A continuación ofrezco un artículo que ha surgido a partir de la reflexión en torno a una propuesta del Foro Regional de la Mujer. EL tema es la perspectiva de género, y la necesidad de su inclusión para la mujer en todos los aspectos de la vida social. Me pareció interesante resumir la información del proyecto y aportar desde ella mi propia mirada.

La desigualdad en América Latina exhibe una desigualdad en la distribución del ingreso, que también se expresa en la distribución de los beneficios del desarrollo entre hombres y mujeres. Lo que se plantea en el proyecto del Foro Regional La Mujer en las Américas: Participación y Desarrollo es que más allá de un modelo de política social orientado a suplir las carencias de los más necesitados se debe buscar integrar la lucha contra la pobreza y la integración de los distintos sectores de la sociedad, tanto en producción como en distribución, en un modelo conjunto donde se pueda insertar la perspectiva de género. No se trata tampoco de pensar políticas para la mujer, sino de insertar la perspectiva de género en las políticas sociales en general.

Tres elementos básicos para comprender el papel de la mujer en América Latina:

1. La capacidad de organización social de las mujeres

2. Los problemas de equidad que la afectan

3. La ideología patriarcal que permea toda la sociedad, desde lo social hasta lo económico y lo político.

A su vez, hay cuatro frentes en los cuales definir la acción de una estrategia social:

1. La política macro con equidad

2. La política de protección y seguridad social integral

3. La política de modernización social

4. Política para el desarrollo de la ciudadnía.

El plan propone obtener equidad en el acceso y eficiencia en la operación, y no eficiencia en el acceso, ya que estaría gobernando el mercado como organismo que distribuye la riqueza.

Los proyectos no deben elaborarse sólo para mujeres, como proponía el WID, sino que se preparan proyectos integrales, con especificidades de género.

Como marco introductorio, la década del 90 signó la inserción de regulaciones que se orientaron a no hacer coexistir el Estado con el sector privado en el funcionamiento de la economía. Los monopolios privados reemplazaron a los estatales, y se produjo concentración de la riqueza. La pobreza se agravó en la mayoría de la región.

Lo que se debe debatir es el componente redistributivo como estrategia de crecimiento en América Latina. El concepto de equidad lleva entonces a la perspectiva de género. “La igualdad de oportunidades de hombres y mujeres es la base de la distribución más equitativa de los beneficios del desarrollo”.

La política social de la apertura en América Latina

Antecedentes

Tres etapas en política social en A.Latina: asistencial, más paternalista; de seguro social, orientada al mercado laboral; y derechos sociales, actual, que avanza sobre toda la población asalariada. Después de la posguerra, el estado comienza a emprender una integración social, a través de la educación.

Las políticas llevadas adelante hasta ahora apuntaron a la privatización y la descentralización del Estado. La Región siempre concentró sus esfuerzos en lo económico y la eficiencia económica, dejando de lado el área social. Los perfiles de los técnicos también son diferentes: en economía apuntan siempre a la eficiencia; en lo social, son de más bajo perfil y usualmente están desacreditados.

Estrategias del modelo económico aplicado a lo social

El mercado como distribuidor de bienes y servicios como salud, educación, vivienda y pensiones implica la reducción del Estado. Desde esta óptica se debe garantizar el funcionamiento del mercado. La sociedad civil es la que tiene que ser protagonista, a través de organizaciones no gubernamentales, y no el Estado.

En un mercado competitivo, existe una transparencia de la información en cuanto a oferta y demanda y los compradores y vendedores actúan libremente. Ahora bien, los bienes sociales no constituyen mercados competitivos. Por ello, el mercado no puede gaarantizar la distribución de bienes y servicios, y en este movimiento se rompe con la equidad. Al mercado no le interesa distribuir bienes y servicios a sectores que no son eficientes a su economía.

Privatización

Como estrategia de los 90, ante los déficit del estado, se plantea entregar al sector privado los recursos y el manejo de instituciones públicas, y se asigna al estado sólo las funciones que no pueden delegarse: establecer las reglas para la eficiencia del mercado. (la famosa re-regulación a favor de las empresas).

En este contexto, podemos decir que el ánimo de lucro lleva a la exclusión: los sectores no eficientes de la economía necesitan servicios sociales para aumentar la eficiencia, pero los sectores necesitados necesitan más servicios sociales de lo que pueden contribuir. El peligro mayor de la privatización es caer en los monopolios privados como reemplazo de los monopolios públicos.

Primeras consecuencias sobre la equidad

La década del 90 ha tenido una ampliación de la brecha urbana-rural, lo que ha llevado a mayor pobreza en toda la región.

La crisis del 80 otorgó a la mujer un nuevo papel, donde tuvo que afrontar la crisis aportando ingresos a la familia, tanto en forma de salario remunerado como también en términos de racionalización del gasto. También tuvo participación comunitaria para intentar resolver los problemas de pobreza y desigualdad. Con lo cual la década del 90 tiene a las mujeres integradas al mercado laboral de la región. La mujer no sólo es madre, también es trabajadora y agente comunitario.

“De lo que se trata es de visualizar el impacto de estas políticas de antemano para poder sugerir modificaciones que permitan a las mujeres maximizar las ganancias.

Mercado y privatizaciones

La mujer puede verse excluida de bienes y servicios sociales cuando se usa al mercado como mecanismo de asignación. En la propuesta del Banco Munidal, por ejemplo, de 1993, “Invertir en salud”, la salud es vista como un bien transable. Se pone una mirada utilitarista sobre la salud. Se recrudece el conflicto equidad-eficiencia.

Fondos sociales

Los fondos sociales no han ayudado, en un doble sentido: no han tendido a resolver el conflicto de roles, por un lado, y por otro, tendieron a ampliar el nivel de empleo, pero para los hombres, contribuyendo a agravar la inequidad entre los sexos.

Hacia una agenda social con perspectiva de género

Actualmente, según las autoras del informe, se ha producido un retroceso en la región: se ha pasado de una política de derechos sociales a una política asistencialista, donde sólo se orienta a los más pobres para ofrecerles servicios básicos para sobrevivir. Una verdadera política social debe procurar objetivos más ambiciosos e integrales, como por ejemplo incorporar a todos los ciudadanos como actores al proceso de desarrollo.

Como una nueva mirada, se debe identificar lo económico con estrategias redistributivas y políticas laborales que puedan garantizar un salario mínimo. También se requiere de un esfuerzo teórico e investigación emírica para establecer los efectos sobre la equidad de variables como tasa de cambio e inflación. Debe ser posible la estimación de impactos económicos de los cambios que pueda haber en la equidad social.

Asimismo, debe incorporarse la estructura productiva con la estructura social, como política social integradora.

En una perspectiva de género, el primer intento de abordaje fue del WID (racionalidad de la estrategia de mujer y desarrollo), donde supuestamente se debía incorporar a la mujer a los procesos productivos. Pero lo que terminó sucediendo fue que se fortaleció su rol tradicional de madre, responsable de familia y administradora de bienes. En una nueva concepción de perspectiva de género, debe reconocerse que hombres y mujeres juegan diferentes roles en la sociedad y tienen diferente grado de control sobre los recursos, y en consecuencia necesidades distintas. Del WID se ha evolucionado al GAD (Género y desarrollo).

Por último, la ideología patriarcal como idea predominante en las relaciones de género, debe ser desairragada de las sociedades latinoamericanas. Se proponen tres premisas como marco de análisis para una nueva perspectiva de género: El problema de la equidad, La organización y Participación Social de la Mujer, y La Ideología Patriarcal.

1. El problema de la equidad

Aquí se trata de abordar la problemática de la mujer como una ausencia de igualdad frente a los hombres en las oportunidades para participar en la obtención de bienestar y de las posiciones sociales.

Hoy, la pobreza se ha feminizado, y así también la informalidad. Las mujeres se han incorporado masivamente al trabajo, pero ello no se ha visto retribuido con salarios similares a los de los hombres

2. La organización y participación social de la mujer

la crisis en américa latina generó un proceso de acción colectiva que despertó una conciencia participativa por parte de la mujer, ante la ausencia del estado. Las mujeres han adquirido mayor visibilidad en los procesos productivos y en las estructuras de poder comunitario.

3. La ideología patriarcal

Si bien algunos países iniciaron la discusión sobre la necesidad de incorporar perspectiva de género en la planificación social, hay muchas áreas sin cubrir, como la comunicación y educación de masas, donde se continúan reproduciendo los esquemas tradicionales sobre los roles de los sexos. Aún no se ha focalizado el esfuerzo en redefinir las relaciones patriarcales.

Debe redefinirse entonces la agenda, para insertar la perspectiva de género. Hay cuatro frentes de acción propuestos:

1. Macroeconómico, que apunta a la redistribución, equidad, políticas fiscales y laborales.

2. Servicios para satisfacer necesidades básicas de la población.

3. Estrategias para mejorar capacidad productiva y calidad de vida.

4. Promoción de instituciones e instancias frente a las cuales los individuos sean iguales.

Política macro con equidad

Dos áreas: 1) políticas macroeconómicas con componente redistributivo y 2) manejo de variables macroeconómicas como inflación y tasa de cambio. Es vital analizar estas cuestiones y observar cómo impactan en la vida y condiciones de la mujer.

Política de protección o seguridad social integral

“Para evitar que este tipo de estrategias de la política social se reduzcan a beneficiar a los sectores pobres, es necesario ubicarlas dentro del ámbito de la seguridad social integral. De esta manera, sin abandonar los grupos más vulnerables, se avanzaría al concepto moderno de los derechos sociales a los cuales debe tener acceso todo ciudadano por el hecho de serlo”.

Política social productiva

Los esfuerzos deben dirigirse, en este sentido, a sectores rezagados como microempresas y sectores campesinos, para que puedan acceder a mejores ingresos y calidad de vida.

La perspectiva de género agrega el reconocimiento de las especifidades de las mujeres, ya que las de los hombres están incorporadas en las metodologías de trabajo. la oferta de servicios sociales, por otro lado, no debe orientarse a la mujer especialmente, sino a toda la familia. Los sectores campesinos y los de baja productividad deben ser parte de la población objetivo de estas políticas.

Política de desarrollo humano

También se propone un foco en aspectos tradicionalmente no considerados: lo artístico, lo recreativo y lo cultural. El desarrollo humano va más allá de la satisfacción de las necesidades básicas. Lo que se busca es construir un país con justicia social.

Conclusiones y recomendaciones

• El concepto de equidad lleva necesariamente a la perspectiva de género. La igualdad de oportunidades es la base de la distribución equitativa de los beneficios del desarrollo.

• Un modelo de política social que vaya más allá de la lucha contra la pobreza es el adecuado para insertar una perspectiva de género.

• Se trata de diseñar la política económica con perspectiva social y la política social con perspectiva de género.

• Es fundamental considerar tres elementos básicos que se desprendern del diagnóstico de la situación de la mujer en América Latina en los 90: capacidad de organización social de las mujeres, problemas de equidad, y la ideología patriarcal de la sociedad.

• Se deben explorar nuevos mercados para combinar estado-mercado.