De las tinieblas a la luz, eso parece que sucederá en nuestro continente, ya que el presidenciable Barack Obama está poniendo sumo interés en las sociedades de centro, Suramérica y el Caribe, según su conferencia con destacados líderes latinoamericanos en que se visualizó un mayor interés por ésta parte hemisférica con criterios muy definidos de lo que debe ser una política auténtica de buena vecindad, de cooperación y de ayuda, al ir desmontando en año y medio las brigadas militares acantonadas en Irak, para poder con ese rubro de exorbitante gasto, dedicarlo a los países que requieren de ayudas para la educación, la salud, tratamiento de aguas, soporte tecnológico, erradicación definitivo del procesamiento de drogas, alucinógenos y desmantelamiento de bandas dedicadas al narcotráfico, compra clandestina de armamentos y ayudas para el restablecimiento de los campos, de la ganadería y de la agricultura, entre otras prioridades.

Sin demeritar los postulados del candidato republicano que parece sigue los lineamientos del actual mandatario estadounidense, la propuesta de Barack Obama, sin ser original, sí es un acercamiento sincero a nuestros pueblos y sociedades, que alguna vez el presidente Clinton esbozara, pero sin la contundencia de una ayuda efectiva y permanente, para acabar con tanto virus antinorteamericano y que es el pastel preferido para el descontento subversivo, lo cual trae más atraso, más pobreza y más indignación.

El Señor Obama es una gran patriota y por lo tanto entenderá que en esta parte del mundo también hay un patriotismo muy latinoamericano que sueña con una confederación de naciones y sociedades que se erigirán como un modelo de progreso y ayuda mutua.