Muchas veces me encuentro en la vía pública, rodeado de urbanismo, y me pregunto si no sería capaz de escupir palabras a granel, escupirlas de una sola vez, y empezar a gritar y a proferir insultos. Me encuentro con cerdos sudando, asquerosos cerdos nauseabundeando, horrendos idiotas gozosos del calor, del vaho-calor humano, colectivo repleto ventanas sin abrir, inmundos chanchos repelentes del aire fresco, anti-ventilación, malditos animales repugnantes (em)pujando por un lugar, mirando-espiando para ver dónde, asiento libre, ahí, mover-golpear-aprestarse-buscar-sobrevolar, llorar el nene, indignantes estornudos que no se tapan la boca, y cerdos también abajo, bien debajo de la tierra más calor, más terrible, más hediondos, impulsar, meter(se), entrar-como-sea-antes de cerrarse la puerta, empujar, apretar(se), masoquismo sádico, mascar chicle, mirar, buscar el milagro (el asiento), no ver al anciano-embarazada-discapacitado pero sí divisar con plenitud el sueño hecho realidad, la masa cerda levantándose de su sudor para abandonar su momentáneo hábitat, la libertad de asentar las tabas y después dormir, dormir, sí, y des-ceder el asiento, cerdos asquerosos, asquerosos cerdos sudando. ¿O acaso urbanismo no implica también poder respirar?

Una ventana, sólo una, sólo un poco de oxígeno, diferenciado del monóxido asqueroso de la transpiración, el aliento, las toses, sólo un intento de vivir como humano, pero al cerdo niño le hace mal, al cerdo señor se le vuela el peluquín (y no lo dice, aduce otras razones), la señora está resfriada o recién se hizo la permanente y la respuesta mejor desnudarse si es el calor pero no es el calor es el inmundo clima-ambiente de olor(es), inmunda suciedad, colectivo apestoso de cerdos sucios, boleto al piso, envoltorio al piso, papeles-basura de los chanchitos en su corral.

Viaje-mugre, horripilantez cochina, fobia-obsesión-precepto-regla-obligación: invierno equivalente a claustrofobia, invierno equivalente a no-aire, calor dios, calor tenazas atrapan. Urbanismo. Maldito urbanismo.