Sí, “Sagrado” para la gran mayoría de nuestros pueblos indígenas, los cuales no se casan y separan por que sí.

A sus 83 años, Rafael Ramón Arias Ariza todavía recuerda aquella tarde del “mes del guandú” cuando unió su vida a la de Teresa Luisa. El matrimonio de ‘Tío Rafa’ se ha constituido en un verdadero ejemplo para las nuevas generaciones, no sólo por los 14 hijos, 57 nietos y 13 bisnietos producto de ésta unión y fieles testigos del amor tan singular profesado por la misma durante varias décadas, sino por el legado cultural que éste ritual representa para aquel pueblo indígena enclavado en la vertiente suroriental de la Sierra Nevada colombiana.

Casos como éste componen el más profundo pensamiento y sentir indígena frente a éste perenne rito, respetado incluso por aquellos nativos contactados por mí.

Matrimonio Kankuamo

Silsa Arias, Coordinadora del área de Comunicaciones de la ONIC (“Organización Nacional Indígena de Colombia”) vive el matrimonio, desde su ser Indígena del pueblo Kankuamo de la Sierra Nevada de Santa Marta, como aquella “Unión que se realiza bajo los hilos invisibles de la espiritualidad”. Unión por cierto que es “perdurable” para los kankuamos, y por medio de la cual se establecen lazos sagrados con la pareja, con toda la familia de ésta, con su apellido y hasta con su sangre.

En dicha alianza ellos se comprometen espiritualmente a generar, entre otras cosas, “vidas” que sostengan la gran colectividad por y para la cual existen en este planeta, cuyo corazón es la Sierra Nevada de Santa Marta, explica Silsa; y aunque muchas veces la mujer kankuama no sepa quien será su esposo, éste ya ha “le ha echado el ojo” -como dicen ellos- y se ha sintonizado espiritualmente con ella hasta decidir por voluntad propia, asumir el papel de aceptarla como su pareja y de formar un hogar a su lado. Él oficializa esto cuando decide recibir el “Pororó”: Símbolo de virilidad, poder y sexualidad responsable.

Este fruto, producto de la planta llamada calabazo, representa el útero discernido por el hombre cada vez que él “mambea”, uniendo la fuerza femenina -personificada en la hoja de ayu- a la fuerza masculina -incorporada mediante la harina de cierta clase de concha de mar de la Sierra Nevada-.

La mujer, por su parte, se apropia benéficamente de su sexualidad, apenas comienza a tejer la mochila que ha de obsequiarle a su futuro esposo. Esta mochila simboliza con su fondo, el útero, el cual ha medida que crece va conteniendo toda una vida. La misma vida que ella, como mujer, ya está habilitada para concebir e integrar con la ayuda de su hombre, y de la autoridad ejercida por él.

Esta autoridad masculina, está personificada en la misma mochila, mediante ese soporte del cual cuelga. Es por esto que para los kankuamos la mujer nunca irá ni detrás, ni por debajo, ni al lado, ni delante de su hombre, pues ella es su complemento perfecto y está tan comprometida como él lo está con ella.

El “Mamó” es la Máxima autoridad espiritual encargada de unir a dicha pareja en matrimonio, no sin antes limpiar sus caminos y armonizar sus vidas. Para tal ceremonia, el Mamó asigna los colores que han de guiar esa relación y que estarán presentes en aquellos hilos que él pondrá en las muñecas de los novios, como símbolo sagrado de su unión. A dicho rito sólo asisten los más cercanos a la pareja, y siempre se realiza debajo de un árbol ó al lado de un arrollo, escenarios perfectos para brindar con chirrinchi y danzar al son de su música ancestral. Allí hay lugar para que las mujeres dancen alrededor de la novia, a la par que los niños lo hacen también para llamar la fertilidad a ésta unión; y cuando termina el festejo, la pareja inicia su nueva vida con la ayuda de aquellos regalos que recibieron (tierra, semillas, animales, entre otros) y que les servirán para producir, pues para los kankuamos: “Uno se casa para producir” y también para “Vivir en una permanente Luna de Miel”, que origine la preservación del linaje mediante la llegada de los hijos, los cuales en ésta cultura, siempre serán el producto de una “decisión muy conciente”.

Matrimonio Inga

Florentino Jajutisoy, Indígena Inga del departamento del Putumayo, publica que la “Tulpa” es lo más especial e imprescindible antes de realizar el matrimonio en su cultura, pues ésta (que es la misma cocina) presenta el Fuego alrededor del cual el novio recibe durante todo un día y toda una noche, en medio de varios tragos de chicha, una especie de “Preparación Matrimonial” por parte de los “Mayores”: Padre, Abuelos, Tíos y hasta vecinos mayores.

Estos mayores le dan al novio sabios consejos y orientación sobre lo que es el matrimonio, el cual conciben como una alianza que se hace entre dos personas, pero a la vez es por y para todos los demás. De aquí nace la importancia de que la nueva pareja, procure vivir siempre en armonía con el resto de su comunidad.

En la "Tulpa" el novio también recibe una gran fuerza espiritual para que pueda llegar días más tarde ante los mayores de su futura esposa, a reafirmarles que él ya está listo para conformar un hogar con ella, pues tiene un espíritu limpio y sobre todo, está muy dispuesto a reforzar el núcleo familiar de ésta mujer. Y los mayores no le creen, cualquier duda será disipada una vez reciban buenas referencias del novio, por parte de los Sinchis: Magnos Sabedores del pueblo, quienes están dispuestos a colaborarle a la nueva pareja, buscándole una parcelita para que allí construyan su casa y empiecen a producir en ella.

Luego el novio deberá iniciar un ciclo de adaptación, para conocer mejor a la familia de la novia, a quien “sus mujeres mayores”, le darán la respectiva instrucción sobre la vida marital que le espera.

Ya llegado el día de la unión, la mujer acostumbra obsequiarle a su esposo, una manilla de colores tejida por ella, y la cual simboliza el amor que le profesa. El hombre asiste con muchos azabaches puestos, pues entre más tenga, más fuerza espiritual le será otorgada por “los de arriba”.

Este festejo dura hasta una semana, en la que la chicha, el cuy y el mute son los platos principales; y los “recién unidos” reciben regalos como becerros, vajillas en arcilla y cosas muy representativas de cada una de sus familias, relacionadas por medio de estos dos seres dispuestos a crecer juntos.

Matrimonio Awá

El pueblo indígena Awá está ubicado en la costa Pacífica de Suramérica, sobre la frontera Colombo-Ecuatoriana y en nuestro país, está asentado entre los departamentos de Nariño y Putumayo. Ellos dicen “ser de la selva y pertenecer a ella" y tan es así, que fluyen con la vida y antes de hacer gente, “se dedican naturalmente a encontrar el querer del otro en el enamoramiento” (mas no en el noviazgo), pues consideran que ésta es la etapa más propicia para empezar a cultivar y a sostener ese querer.

En ese sentido, el hombre empieza a tirarle bagazos y restos de cultivo de maíz a su futura mujer, más unos cuantos pedacitos de comida como señal de cortejo. Ante tales acciones, ella nunca se ofenderá pues sabe que hacen parte del ritual del enamoramiento, el cual ella alimentará una vez haga un único contacto con él: el Visual.

Sabiendo él que ella sí le corresponde -porque se río durante el cortejo que le hizo-, deberá pasar una serie de pruebas impuestas por la Autoridad Tradicional e indispensables para tener a esa mujer como su pareja.

Dichas pruebas consisten en rajar leña fina, saber cazar, responder al trabajo pesado, no dormir durante el día, aprender a madrugar y salir a la montaña a trabajar. Sí cumple estas exigencias, le será más fácil obtener la aprobación y respeto de los abuelos, padres y demás familiares de ella, quienes esperarán además, que él esté dispuesto a acompañar al suegro en sus trabajos comunitarios para ayudarle a hacerlos. Así, será considerado un integrante más de esa familia y logrará el consentimiento para lograr unirse a su enamorada.

Finalmente “los futuros esposos asistirán a una ceremonia cultural” en dónde al lado de sus familias y allegados, compartirán chicha, guarapo y dulces melodías de marimba, que los animarán a mostrar su intención de estar juntos. Al día siguiente, le comunicaran a sus respectivos padres: “Me voy a vivir con mi enamorada porque ya estoy listo para ser su pareja”.

Matrimonio Wayúu

Arelis Uriana, Wayúu de nacimiento, cuenta como en su pueblo el hombre interesado en una mujer -que le corresponda- debe enviar en horas de la madrugada, a alguno de sus tíos maternos para que lo represente ante el padre de ella, y le notifique sus intenciones de unión con su hija (... ó sobrina, pues allá se vale hablar también con los tíos maternos ya que ésta es una sociedad Matri-lineal).

Sí es aceptada ésta relación, las familias de ambos dialogaran y posteriormente fijarán la fecha de formalización de la “unión en Matrimonio”, mediante acta elaborada por los hombres del Cabildo Gobernador (especie de notaria), quienes establecerán además en dicho acuerdo, la fecha límite para que el novio cumpla, antes del matrimonio, con “La Dote” exigida por sus suegros, y la cual representa el merecimiento de aquel respeto, estima y aceptación que han de demostrarle, una vez él se convierta en el marido de su hija.

Dicha dote podrá ser contribuida en efectivo ó en especie (animales, collares, chirrinchi, entre otros) y le dará derecho al novio de recibir por parte de la familia de su enamorada, aquellos objetos más preciados de ella y los cuales muchas veces son básicos para iniciar una vida en familia. Por ej. Un chinchorro, ropa, utensilios.

Por su parte, son los “Putchipus” (“Palabreros” y Representantes Legales de los Cabildos), las únicas autoridades tradicionales indicadas para realizar, sólo en horas de la tarde, el ritual de dicha alianza a la cual asisten las familias de ambos más unos testigos.

Todos los presentes comparten chirrinchi y chivo para celebrar ésta unión, considerada como “colectiva” en la cosmología de los Wayúu, y digna de celebrarse con uno de sus más preciados bailes típicos: La “Yonna”.

Esta es una danza que exige para los hombres que la realizan, tener puesto un tapo-rabo y una corona de plumas; mientras que la mujer ha de bailarla con un velo que le llega hasta los pies y sólo deja descubiertos sus ojos.

En la Yonna es importante usar una manta roja, pues éste es el color usado por los Wayúu para simbolizar el valor de la sangre que ha de fusionarse, a partir de la unión de estos dos seres dispuestos a hacer valer su cultura y su unión...Sagrada!.