Dedico una poesía

al grito desesperado de los cuerdos

a la sana enfermedad de los locos

a los que persiguen la paz

a los artistas.

Improviso unas palabras

para los que aún creen en la felicidad y en el amor

pero les advierto: nadie cambiará el mundo.

Que el mundo se dé vuelta

para que dejemos de estar “patas arriba”

no depende de nosotros.

Habrá que ver si él tiene ganas

de librarse a la locura.