En esta sociedad en la que vivimos, la comodidad se ha convertido en sinónimo de pereza: muchas veces, cuando paseamos por las calles, encontramos muchísima suciedad. No comprendo porqué no hay más papeleras, contenedores, recipientes... cuando vamos por la calle, a veces, las papeleras están muy separadas unas de otras y la gente no tiene paciencia para llevar durante cinco minutos un papel del que están deseando deshacerse. De todos modos, el hecho de que haya más o menos papeleras, no es precisamente el problema: creo que el problema está en la falta de civismo. ¿O como le podemos llamar al hecho de que, cuando bajamos la basura, nos encontramos muchas bolsas alrededor del contenedor, en vez de dentro del mismo? Si al menos el contenedor estuviese lleno, sería comprensible que la gente pusiese la basura en el suelo. Sin embargo, cada cien metros hay un contenedor. No cuesta nada andar algunos pasos hasta el más próximo.

La suciedad en las calles es un problema mucho más serio de lo que nos podemos imaginar. Con los avances de la sociedad, estamos destrozando el planeta y si queremos protegerlo y salvarlo, tenemos que empezar por concienciarnos con este sencillo hecho: depositar la basura en los recipientes correspondientes. Pero el hecho de concienciar a la gente, ha de empezar por uno mismo. El problema de la suciedad, sin embargo, no acaba ahí: a veces, caminamos por la calle y pisamos las cacas de los perros... ¿pero cómo se puede ser tan sucio? ¿Es que la gente no sabe que las cacas se han de recoger y tirar al contenedor? esto hay gente que lo hace, pero todavía queda gente incívica que dejan que sus perros hagan sus necesidades en cualquier parte, sin limpiarlo luego. Además de proteger el medio ambiente, proteger las calles de las ciudades donde vivimos, es una responsabilidad además de un deber del ciudadano y de la sociedad en general, Igual que nos gusta tener nuestra casa limpia, tenemos que querer tener limpia nuestra ciudad, ya que el síndrome de Diógenes también es aplicable para las calles, al igual que para las casas.

Pienso que, más efectivos que las multas, serían los trabajos sociales, como ayudar en las recogidas de basuras, limpiar las calles... hechos con los que la gente podría llegar a darse cuenta del problema con el que convivimos día a día y que sigue acechando. ¿Es eso lo que queremos para nuestros hijos?

¿o tal vez preferimos vivir en ciudades limpias, donde estemos más cómodos? Pensemos en ello y actuemos en consecuencia.

Montserrat Sánchez.