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Cómo el hombre encuentra su lugar dentro de la racionalidad moderna?, ¿Le corresponde un lugar o le ha sido expropiado?,¿ Qué tipo de racionalidad rige su vida?, ¿El hombre moderno es poseedor de una vida, entendida como ligada a sus valores originarios de hombre? Cuestiones no fáciles de responder que intentaré analizar en el presente, a fin de poder explicar la evolución del concepto de técnica, evolución íntimamente vinculada e interrelacionada con la misma condición humana.
Desde los orígenes históricos mismos, la noción de técnica ha sido entendida en sus significados vinculados a momentos históricos y culturales determinados del hombre. El manejo de la técnica de acuerdo a los diferentes momentos por los que el hombre atraviesa se vio ligada, en principio, a su utilización mediante la toma ( por parte de éste) de la naturaleza de aquello que le era útil para su subsistencia en el medio; “respetando” el sentido que era originario de ella, de aquello que tomaba. Decir que un artesano, utilizaba la técnica respetándola, implica decir que su utilización era de carácter poiético, “producente” (remitiendo al mismo acto de producción), mostraba al objeto tal cual era. Se preservaba sus características esenciales, como “ dejando oír la voz interna de ese objeto”, su luz originaria, su esencia de objeto que lo hacía diferente de todos los demás.
Esto caracterizaba a la técnica griega, técnica como “tekné”, como acto productor. Posteriormente, el hombre en su evolución histórica y, en su “necesidad” de lograr mayor comodidad en el medio en el que se hallaba, utilizó la técnica para elaborar objetos que la naturaleza no le podía proveer. Esto implicó un acto de voluntad por parte del mismo en tal producción y, el deseo de hacer más llevadera su vida como ser dentro del mundo, y así prolongar su existencia en él. En tal aprehensión que realiza, toma de la naturaleza aquellos objetos que le son útiles en su supervivencia y le adjudica, cambia y modifica hacia otro sentido diferente del sentido originario que éste poseía. En este caso, el hombre modifica el medio, “lo provoca”.Aquí reside una función básica y elemental para entender los cambios ulteriores en el desarrollo técnico y humano. Esta es nuestra realidad y la forma de concebir la técnica hoy.
Por consiguiente, “provocar” al medio implica adaptarlo. adecuarlo a las necesidades y objetivos del hombre, implica que aquello que se presenta, que “está dispuesto” en la naturaleza, se le debe aplicar otro razonamiento: se lo debe “desocultar”, develar, quitarle todo misterio. En esto reside la esencia de la técnica según el pensamiento Heideggeriano; en donde la naturaleza se pone bajo dominio del hombre y es en esa confrontación donde éste expresa su poder de “dominio”sobre aquella. Tal confrontación se vio más nítidamente a partir del desarrollo científico en donde ciencia y técnica se vincularon a punto tal de imbricarse una a otra e impedir diferenciarlas.
La ciencia ha hecho de la naturaleza una de las peores apropiaciones (¿o expropiaciones? ) : con el fin de analizar instrumentalmente la realidad, los objetos del mundo, con su racionalidad matemática y su ilimitada expansión hacia todos los aspectos de la vida ( inclusive los más esenciales para el hombre como su propia vida ); la ha dejado despojada de ese velo de misterio que la caracterizaba.
¿Qué queda del hombre a todo esto? Como la ciencia expresada en su interés sin límites del conocer y, enarbolada de conceptos de neutralidad, de progreso, arrebata a la naturaleza y consigo al hombre en su proceder técnico-calculador, oculta su poder destructor sobre el medio y es así aceptada sumisamente. El hombre no tiene posibilidad de elegir ante ello, o bien no tiene la posibilidad de “no elegir” entre lo múltiple que se le presenta Esto sumado a la ulterior aparición e integración de las máquinas, como elementos mecánicos y de producción ilimitada de objetos deja ya nula la participación humana en el proceso. y contrariamente, “se integra en el hombre”, anulando de él toda libertad de acción más allá de esa lógica establecida. y reduciéndolo a mero objeto “subordinado a ese aparato”.
Cabe aquí interrogante acerca de si existe libertad de esta índole, que permita al hombre decidir voluntariamnete si desea ser partícipe de todo ello ¿Se le ha preguntado al hombre alguna vez si deseaba ser parte de ese engranaje? O mejor decir que el hombre mismo se ha tejido su propia tela y cabado su propia fosa...?
De esta manera, la relación ciencia- técnica se convierte en una nueva forma de control social, de organización administrativa, que absuelve la libertad de los individuos y los priva de sus manifestaciones electivas de todo tipo fuera de esa racionalidad técnica. El rumbo de su vida es incierto para el hombre moderno.
Adquiere así la técnica su nuevo rol, ya no considerada según los antiguos como instrumento a disposición del hombre sino como medio para alcanzar un fin, como mera funcionalidad y eficiencia. Esto se vincula con las cinco concepciones aristotélicas que menciona Heidegger en su capítulo “La pregunta por la técnica”, contrastando la manera moderna de pensar la técnica; donde se prioriza lo puramente eficiente, de las demás causas de materialidad, formalidad y finalidad, causas que en su conjunto caracterizaban la técnica anteriormente. que hace del hombre su blanco, su instrumento, su dominio.
Nos podemos preguntar, como lo hace Haidegger con todo lo precedente, acerca de la variabilidad del sentido de las cosas: si se cambia el sentido natural de los objetos que nos rodean en pos de un sentido puramente utilitario, instrumental... ¿qué queda del sentido original de ese objeto transformado?. Decididamente, nada, sólo la desaparición del objeto como tal, en pos de un nuevo objeto ya producido.
Si se pierde el sentido originario de los objetos, se pierde (en esta extensión a todas las áreas de la vida) el sentido de la historia. El sujeto de ella no es más el hombre como productor, como creador, como ser libre, es la técnica; que en su nuevo orden absoluto e ilimitado de acaparar todo en su nueva racionalidad, (racionalidad sin fines) hace del hombre un simple medio, alguien que ya no es un hombre. De ahí que se elabore de él, como dice Galimberti su “acta de defunción” como la muerte de todos los valores fundantes que lo constituían como hombre. De aquí que efectivamente cabe su propia fosa.
De esta manera, la tecnociencia ubicada por encima de cualquier parámetro y valor humano trae aparejada consecuencias nocivas en la vida del hombre moderno. En principio, el hombre situado como mero objeto deja de percibir el mundo de una manera subjetiva. La racionalidad técnica modifica atrozmente su forma de vincularse con las cosas del mundo, con las cosas que lo rodean. Todo es percibido únicamente como medios para satisfacer fines, se pierde la relación más íntima con aquellas. La misma relación entre los hombres se ve alterada en pos de nuevas relaciones entre objetos, de nuevas relaciones entre partes mecánicas integrantes de ese aparato que los domina. Al cambiar esas relaciones también cambia el espacio en donde ellas se desarrollan, pues todo ingresa en esa “abstactalización”, en ese mundo objetivizado por la técnica.
Al cambiar la relación entre el hombre y su espacio, cambia la manera de concebir el mundo. El espacio es un espacio a ser llenado, “habitado” por él y por los objetos que lo circundan. La pérdida de significación se da justamente al priorizar lo instrumental y olvidar la ligazón esencial que nos vinculaban a esas cosas afectivamente. Dice Haidegger con relación al espacio: “ No se construye para habitar... primero se habita y en el habitar se construye”. Esto lo indica Haidegger a partir de que en la época moderna se ha producido el reemplazo de la palabra HABITAR por la palabra VIVIR.
Predomina hoy lo meramente objetivo del hombre en su condición de realzar el “cuidado de la vida” en detrimento del “cuidado del mundo.” . Esto es a partir de que la nueva racionalidad que nos rige hace primar más al espacio y no al hombre que habita en él. La cita de Haidegger hace remitir a una posición más poiética con las cosas, una actitud del hombre y un compromiso más próximo a esas cosas y al acto de creación de ellas, algo que en la época moderna se ha perdido. La entrega a esas cosas, la relación dialéctica que une al hombre y a la cosa es lo que hace a éste diferente como hombre, hace sobresalir sus cualidades subjetivas, sus emociones, sus sensaciones, su libertad de obrar ante ellas y no su dependencia.
Para poder revivir aquello perdido se debe buscar no sólo en lo “aparente” Con este término sólo quiero indicar el sentido de la cosa tal cual la vemos, tal cual se nos presenta en la epoca moderna. La idea es poder trascenderla y allí poder captar su sentido originario, su verdadero sentido antes de ser transformado por la nueva lógica que nos dejan los objetos. Estos no como meros instrumentos, sino ir más allá de ellos, entregarnos a ellos. Buscar como dice Bachellard en los cofres, en los armarios aquello que nos liga con nosotros mismos, con nuestra esencialidad con la posibilidad de poder captar con otro sentido las cosas que tenemos alrededor, con la reivindicación de nuestra intimidad, de nuestros secretos, de nuestra olvidada manera de vivir afectivamente. Pero olvidada por la constante introducción de objetos efímeros que nos hace imposible recordar nuestra ligazón con lo que ya poseemos, con las cosas que abrieron nuestro espacio, nuestro lugar.
Una de las consecuencias más nefastas del uso de la técnica moderna a partir de la racionalidad instrumental es justamente la detención del presente en pos de un ulterior beneficio futuro. Mencioné anteriormente que la nueva mentalidad transforma el sentido original y le asigna un nuevo sentido destinado a fines ( fines ilimitados) hacia los objetos, hacia todo lo que compone el mundo, incluso hacia hombre mismo.
Con el sentido se desdibuja la noción de tiempo, en esa infinita mentalidad que todo lo puede alcanzar, el futuro queda contenido en el presente, en un presente en donde el tiempo es tiempo concluido, ya acabado. Una manera de visualizar otro de los aspectos en el que la técnica se ha extendido es justamente en el del lenguaje mismo. El lenguaje concebido como reproducción de la técnica, un lenguaje de carácter provocante y ya no poiético, lenguaje como medio de transmitir información y no ya ligado a la idea de explicar el modo en que cobra vida una comunidad. El lenguaje es concebido según Marcuse como “lenguaje unidimensional”, donde ya no permite la intervención dialéctica, la mediación. Todo es conducido por un sistema binario, matemático, calculador. Por eso, el lenguaje como tantos otros aspectos elementales de la vida humana deviene funcional, prima su eficacia, su función para mero fin que acaban convirtiéndolo en un cliché. Inclusive se instrumentaliza la metáfora en el lenguaje técnico para el cual todo es válido; todo puede ser barrido en pos de una nueva significación a la que deberemos aceptar y acostumbrar.
La época moderna mecaniza a los hombres como parte de un aparato que los domina, los anula como tales, en sus características más elementales: personalidad, individualidad, libertad, afectividad y en donde valores esenciales como la ética y la moral son olvidados y “encubiertos” detrás de ideas de mejoramiento de la condición humana, de progreso, de neutralidad científica. La singularidad cede a la nivelación, la libertad a ser dominado y la afectividad a la objetivación determinantes de la nueva racionalidad vigente que impide toda imaginación posible. Si todos somos partes mecánicas de esa estructura, nadie podrá escapar a ella, nadie observará críticamente como el mundo se va hundiendo en sus cimientos. Entonces... ¿Cómo sobrellevaremos nuestra propia vida?I
Inevitablemente caemos en la equivocación de pensar que nuestra propia época podrá por sí misma superar la situación. Pero sin duda al igual que muchos autores, creo que la solución pende únicamente del hombre, de una postura crítica acerca de lo poco que nos queda como seres humanos en este mundo y el margen de acción tan escaso en el que debemos actuar, dado las pocas libertades que la técnica nos ha dejando.
Si el hombre creó la máquina para poder disfrutar más de su vida y de su tiempo libre y descubrió con el paso del tiempo que su resultado fue completamente nocivo y que esta máquina creada terminó superándolo; entonces saldrá de él nuevamente la iniciativa para poder recuperar su espacio perdido y su individualidad. Categorías tales como hombre-máquina, hombre-insecto u hombre–número determinan, pese a su matematización, que el hombre todavía sigue siendo fundamentalmente hombre y como tal, puede llegar a convertirse en hombre en sí (y para sí), hombre sin ningún agregado, meramente consciente de su realidad actual en el mundo. Hombre como creador, como el único ser capaz de imaginar y de hacer valer su vida como tal. Pensar de esta manera crítica es seguramente contraria a la racionalidad capitalista en la cual sólo rige la producción ilimitada y el hombre como productor ya no puede dejar su impronta en el producto que creó, todo es hoy reproducido y no producido, todo está disponible para ser comprado y vendido.
Difícil resulta pensar que somos también parte de esa disponibilidad que en algún momento quizás deje de venderse...
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