Sébastien Faure fue un anarquista que nació en Saint Etienne y vivió toda su vida en Francia, para morir en 1942. formado en primera instancia con los preceptos católicos, ante la muerte de su padre decidió adoptar el anarquismo y abandonar sus estudios de religión. La vida de Faure nos interesa, en principio, porque Faure se propuso atacar los principios rectores de la religión, pero sin quedarse en el mero ataque agresivo, sino teniendo también una propuesta pedagógica, que incluyó un lenguaje accesible a cualquiera, independientemente de su formación previa. Hablamos principalmente de un texto reeditado hace poco, producto de doce conferencias que dictó Faure a lo largo de su vida: las Doce pruebas de la inexistencia de Dios. En dicho texto, Faure intenta explicarles a los obreros e individuos de clase baja las contradicciones contenidas en los propios principios defendidos por el movimiento religioso católico.

Los doce argumentos expuestos por Faure se orientan a explicar el porqué de la sinrazón que, según su consideración, aparece reflejada en los preceptos católicos respecto de la existencia o no de Dios. En el libro, editado este año por Ediciones Godot, aparecen mencionados doce argumentos que en forma lógica explican, según el autor, la imposibilidad de que, bajo los pregones católicos, pueda existir un Dios, tal cual está definido por los sectores católicos. “La acción de crear es inadmisible”, “El Espíritu puro no pudo determinar el Universo”, “Lo perfecto no produce lo imperfecto”, “El Ser eterno, activo y necesario, no pudo estar inactivo o ser innecesario”, “El Ser inmutable no pudo haber creado”, “Dios no pudo haber creado sin motivo”, “El gobernador niega al creador”, “La multiplicidad de los dioses”, “Dios no es infinitamente bueno: el Infierno lo atestigua”, “EL problema del mal”, “Irresponsable, el hombre no puede ser ni castigado ni recompensado”, “Dios viola las reglas fundamentales de la equidad”; tales son las razones que brinda este filósofo para explicar la falla primordial de la religión.

El interés intelectual de Faure cumple con una función: educar a quienes necesitaban una pedagogía, una forma clara de exponer argumentos, para demostrar los errores inmanentes a la creencia cristiana. Para citar un ejemplo, podemos decir que Faure explica por qué Dios viola las reglas de la equidad: si existe pobreza, si no hay igualdad entre los habitantes de Francia, ¿por qué debemos pensar que Dios existe, si justamente su tarea correspondería en brindar igualdad distributiva para todos?

La honestidad intelectual de Faure también sirvió para que declarase, en algún momento de su vida, que él había recibido formación cristiana y que no renegaba de ella, ya que en algún momento de su vida, cuando era joven y su padre aún vivía (murió cuando Faure tenía 18 años), recurrió a ella y pensó que podía ser un camino a seguir. Pero trastocado por la muerte de su padre se dio cuenta que no podría seguir defendiendo esa postura, y que debía encontrar razones filosóficas para explicar por qué Dios no existe, y qué pruebas podía aportar a la causa.

Por otro lado, Faure participó, por ejemplo, en el famoso affaire Dreyfus, en el que también intervino Emile Zola con su J’accuse. Inclusive fue juzgado, en 1894, por haber intervenido en esta causa. Por otra parte, hacia 1904 pudo crear una Escuela de pensamiento libertario: La Ruche. En 1916 editó el periódico Ce qu’il faut dire, una publicación en la cual se difundieron ideas anarquistas.

Lo interesante de la historia de Faure, como fue dicho, fue su manera de procesar su rechazo por la religión, ya que optó, primero por embanderarse bajo el Partido Socialista, y más adelante, eligiendo el anarquismo como afiliación política. Los pensamientos de Faure circularon por toda Francia y hoy han quedado prácticamente olvidados, pero lo cierto es que en la Argentina han tenido mucha repercusión, sobre todo a través de la FORA.

Indudablemente, la cuestión de la religión es un tema apasionante, pero también es cierto que Faure demostró quizás la falibilidad más grande de la religión católica: está asentada en un solo principio rector: Dios. Derribando ese concepto, todo lo demás se desmorona, y esa es la razón por la que Faure pudo desarrollar sus argumentos: evitando a Dios, demostrando su falencia, su inexistencia, damos cuenta de los fallos y los errores de la religión.

Quizás los seguidores de la fe católica no puedan reconocer este punto, pero lo cierto es que poniendo en cuestión la existencia de Dios estaríamos poniendo en cuestión todo el modelo religioso, y lo haríamos tambalear sin ningún inconveniente. Allí reside, tal vez, la posibilidad de crítica, y es desde allí de donde podemos intentar una reflexión crítica sobre la creencia, que será tema de algún otro artículo.

Por lo pronto, tenemos que puntualizar que la vida de Faure siempre tendió a poner en duda, a criticar, a confrontar y a mostrar su conflictividad con temas en los que no estaba de acuerda. Pasó con el mencionado Dreyfus, pero también con cuestiones de Estado. De hecho, también fue partícipe de diversos mitines ilegales, por los cuales supo ser apresado y confinado a juicios políticos, inclusive por los títulos de algunas de sus obras: El dolor universal, publicado en 1895, Mi comunismo, que data de 1921, La impostura religiosa, de 1923, y Proposiciones subversivas. Aquí en Argentina, la FORA publicó diversos manifiestos en los que Faure defendió al anarquismo; también fue publicado en Chile y en España, muchas veces en forma clandestina.

En 1936, invitado por la CNT, organización anarquista española, acudió a brindar charlas y disertar sobre diversos temas y cuestiones vinculadas con las propuestas libertarias. Los ideales defendidos por Faure, opuestos a aquellos pregonados por la religión, fueron siempre tendientes al mejoramiento del ser humano, a la educación del hombre y a intentar hacerle ver lo que , para él, constituía un error gravísimo: creer en la religión católica, y en la existencia de Dios. Gracias a Faure, los argumentos religiosos son puestos en dudas, y se abre la posibilidad de reflexionar sobre ellos, y sobre los errores autodestructivos de la religión, cuestión que veremos en otros artículos.