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Discurso en tono poético escrito en 1997 durante el gobierno del Doctor Rafael Caldera
El lugar social de docente es un eco que sin duda alguna, sigue rebotando en las laberínticas paredes del capitalismo mercantilista y en esta sociedad, absorbida por un consumismo inducido, que no conduce sino a la acumulación nefasta de materialidades. En la sociedad, la acción razonadora, es agradada y entretenida hoy día por un gran cúmulo de banales parafernalias, de insipientes imágenes generadoras de objetos que, inexplicablemente, han adquirido elevadísimos valores metálicos y, contrariamente, el pensamiento y la acción formadora, carentes de presencia palpable, no adquieren ante los ojos “postmodernistas” ninguna apreciación lo suficientemente aquilatadora como para entablar diálogos inteligentes y esbozar, con meritoriedad, la afirmación contundente de que sí es perentorio invertir en todos aquellos conductores de actividades que nutren alma, espíritu e intelecto; todos elementos impresentes, pero que a posteriori habrán de manifestarse dando resultados satisfactorios, necesarios para que de una vez por todas tomemos los remos de este país y naveguemos en las aguas de la estabilidad el progreso…de no manifestarse tales ideas en concreciones y de seguir la situación tal y como va, serán muy pocos los venezolanos que eviten el llamado de la muerte en medio de una mar embravecida. La muerte es una de las situaciones más seguras que el ser humano enfrentará tarde o temprano, por ello debemos ser nosotros quienes decidamos estrecharle la mano y no que ella venga a nuestro encuentro luego de que la hemos llamado repetidas veces. Por ello las ideas le abonan el terreno a la muerte cuando no se concretan en acciones. Pero, en este caso, si se insiste en morir a destiempo y premeditadamente, no habrá más remedio, políticamente hablando, que inyectarle al idealismo de esta nación adolorida, dosis frecuentes de voz y acción, y si en dado caso no se llegase a despertar la dormida nebulosa de la conciencia democrática, nos veremos obligados a reclamar la patria de Bolívar como nuestra, sacaríamos a la sanguijuelas gubernamentales y nos lanzaríamos hacia una reforma pacifista orientada siempre a enaltecer los valores humanos y, de alguna forma, enarbolaríamos místicamente, en cada esquina, la bandera de los no mediocres, de los hacedores de esfuerzos educativos, esfuerzos que entrado por ojos y oídos de muchos y que han salido con desacato quién sabe por dónde, quién sabe adónde…y finalmente, el eco escaparía de aquel nudo amurallado y hallaría justa salida para recomenzar una nueva historia desde una sociedad que le otorgue al docente un lugar más digno y considerado.
Nota: Este texto, publicado por primera vez en Diario Los Andes, posee varias modificaciones realizadas once años después, en agosto de 2008, en la ciudad de San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela. Autor: Ricardo Sayalero García.
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