poesía a una sirena

Un rugido de viento

es la única voz de una niña,

que en su lienzo voy pintando un baúl

de recuerdos clandestinos,

empiezo por la falda heredada de lana

la que una sirena sangrante

le dio por error sin reparo.

También he trazado su espalda

y los pies

y las manos y,

en el segundero del descaro

ahí donde la música del silencio

retumba con el tic tac del olvido

guardo el minuto de silencio

antes de entablarle una conversación

a su entrepierna

tan escondida por siglos

Ella prepara una mirada

Incómoda a mí cuarto sentido,

no es posible, dejarme pensar

a mi mismo en su sexo,

no me dejo olvidar que es pequeña

ni que el olvido se quiere casar

con su falda heredada de lana.

Es lo que recuerdo señor juez.

juro por todas las cruces

que la pluma del pecado

se derramo antes de escribir

con espadas la impía estrofa del infierno.

No hubo testigos implicados

ni observantes indiscretos,

no me crea si le digo

que una lluvia nos borró

las ganas de ganarnos la condena

de ser tan amados.

Tan amantes y tan malamente descubiertos.

ande jale el gatillo de la sentencia

que el nórdico frio de una celda

es una caldera quemando hogueras

si aquella falda heredada por las sirenas

no cubre el corazón de este degenerado,

o llenen de plomo mi pecho,

para ver si así

-por impacto-

se sale de adentro de mí su silueta.

maldito es pensar el momento

en que dejé de tocarla

por correr a entregarme a sus guardias de encierro,

pero es que si hubiera seguido en su abrazo,

la sonrisa del diablo me hubiera matado antes de este juicio

y yo soy decente, y buen ciudadano

era necesario hacer poli ciado el castigo.

antes de escribir esta poesía