Hablando en términos de definición, para nadie es desconocido el significado de la palabra “urbanidad”, aún así para muchos este concepto de educación y cultura parece ser un colador por donde se filtran toda clase de antivalores y comportamientos sin límite que han desvirtuado y anulado el calificativo literario que posee este vocablo, el cual propende hacia un buen desarrollo humano en cuanto a normas de conducta y cortesía se refiere.

La urbanidad se compone de buenos modales, educación, respeto, amabilidad, factores esenciales que permiten que las personas aprendamos a convivir en espacios de libertad, justicia y orden, como reza en nuestro escudo nacional Colombiano; partiendo de esto, se hace necesario retomar estas enseñanzas impartidas en la niñez, las cuales durante el proceso de formación personal van siendo modificadas con base a los innovadores sistemas de educación que se deben mantener atentos para no alterar ni mitigar el valioso esquema de la urbanidad que debe predominar en la sociedades actuales, sin ser sometida a juicios ni debates que inhiban su permanencia en la cultura.

La urbanidad en su contexto general es un tema que nos toca a todos, grandes y chicos, blancos y negros, hombres y mujeres, es un factor que no debe contener escenas de discriminación en cuanto a géneros, razas, gremios o status social; lamentablemente hoy por hoy estos aspectos han sufrido laceraciones que de una u otra forma marcan al ser humano en su desarrollo personal y comunitario. La sociedad actual posee de alguna manera limitantes y excentricidades que atenúan por una parte, y acentúan por otra, el desequilibrio educativo de la persona dentro del medio en el cual se desenvuelve.

No obstante este proceso de educación debe ser remodelado y conducido bajo normas disciplinarias que contengan un nivel de exigencia dirigido a llevar a cabo una campaña que permita ver nuevamente los elementos de la urbanidad y así mismo renacer en la práctica de valores familiares, sociales y espirituales que abarquen todo tipo de comunidades.

Qué se debe hacer para conservar latentes las normas de urbanidad?

Fundamentalmente reconocer las implicaciones que se derivan ante un correcto manejo de la educación basada en el respeto y acato de dichas normas que permiten alcanzar altos niveles de desarrollo conforme al control y coordinación que se ejerza ante las mismas.

Sumado a este aspecto es indispensable contar con la voluntad para cambiar y mejorar armónicamente la convivencia entre diferentes tipos de cultura que de una u otra forma actúen entre sí, manteniendo siempre un apropiado estilo de comunicación.

Ante todo se hace necesario el rescate inmediato de las buenas normas de conducta y comportamiento, para impedir que se sigan deteriorando, transformando y/o anulando, aquellos principios y valores fundamentados en la ética y la cívica como elementos esenciales de educación; igualmente es de gran importancia brindar un adecuado manejo de la moral con referencia en la espiritualidad y la fé. Cuanto más fijos sean nuestros valores, creencias y percepciones, más fuertes las sensaciones que experimentamos cuando se nos muestra un cuadro diferente.