La decisión de cambiar está en uno. Aceptar o no cierta forma de vida, vivir dignamente o no, dejar de ser, conservar su esencia, está en uno.

Miles de hombres y mujeres eligen diariamente una vida indigente y se niegan a cambiar pues ésta es ya su forma de vida aceptada y asumida. Se niegan a una vida más humana. Su humanidad está en su interior. Nada tiene que ver con su apariencia sucia ni su aires enviciados de alcohol o vestimentas ajadas. Conservan en sus adentros una personalidad distinta que queda fuera de todo lo que se juzga en la sociedad. Una llamarada aventurera que se aferra con dientes y uñas a una vida mucho más dura que los hace necesariamente y hasta los obliga en muchos casos, a no cambiar de opinión ante una vida mejor. ¿Es una vida mejor? ¿Tendrán inserción laboral y aceptación social? ¿Es este un país que da posibilidades a gente marginal e indigente?

Dejar de ser uno es la línea que no se atreven a cruzar. Es una frontera que escinde una vida de otra. Una vida en donde sabrán que no podrán ser asistidos en su nuevo nivel de vida a no ser por planes de integración mínimos e insuficientes para sus extremas carencias.

Ellos deciden optar por permanecer en su sitio. Muchos ven que los resultados no se lograrán y en su avanzado estado de vida nómade, no probarán nuevos bocados en una sociedad en donde la comida se raciona hasta el extremo. No verán nuevas experiencias porque la calle les ha mostrado todo lo que necesitaban ver. Nada puede ser más para ellos que haber llegado hasta allí. Se han construido en fortalezas humanas y han vencido muchos arbitrios. ¿Para qué cambiar?

La dignidad no es sólo su apariencia, es la posibilidad de crecer de acuerdo a las posibilidades sociales que un país brinde o no a sus habitantes para que nadie quede excluido. Que se asista a indigentes y no se eduque en tiempo y forma y, de acuerdo a las necesidades de cada cual, hace de las personas meros personajes deambulantes con olor a limpio y anónimos en los terrenos escriturales.

La ropa limpia y la panza llena no saben escribir.