La ranchificación se define como aquel proceso anárquico de construcción de viviendas con materiales no aptos para garantizar la estabilidad de la misma, los servicios básicos y el confort de quienes la habitan. La realidad del racho en Venezuela es producto de precarias políticas habitaciones, es un seudo urbanismo que refleja la mentalidad ruralista que sigue imperando en quienes proponen políticas de transformación social, políticas aliadas de la desorganización , el despilfarro, la corrupción, la desidia, la burocracia y el nepotismo. Los partidos políticos, en los últimos cincuenta años de democracia, no han hecho otra cosa sino fomentar entre sí una lucha por el poder que los ha llevado a interrumpir los planes de urbanismo del estado porque no son capaces de entender que no se trata de un color o de un estilo partidocrático, se trata de un pueblo que, ante la necesidad de vivienda, no anda mirando el nombre, slogan y colores de una tolda política. Los gobernantes, además, implantan la política de la migaja, del pañito de agua tibia, estimulando la mentalidad de escasez en el pueblo cuando vive sobre un manto petrolífero que genera un flujo de divisas que les pertenece equitativamente; pero el oro negro, conocido también como el estiércol del diablo, ha tentado en muchísimas ocasiones, por no decir infinitas, la mano del corrupto traidor, ladrón del bien patrimonial.

La realidad del urbanismo en Venezuela, hoy República Bolivariana, es deplorable y triste. Son muchas las familias que construyen sus viviendas en zonas no aptas debido a que no hay eficiencia en la política habitacional. Mientras los candidatos electorales gastan y gastan dinero en sus campañas propagandísticas y el mismo gobierno de turno despilfarra el erario nacional en autopromocionarse, el pueblo muere arrastrado por las crecidas de los ríos, por derrumbes de taludes de tierra y por la miseria que los hambruna. La democracia venezolana es culpable de muchas enfermedades, sobre todo, aquellas que como la úlcera gástrica aparece cuando el hambre azota.

La anarquía de un urbanismo puede convertirse en la belleza de lo feo y, realmente, terminar siendo bello; ejemplo de ello son los barrios franceses, los urbanismos italianos de clase media, los caseríos en Madeira y en América, como ocurre en la ciudad de Zacatecas, México.

La gente se acostumbra a vivir mal y no es capaz, en ocasiones, de salir de entorno mísero, porque cree que no hay otra posibilidad mejor que la del conformismo. Rico no es el que tiene sino el que no necesita y en Venezuela la realidad del racho es signo y muestra de pobreza y necesidad. Quizá Venezuela es la nación adinerada más bruta del mundo. Quizá no llegue a entender que con la suma de un mes de renta petrolera se podrían aplicar cinco planes Marshall para hacer del urbanismo la oportunidad para dignificar la calidad de vida que el venezolano merece y que le sigue adeudando el Estado.