En Sociedad > pareja
“Soy parte de todo lo que conozco”
-Tennyson-
Es interesante observar como la problemática alrededor de los grupos, su estructura, significado, componentes y relevancia en la sociedad se haya presente en todas las esferas de relación de los seres humanos, no sólo existentes en la actualidad sino provenientes incluso de tiempos remotos. En esta ocasión la reflexión estará centrada en una de las formas de agrupación más básica y enriquecedora: la relación de pareja, concibiendo como asiento de la misma todos aquellos planteamientos teóricos formulados a través del tiempo por diversos autores sobre la dinámica de grupos, el poder y las diferencias, además de algunas comprensiones generales sobre las relaciones de pareja específicamente. Dada la brevedad del espacio, no es posible ampliar en gran medida varios aspectos que comprende la dinámica de grupos y que son aplicables a las relaciones de pareja, por ello, se hará énfasis en aquellos que personalmente se consideran más importantes y relevantes, teniendo en cuenta las experiencias de vida y el conocimiento a nivel conceptual de la autora de este escrito.
Como primera medida, cabe sustentar el porqué se considera a la pareja como un grupo, pues bien, según Lapassade (1977) un grupo se forma cuando existe una identificación de razones en común que llevan a una unión de personas, además, es un proceso que para mantenerse vivo procura estar en constante cambio, construcción y movimiento, es decir, es lo que se llama una “totalización en curso”. O bien, según Baró (1988) el grupo es un proceso inacabado de relaciones de tiempo, dinámico, que se mueve por contradicciones y diferencias, también consiste en una estructura de vínculos que canalizan la resolución de necesidades individuales y colectivas. Además, con respecto a la noción de cambio, mencionada en estas definiciones cabe afirmar que Primavera (1995), la concibe como un movimiento permanente de nuevos elementos que se autoorganizan y provocan nuevos equilibrios. Así pues, como se puede ver en una relación de pareja óptima existe la unión de dos individuos que tienen propósitos y características en común, y que buscan en sus fines más elementales mantenerse unidos de manera viva, igualmente buscan construírse, cambiar y por supuesto, nutrirse de las contradicciones y demás elementos inherentes a las relaciones como tal, pudiendo denominarse finalmente la relación de pareja como un grupo.
Ahora bien, cabe anotar que lo dicho anteriormente sobre las generalidades de los grupos, es lo que se piensa lograr de una manera ideal, como una meta de lo que sería la manera más apropiada de regulación y de relación entre seres humanos, sin embargo, no hay que desconocer que dichos procesos no son tan fáciles de alcanzar como se dice teóricamente, llevar todos estos planteamientos a la práctica es una tarea que requiere de algo muy importante como lo es el compromiso, comprendido por Primavera (1995) como la acción de hacerse parte de algo en lo que se cree, defenderlo en consecuencia y con pasión, por verdadera satisfacción y convicción, o en palabras de la autora comprometerse es pensar que: “Yo no hago cosas por los otros, sino que hago cosas con los otros para mí”. Además de ello, para alcanzar dicho objetivo de movilidad y construcción dentro de una pareja para nuestro caso y en general para los grupos, se requiere de una conciencia sobre la tendencia de los seres humanos a negar las contradicciones (antidialéctica, según Lapassade, 1977), pues estas y la conciencia que se tiene de las mismas es lo que en definitiva le dará el soporte a los cambios y construcciones realizadas al interior de la relación, así mismo, se debe saber llevarlas, pues es bien sabido que dado que los seres humanos son distintos, de la misma manera, las formas de pensar y actuar entre estos serán diferentes entre sí.
Ahora bien, entre las cualidades planteadas por Lapassade (1977) sobre aquellas cualidades que hacen alusión a la vitalidad del grupo y que por supuesto son primordiales dentro de una relación de pareja se cuenta: la autogestión, comprendida como la capacidad de construcción sobre sí mismo, relacionada íntimamente con la interdependencia; la autodeterminación, que sería la capacidad de elegir, de tomar decisiones por sí mismo; y, por último, la autocrítica o autoanálisis, que se refiere a la capacidad para reflexionar sobre sí mismo identificando aquello que se ha hecho y de la misma forma lo que se ha dejado de hacer. Estas cualidades se encuentran juntas en todas aquellas relaciones entre individuos que funcionan de manera armoniosa y que buscan en sí la construcción y la eliminación de lo monótono y constante.
Existen otros dos aspectos relevantes dentro de la reflexión de grupos que se aplican a las relaciones de pareja y que son: el papel que juega el lenguaje no sólo como forma de comunicación entre individuos sino como una manera de pensarse y reflejarse a los otros, por medio del cual mostramos a los demás lo que hay en nuestro interior (Primavera, 1995); y, además, el papel que juega el poder no concebido en el sentido tradicional (como una forma de relación dominación vs. sumisión), sino como un elemento que ayuda en la determinación de las formas de ser y actuar de las personas y grupos, y desde el cual se responde a la pregunta sobre quienes somos, que hacemos y como queremos vivir (Baró, 1988). Ambos elementos están inmersos en la comprensión, significación, movilización y construcción de una relación de pareja.
Esta última reflexión nos introduce de lleno a uno de los aspectos que interesa tratar en este escrito dentro de las relaciones de pareja específicamente, que es el de la comunicación. Según Moscovici (1985), la comunicación es el elemento más decisivo en las relaciones, pues esta permite que fluya de mejor manera todo lo concerniente a deseos y carencias dentro de la misma, así mismo, afirma que si existe un menosprecio de alguna de las partes hacia la otra en lo concerniente a la comunicación de lo vital hace que exista insatisfacción e infelicidad de parte del miembro menospreciado, y de igual forma, si existe una retroalimentación positiva de la comunicación, existirá una mayor satisfacción de las partes.
A la par hay una investigación realizada por Gottman (1979, citado por Moscovici, 1985) que reconoce dos características principales de la comunicación en relaciones satisfechas: una, es que al discutir asuntos sobre los cuales no logran ponerse de acuerdo, estas parejas reconocen la validez e importancia de los argumentos del otro, estableciendo un diálogo, llevando a cabo una interacción y llegando a un compromiso; y, la otra característica es que existe una interpretación correcta de las señales no verbales de cada uno de los integrantes de la relación.
Otro aspecto importante dentro de la comunicación en la pareja, es lo concerniente a la auto-revelación, es decir, el proceso mediante el cual se dan a conocer aspectos relevantes de la vida de sí mismo al otro, que va ascendiendo a medida que la relación progresa y que implica reciprocidad (Altman y Taylor, 1973, citados por Moscovici, 1985), lo cual permite lograr un ambiente de intimidad, crear un vínculo fuerte, además de construir la confianza necesaria para mostrarse tal cual se es.
Es importante aclarar con respecto a los 2 aspectos anteriormente mencionados que presentan diferencias importantes entre géneros, así pues, según estudios (Murstein, 1972, citado por Moscovici, 1985) los hombres son menos hábiles en lo referente a la percepción de las señales no verbales que las mujeres y poseen una forma de comunicación mucho más práctica que las mismas; del mismo modo, las mujeres tienden a auto-revelar más aspectos de su vida que los hombres, explicado esto posiblemente porque en las mujeres este aspecto es mucho más aceptado socialmente que en los hombres (Cozby, 1973, citado por Moscovici, 1985).
Así, se ha planteado en el presente escrito diversas temáticas que tienen como eje central la problemática alrededor de las relaciones íntimas, se han abarcado temas desde la dinámica de grupos, hasta la comunicación en ellas. Se puede ver que las relaciones de pareja son consideradas grupos por su carácter dinámico, cambiante y construccionista, además de estar en constante proceso de renovación al igual que otro tipo de agrupaciones humanas. Igualmente, es válido reconocer que a pesar de los buenos esfuerzos de los integrantes de las relaciones por hacer que las cosas funciones, es inevitable encontrarse en el camino con diferencias y dificultades que tienen que tratar de ser dirimidas para continuar y aprovechar los nuevos aprendizajes. En una relación, se puede llegar al compromiso como la acción mediante la cual se cree en algo y se actúa en consecuencia por un bienestar general y en pro del reconocimiento tanto de dificultades como de fortalezas. También, existen algunas cualidades que vislumbran la vitalidad de un grupo como son la autocrítica, la autodeterminación y la autogestión; y junto a estas concepciones se plantearon comprensiones acerca del poder y el lenguaje, comprendido el primero como una forma de determinación de las formas de ser y actuar de los individuos y el segundo, comprendido como una forma de pensarse y reflejarse a los demás. De este segundo punto se derivó la reflexión acerca del papel que juega la comunicación dentro de las relaciones de pareja como elemento unificador y propiciador de vínculo y confianza y sus diferencias entre un género y otro.
Finalmente, se puede decir que en el amplio bagaje de experiencias, situaciones y personas que se presentan durante la vida de los habitantes de este planeta tierra, el encontrar una persona con la cual compartir, vivir y construir es una fortuna y es un capítulo de la vida que genera diversos aprendizajes que ayudan a enriquecer la existencia y a darle más sentido; comprender estas relaciones por medio del conocimiento científico y la disciplina psicológica es un paso más que se le abona a la comprensión de este aspecto de la vida de los seres humanos. Así pues, culmina esta reflexión acerca de las relaciones de pareja con base en las posturas de diversos autores que antes se han preguntado sobre ello, sin embargo (a pesar de no ser la finalidad directa de este escrito y hablando en primera persona), no puedo dejar de compartir algo de aquello que sale de mí, en aquellas horas en que la ráfaga del amor y la felicidad de compartir mi vida con alguien maravilloso me invade entera:
“Déjame estar en ti, sumergirme en tu existencia, en tu esencia, llenarme de ti, abrazar tu corazón. Déjame amarte una y mil veces para que cada día todo tenga más sentido. Te escogeré de nuevo, como hasta ahora lo he hecho entre la multitud de personas que día a día recorren mi mundo, te escogeré como lo más preciado, grande, bello e imperfecto. Escogeré tu corazón junto al mío, escogeré al niño que espera, al que sueña, al que ama, al que teme, al que llora, al que ríe, al que observa a la niña del vestido rosado, al que espera, al loco, al tierno, al puro, al etéreo…”
Referencias Bibliográficas
- Martín-Baró, I. (1988) Sistemas, grupos y poder. San Salvador: UCA editores.
- Lapassade, G. (1977) Grupos, organizaciones e instituciones. Barcelona: Granica Editor.
- Moscovici, S. (1985). Psicología social I. Barcelona: Paidós.
- Primavera, H. (1995) Todo/nada, siempre/nunca, distinto/igual; acerca de redes sociales y participación. En: Redes el lenguaje de los vínculos; hacia la reconstrucción de la sociedad civil. Paidós.
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