En Sociedad > hombre
“No se puede develar la esencia de
la feminidad. Lo único que se puede resaltar
son (...) representaciones”
Linda Kauffman
Es bien sabido que la concepción de “hombre”, “varón”, que tenemos hoy en día ha cambiado notablemente con los años y especialmente con el auge del feminismo, la aceptación de la diferencia y el paso del modernismo al pos-modernismo.
A saber, en este aspecto cabe afirmar que mientras que en el modernismo y épocas anteriores era irrefutable el hecho de la existencia de dos sexos a nivel biológico (masculino y femenino), con la llegada del pos-modernismo las cosas han cambiado un poco, así, como afirma Gergen (1991) “a través de la investigación de los criterios que aplican diversos grupos para establecer las distinciones sexuales se comprobó que los niños no utilizan los mismos que los adultos, ni los transexuales coinciden con los heterosexuales, que algunas culturas reconocen más de dos sexos, y que el criterio aplicado que los profesionales de la medicina occidental –a saber, las diferencias de los cromosomas- no es compartido por casi nadie más”, así vemos como hoy en día se ha hecho más y más invisible la línea que delimita un sexo del otro y de otros que han ido apareciendo con el cambio de los tiempos. Con todo esto la cultura aprendió que las características biológicas son criterios dudosos para juzgar el sexo.
Ahora bien, la imagen de masculinidad como se venía conociendo y como al venía expresando el sistema patriarcal también ha cambiado de forma radical, influyendo en la construcción de la identidad masculina, así, mientras en el sistema patriarcal se consideraba al hombre verdadero como fuerte, viril, poderoso, superior a la mujer, a los negros y a las razas indígenas, sujeto de su propio deseo, activo, no necesariamente hermoso, autorizado a desatender el cuidado familiar y por supuesto, heterosexual, en definitiva, la definición de la masculinidad durante todo ese tiempo se vio marcado primordialmente por el individualismo (Carabí, 2000).
Hoy en día o mejor desde toda la revolución existente durante los años sesenta se comenzó a ver un cambio en la mentalidad y en las actuaciones de la humanidad con respecto a la definición de las identidades sexuales, a saber, se comenzó a aceptar la diferencia en cuanto a opción sexual, género y raza y los derecho de los mismos, el encuentro intercultural e interétnico permitió precisamente la creación de estos mecanismos para proteger del miedo a la diferencia, la homosexualidad se comenzó a considerar como una opción libre, voluntaria y permitida socialmente, entre distintos fenómenos, que determinaron en definitiva, la crisis de la masculinidad que estamos viviendo (Carabí, 2000).
Podemos ver que hoy en día y sobre todo como dice Carabí (2000) a lo largo de la última década y a comienzos del año 2000 se comenzó a vivir este proceso de manera fuerte y se ve demostrado por los medios de comunicación que bombardea con publicidad que ya no presiona únicamente a la mujer para que sea atlética y bella, sino que también el hombre se está viendo presionado en este campo y en otros que se inclinan en definitiva por conseguir la aceptación social de un prototipo que está comenzando a emerger y que enmarca las nuevas masculinidad que ya no se centran únicamente en lo que planteaba el sistema patriarcal, sino que además de ello, toma otros matices.
Finalmente, es notable la crisis de la masculinidad que estamos viviendo, mientras la mujer de una u otra manera tiene definida su identidad por distintos referentes, el hombre aún se encuentra en el proceso de cambio entre el sistema antiguo y el nuevo emergente, que es claramente distinto y centrado no sólo en lo que tiene que ver con la definición de la orientación sexual, sino que además tiene mucho que ver con la identidad pos-moderna reinante.
REFERENCIA BIBLIOGRÁFICAS
- Carabí, A. (2000) Nuevas Masculinidades. Barcelona: Icaria Editorial
- Gergen, K. (1991) El yo saturado. Barcelona: Piados.
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