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La sociedad en la que vivimos cada vez es más compleja. Es la llamada sociedad de la información y la perplejidad.
En esta sociedad de la información, los cambios son cada vez más rápidos y responden a las distintas fases de las sociedades industriales. La globalización y la flexibilización de la producción plantean nuevos desafíos y generan grandes dosis de incertidumbre. Se requiere más que en otras épocas históricas una gran flexibilidad de comportamiento.
Las posibilidades de encontrar respuestas en las tradiciones se reducen considerablemente, ya que en esta nueva sociedad esas tradiciones no alcanzan para afrontar los desafíos de hoy y del futuro. Como consecuencia de la fragmentación, no hay un conocimiento común; y se desarrollan nuevas identidades y nuevos modos de pensar que requieren como consecuencia, el desarrollo de la capacidad de comprensión de los mismos.
Esta sociedad de la información es una sociedad post-industrial, lo cual significa que la economía ya que no es una economía basada en la producción de objetos para la satisfacción de necesidades materiales. La economía de las sociedades post-industriales es una economía de conocimientos. Se producen servicios y se distribuyen a partir de la comunicación. De allí la importancia de la competencia por el beneficio. Es necesario construir sistemas de innovación cada vez de mejor calidad y esto es más importante que la producción.
Por eso las sociedades post-industriales son sociedades del aprendizaje. Es necesario generar en los trabajadores la capacidad de aprender por sí mismos. Son los llamados “trabajadores del conocimiento” porque trabajan permanentemente con símbolos, con informaciones, con significados.
En esta sociedad de la información, son las distintas posibilidades del sujeto respecto de la información, lo que va a determinar su ubicación social. Entonces, los trabajadores básicos que no pueden tratar con la información, son excluídos del sistema social y laboral.
Frente a esta velocidad vertiginosa de la información, descubrimos la fragilidad y precariedad de la vida humana. Mientras que en el pasado el conocimiento se mantenía inalterable durante largo tiempo, en la actualidad la información se duplica casa veinte meses. Por lo tanto estamos frente a un volumen inabarcable de información que produce en la persona la saturación y la desinformación. Tanta información desborda la capacidad de abordarla en esquemas lógicos. Esto lleva a la perplejidad y la desorientación, lo cual no es más que un obstáculo para el conocimiento.
En una sociedad de estas características, la información se transmite en plataformas virtuales, lo cual genera nuevas formas de socialización. Las plataformas virtuales permiten trascender las fronteras del espacio y el tiempo a través de una comunicación virtual, lejos del contacto cara a cara. Estos nuevos escenarios de socialización, son escenarios cercanos a los niños en especial ya que la comunicación audiovisual es de fácil decodificación y entretiene, y no sólo generan intercambios mediatizados sino que también condicionan sus opiniones y sus formas de ser.
Ahora bien, la información no es neutral, por el contrario es sectaria e interesada y está al servicio de la economía. También, en forma placentera y seductora, en las publicidades tiene el objetivo de persuadir sin permitir la reflexión. Todo esto indica que la información en sí misma no ofrece seguridad. Al perder los anclajes tradicionales, propone un mestizaje en todos los sentidos.
La información sólo se convierte en relevante cuando es iluminada por una idea. La mente humana no acumula la información sino que le da coherencia a ese conjunto de datos y es capaz de generar nuevas ideas. Esto es el sustento del pensamiento.
El desafío en esta sociedad de la información es cómo organizar significativamente la información, de forma de transformar esa información en conocimiento y el conocimiento en saber y sabiduría. Cómo lograr información de calidad y relevancia que tenga coherencia con los sentimientos y las emociones. Sólo si poseemos un conjunto organizado de información, poseemos un conocimiento que nos permite comprender la complejidad de esta sociedad y un conocimiento que podemos poner al servicio de la organización de proyectos de mejora social.
Si en esta sociedad de la información, las personas sólo poseen cúmulos desorganizados de información que no pueden procesar, sólo logran sentirse llenas de ruidos, con ansiedad y miedo, con baja autoestima y comportamientos inexplicables.
El desafío más importante de esta sociedad de la información es no olvidar que la información necesita generar conocimiento. Porque es el conocimiento la herramienta necesaria para la sabiduría, es decir para la toma de decisiones responsable de las personas guiadas por valores.
La sociedad de la información y la perplejidad, nos invita a abrirnos a la incertidumbre, es decir reconocer la pluralidad y la diversidad presentes en las sociedades complejas de hoy y estimular permanentemente la iniciativa y el pensamiento original. El conocimiento es una herramienta muy valiosa para crear estructuras personales que favorezcan la felicidad, siempre que reconozcan la riqueza de la multiculturalidad.
Otro desafío de igual importancia del anterior, es generar espacios de comunicación, sean cara a cara o virtuales en los cuales las interacciones sean amigables, y que favorezcan el cuidado del otro, la ternura, el respeto y la libertad personales. En relaciones interpersonales de estas características, una persona puede reconocer su error porque no teme ser sometido al ridículo; puede cooperar con otros, ya que puede comunicar su perspectiva de una situación y escuchar a los otros, puede defender y argumentar sus criterios, enriquecerse con las posturas de los otros y ser tolerante.
En pocas palabras, en la sociedad de la información y la perplejidad, tenemos el primer paso resuelto, la información está disponible en distintos medios y es muy abundante. Pero si sólo acumulamos esta información, sin poder seleccionarla, organizarla en esquemas conceptuales y aplicarla en proyectos de acción sobre la realidad, sólo logramos sentirnos inseguros y vacíos. El desafío es convertir esa información en conocimiento, en interacciones virtuales o cara a cara con otros, cooperando, en el respeto de las diferencias, y buscando la concreción de valores universales, que demuestren la sabiduría humana, característica propia y esencial del ser humano.
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