La vejez siempre está en la mente. Bueno, indudablemente se nota primero en nuestro cuerpo, pero siempre estamos preguntándonos: ¿Cuando yo sea viejito como me veré? Entonces, porque no prepararnos desde ya para respondernos muy bien esta pregunta. O quizás sí usted es de los que está enfocado, por la razón que sea, en trabajar demasiado para producir mucho dinero, nunca se ha preguntado esto, verdad? Bueno, esperamos que éste dinero le alcancé para cubrir los altos gastos médicos que se le presentarán en su vejez, cuando su cuerpo se haya rendido ante su desatención.

Cuando digo vejez me refiero también a la etapa del Adulto Mayor, en la cual los tres expertos en la materia contactados por mí en Bogotá me compartieron sus puntos de vista. El primero de ellos es el Gerontólogo Jonathan López, actual Director General de la “Fundación Las Canitas”. Le siguió Stella Sánchez de Peña, quien es Orientadora de Familia y lidera el Programa del Adulto Mayor y Pensionado de Cafam; y por último, me reuní con Carolina Camargo, Fisioterapeuta encargada de combinar actividades físicas con ejercicios terapéuticos que ayudan a acondicionar el físico de los asistentes a dicho programa.

Al entrevistar por separado a cada uno de estos personajes, encontré interesante el punto en el cual todos convergimos: “Nuestra generación no tiene un proyecto de vida para su etapa de adulto mayor. Es más, ella misma sigue adquiriendo comportamientos que la conducen a tener una vejez irregular”. Y no es bla bla bla, pues vemos cada vez con más frecuencia como conocidos nuestros, son atacados por repentinos lances cerebro-vasculares que los dejan incapacitados por semanas, como fue el caso de un colega de Jonathan, quien después de adquirir una dosis de mega-información (la cual no alcanzo a administrar equilibradamente en su cerebro) quedó sumido en una parálisis transitoria.

Para aquellos que no sabían, la “mega-información” la padecemos sólo los seres humanos, quienes generamos en promedio más de mil pensamientos diarios, de los cuales tan siquiera canalizamos y manifestamos unos cuantos, pues si nos fijáramos en gran parte de ellos -como muchas veces nos lo exige el mismo ritmo acelerado de nuestra sociedad- estaríamos de atar ó sufriríamos de insomnio, de ansiedad o frustración por no poder con todos a la vez. Y sí nos empecinamos en hacerlo, muy seguramente vamos a llegar a nuestra edad provecta diciendo: “Ya no sirvo para nada. Soy un estorbo” Y éste no es lo ideal, pues la vejez es una fase de la vida en la cual podemos seguir siendo tan productivos como ahora, obviamente en otros contextos y a otros ritmos, éstos más contemplativos quizás.

La gerontología dice que se es viejo después de la expectativa de vida, cuya media está entre los 73 y 75 años para el caso de nuestra población colombiana, y por ende, podemos afirmar que una persona en nuestro país es viejita cuando ha pasado ésta edad. Edad por cierto en la cual es invaluable llegar acompañados de aquellos con quienes decidimos “sentar cabeza”, una vez maduramos y asumimos que debíamos hacernos cargo de nosotros mismos. Estos seres pueden ser la pareja ó ese grupo desde el cual resolvimos aportarle algún bien a la sociedad y al planeta.

Gozamos de todo para conquistar una vejez sana

Con los expertos consultados concluí, que hacia los 35 años el ideal sería vivir con plena conciencia nuestro aspecto físico, espiritual, emocional, intelecto-mental y ecológico, para que podamos emprender una verdadera auto evaluación: ¿Qué he hecho de mí, de mi vida y del entorno que me he generado? Luego podremos empezar a hilar las respuestas que obtuvimos de nuestros cuestionamientos, para iniciar la construcción de ese tejido humano que nos sirva de soporte para crear nuestro propio proceso de envejecimiento exitoso, en el cual obviamente no caben ni las adicciones, ni las fobias hacia el ejercicio, ni las carencias espirituales, ni los desordenes sentimentales, ni esas sobre-exposiciones a aquellos componentes del medio ambiente que nos han perjudicado desde siempre, como lo son por ejemplo: el exceso de sol y de ruido; los radicales libres; los conservantes químicos de los alimentos modernos, pues la alimentación es el todo en nuestro proceso de envejecimiento. Sí señores, toda enfermedad se presenta a través de la sangre y es por esto importante, considerar desde ya, los beneficios de aquellos productos nutricionales de origen orgánico y hasta oriental, más algunas de las terapias alternativas desarrolladas en dicho hemisferio. Por ejemplo: Que mejor antiestrés que contar con un correcto flujo interno y externo de nuestra energía vital, así como de una relación respetuosa con nuestro entorno natural y con quienes están allí interactuando con nosotros.

Obviamente, es innegable la latente amenaza que tenemos, frente al hecho de que nuestro cuerpo un día cualquiera nos diga “No va más”, porque llevamos meses sin dedicarle el tiempo que se merece. Algunos creen que todo consiste en bañarlo, vestirlo y perfumarlo para que se vea bonito por fuera. Pero muchos hemos fallado al no alimentarlo a la hora adecuada, envolatándolo con cualquier pasabola. Bueno, entonces no nos lamentemos cuando al ser todos unos adultos mayores, el médico nos informe que nuestro estomago es una bomba de tiempo o que nuestro corazón y cerebro se han cansado de pedirnos la suficiente oxigenación. Es así de simple: Sí no nos alimentamos con lo necesario, tendremos problemas de oxigenación hacia nuestro cerebro y automáticamente se generará una pérdida total ó parcial de nuestra memoria, dándole cabida a las famosas alteraciones mentales tipo alzaimer ó demencia senil.

Por otro lado, no debemos esperar llegar a la vejez para buscar y mantener en todo nuestro ser el equilibrio. Este podemos fortalecerlo en nuestro tiempo libre, aclarando nuestra mente para pensar el bien; sanando nuestro corazón para sentir el bien; y ejercitando nuestro cuerpo para no padecer más adelante, esos problemas en articulaciones, huesos, miembros inferiores y espalda, propios de la senectud, entre otros. Para esto que mejor que practicar estiramientos y ejercicios de tonificación, con los cuales es posible neutralizar desde ya, aquellos malestares visibles que trae la “sejuela” (“Se jue la Juventud”). Además, estos ejercicios liberan esos bloqueos ocasionados por las malas posturas corporales y hasta faciales, con las que andamos muchos sin darnos cuenta.

El verdadero “rico” no es aquel que más posee, sino aquel que poco necesita

Aún sí somos unos importantes ejecutivos, destinemos siempre un muy valioso tiempo para nosotros. Podemos empezar con éstos sencillos ejercicios: Primero, prestemos aquí y ahora, total atención a la actividad que estamos realizando y así, estaremos mejorando nuestra productividad mental ya que esto aumenta a la vez nuestros niveles de concentración. Luego, realicemos una “meditación activa”. Esta consiste en sentarnos simplemente a respirar de manera conciente y conectada, cerrando los ojos en nuestro escritorio y relajando los músculos, hasta lograr empezar a respirar cinco veces seguidas, mediante una inhalación fuerte y una exhalación suave. Después de esto nos sentiremos más frescos y dispuestos a continuar con nuestra rutina laboral. También tengamos muy en cuenta la Gimnasia Cerebral.

La vida no se nos puede ir sólo en hacer informes, asistir a reuniones, tomar aviones y ganar propuestas. Es también tomar conciencia del ciclo que estamos viviendo, pues lo que más pesa en nuestra calidad de vida no se compra con ningún dinero, eso está en las cosas mas sencillas, como lo es el descubrir con intensidad el atardecer de vez en cuando; el afianzar incluso nuestra capacidad de adaptación hacia los cambios, aceptando que para aquel tiempo, ya no seremos los ejecutivos de hoy, y con suerte tendremos nuevos roles, igual de desafiantes y excitantes, tanto en nuestro circulo social como familiar. Es para esto muy significativo que desde ahora busquemos la manera de trabajar en lo que más nos gusta, con el fin de hallarnos colmados de aptitudes, conocimientos y experiencias con las cuales continuemos aportándole a la sociedad y a sus individuos desde nuestra propia vejez.

Preservemos y cultivemos nuestras habilidades, gustos y talentos, para ser admirados y respetados por éstos y principalmente, por lo que somos. Recordemos como en Oriente las personas mayores son valoradísimas sobre la base de este principio. A la sazón de esto, no dejemos nunca de ser personas “autónomas” capaces de decidir, soñar, pensar y actuar bajo nuestro propio criterio, pues este es el principal componente de una vejez funcional.