La luna llegaba a sus ojos centrados suavemente en su cabeza que recostaba entre las manos, miraba al cielo y las estrellas, tenia los ojos perdidos en la penumbra de una sombra que se acomodaba junto a él, su cabeza solo prestaba atención a los sonidos y ella lo sabía y por eso calló, un triste silbido se alzó en la bruma, cayó de pronto y regresó, permanente, se mantenía en el viento y luego callaba, —Escuchaste el tren? — dijo ella luego de un instante en silencio, él la miró y regresó su atención a las estrellas, —Hace frío— dijo de nuevo su voz, ella no recibió respuesta y se acercó al cuerpo casi inerte que la acompañaba, él extendió su mano y la abrazó, ella intentó decirle un secreto, pero él volteó su boca que se chocó con la de ella que se estremeció por su emoción, —Escuché el tren, y también tengo frío— fueron las últimas palabras que transportó el viento aquella noche de poesía.

Ahora era la bruma y el canto de algunos pájaros lo que cubría el cielo que albergó tanto deseo y esperanza en la noche que acababa a los ojos trastornados por la algarabía de amor que se tumbó en el césped en el que ahora descansan abrazadas dos personas, un césped que crece bajo un techo cristalizado en pequeñas agujas que demostraban que en algún tiempo se deslizó agua, pero ahora extrañamente no, y sus caminos petrificados luego del constante gotear, escondía a estos dos cuerpos de la cazería que el rocío y la luna hacen a las almas enamoradas que pasan su primera vida en el bosque; un rayo de luz atravesó la entrada cuando él abrió los ojos, se sacudió un poco la cobija de hojas que había amontonado sobre él y su acompañante, intentó levantarse pero ella despertó, cruzaron miradas —A dónde vas? — fue lo que ella dijo ante su desesperación de imaginarlo lejos, y de él solo se escuchó el ceder de una rama cuando salió de la cueva, pero el camino lo recorrieron juntos, la soledad no existió sino por algunos segundos entre los dos, ella lo abrazaba en cada recodo, y él seguía con la vista fija en el horizonte, su boca delicada besó el rostro sórdido una vez por cada piedra que encontraban, pero él solo seguía caminando, pensativo. —Te amo, ¿Por qué no me hablas?, ¡Mírame!...¡No cierres los ojos! Roza mis ojos con tu vigilancia, besa mis labios con tu mirada, déjame aspirar el aliento apasionado de tus labios en mi boca...¡Pero haz algo!... no, para ti soy solo una rama para escalar en tu árbol, una rama que pudo no ser necesaria una....¡¿Pero me estas escuchando?!...¡¿Estas muerto acaso?!... Claro, estas muerto y yo también estoy muerta.... ¿Estoy muerta?...¡Respóndeme! yo no estoy muerta, ¡maldito tú, mi asesino!...¡Maldito!... pero te amo ¡Estúpido!... mírame, abrásame, bésame, por favor— Ya la marcha la había detenido ella con su llanto, él secó las lágrimas con sus manos, con un beso, y con un —Te amo— que ella respondió con una sonrisa, —Te amo, pero temo amarte, te amo pero temo que no me ames, y no estoy muerto porque vivo por ti, y si estuvieras muerta yo también lo estaría y estuviéramos juntos y te besaría y te miraría y te abrasaría por toda la muerte, en mi pensamiento, porque mi alma es del viento, y con el viento se quedará— y mientras se despedía con un beso, una corriente cálida y suave se lo llevó como el mar se lleva la arena en la playa, y un silbido más triste aún que el de la noche anterior se alzó hasta el espacio con un leve susurro de amor.

A los lectores:

Aprovecho esta oportunidad para compartir un poco las ideas y poesías que se han atravesado por mi mente en los años, para mi pocos, que he estado de visita en este mundo, porque siento un poco que todas estas cosas que aparecen de repente en el papel no son del todo mías, y se agarrotan escondidas entre mis archivos codiciosos, así que las dejo respirar, comenzando por esta poesía en prosa que escribí hace ya unos 10 años; espero que la hallan disfrutado, y espero que de ser así, pueda seguir desempolvando mi baúl.