la que Tomás Moro bautizó a la república ideal, perfecta e inalcanzable.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1. La izquierda argentina que no fue, Vazeilles, José Gabriel, Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina, 2003, p. 63.
2. Op. cit, pp.63-64.
3. Op. cit, pp. 63-64
4. Op. cit, p. 69, citado de ¿Qué es el ser nacional?, Juan José Hernández Arregui
5. Op. cit, p. 71
6. Op. cit, p. 75
7. Op. cit, p.77
8. Op. cit, p.79
9. Manual de zonceras argentinas, Jauretche, Arturo, 1968, Peña Lillo Editor, Buenos Aires, Argentina, p.25.
10. Las ideas autoritarias de Lugones a Grondona, Vazeilles, José Gabriel, Editorial Biblos, Buenos Aires Argentina, 2001, p.14.
11. La izquierda argentina que no fue, Vazeilles, José Gabriel, Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina, 2003, pp.17-18.
12. Op. cit, pp.86-87
13. Op. cit, p.92
14. Op.cit, pp. 121-122
15. Op. cit, p.128
16. Lo nacional popular y los populismos realmente existentes, Ípola, Emilio de y Portantiero, Juan Carlos, 1981, texto de la cátedra, p.1.
17. Op. cit, p.6
18. Revolución y contrarrevolución en la Argentina, Ramos Jorge Abelardo, p.265, citado en La izquierda argentina que no fue, Vazeilles, José Gabriel, Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina, 2003, pp.86-87.
19. Las ideas autoritarias de Lugones a Grondona, Vazeilles, José Gabriel, véase pp.40-42 y pp.49-56
20. Lo nacional popular y los populismos realmente existentes, Ípola, Emilio de y Portantiero, Juan Carlos, 1981, texto de la cátedra, p. 5
21. Estudios sobre los orígenes del peronismo, Murmis, Miguel y Portantiero, Juan Carlos, pp.61-62.
22. “Economía y política en la crisis argentina: 1958-1973”, Portantiero, Juan Carlos, en Revista mexicana de sociología nº2, 1977, texto de la cátedra, p.532.
23. Lo nacional popular y los populismos realmente existentes, Ípola, Emilio de y Portantiero, Juan Carlos, 1981, texto de la cátedra, p.6.
24. Las ideas autoritarias de Lugones a Grondona, Vazeilles, José Gabriel, p.29.
25. Lo nacional popular y los populismos realmente existentes, Ípola, Emilio de y Portantiero, Juan Carlos, 1981, texto de la cátedra, p.4.
26. La izquierda argentina que no fue, Vazeilles, José Gabriel, Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina, 2003, pp. 121-122.
27. Historia argentina, etapas económicas y políticas, 1850-1983, Vazeilles, José Gabriel, Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina, 2000, p.28.
28. “Economía y política en la crisis argentina: 1958-1973”, Portantiero, Juan Carlos, en Revista mexicana de sociología nº2, 1977, texto de la cátedra, p.532.
BIBLIOGRAFÍA
- Ípola, Emilio de y Portantiero, Juan Carlos: Lo nacional popular y los populismos realmente existentes, 1981, texto de cátedra.
- Jauretche, Arturo: Manual de zonceras argentinas, Peña Lillo editor, Buenos Aires, Argentina, 1968.
- Murmis, Miguel y Portantiero, Juan Carlos: Estudios sobre los orígenes del peronismo, Siglo veintiuno editores, Buenos Aires, Argentina, 1971.
- Portantiero, Juan Carlos: “Economía y política en la crisis argentina: 1958-1973” en Revista mexicana de sociología, nº2, 1977, texto de cátedra.
- Vazeilles, José Gabriel: Historia argentina, etapas económicas y políticas 1850-1983, Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina, 1998.
- Vazeilles, José Gabriel: Las ideas autoritarias de Lugones a Grondona, Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina, 2001.
- Vazeilles, José Gabriel: La izquierda argentina que no fue, Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina, 2003.
Si eres un usuario registrado, puedes hacer comentarios sobre este artículo.
|
![]() |
||||||
|
![]() |
BúsquedaInformación de este artículo
Vínculo Más artículos sobre historiaEscuela y Estado : una historia Neoliberalismo, o la historia de la pobreza Un testimonio, una historia: El centro clandestino Club Atlético La injuria durante el período de Guerra de Independencia en Venezuela (1810-1821) La Historia de la expansión del Estado Nacional (1853-1916) Más artículos de este autorLos museos como usina del conocimiento Medios de comunicación, empresas de la información Wilkie Collins, el maestro de la literatura de misterio Ella en los pájaros, un cuento de amor El escritor y la experiencia literaria |