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Con tan solo 30 años de edad puedo hablar de “aquellos tiempos” en los que las computadoras eran artículos de electrónica operados por unos pocos, y que la mayoría de los mortales tan solo podían usar como herramienta para el ocio, con juegos nada parecidos a los actuales, de figuras cuadradas, pocos colores, y formatos repetitivos.
Recuerdo perfectamente, en mi cumpleaños número 10, es decir en el año 1987, mi papá trajo a mi casa una de las computadoras que más circulaban en ese entonces, una TK 85 de la empresa Microdigital. La TK 85 pertenecía a la familia de computadoras personales de la línea Spectrum, entre las que se destaco por ejemplo la TK 90 (que ya poseía capacidad de generar colores).
Para quienes no las recuerden o no hayan tenido contacto con las computadoras de la generación de los ’80 es interesante aclarar que estas poseían escasa memoria RAM (Memoria de acceso aleatorio), por ejemplo la TK 85 ostentaba 16 KB (Kilobytes – 1 KB equivale a 1000 bytes). Y a prestar atención, porque estamos hablando de “kilos” y no “megas” (por millón) como es normal en la actualidad; Así que es fácil imaginar la escasa capacidad de estas nobles computadoras.
Entre otras de las características, hay que decir que esta generación no contaba con discos o cintas de almacenamiento propio. Entonces, ¿cómo se cargaban los diversos programas o aplicaciones?; En la mayoría de los casos mediante un sencillo casete de cinta magnética, para lo cual se utilizaba un reproductor portátil interconectado mediante un simple cable de audio (como el de un auricular) a la computadora. Tanto para cargar datos, como así también para almacenarlos, se debía hacer a través de un dispositivo externo, en su mayoría, cintas, aunque luego fueron apareciendo también los discos flexibles por ejemplo.
Algo por demás interesante es la arquitectura que poseían estas computadoras. Todo iba incluido dentro del “teclado”. Es decir, se fabricaba la placa principal donde se imprimían las pistas o circuitos, se soldaban los componentes electrónicos y todo esto se insertaba dentro del propio teclado. Desde ya, otorgaba mucha comodidad y portabilidad. Recordemos además que muchos de estos modelos se conectaban directamente a cualquier aparato de TV, el que oficiaba o cumplía funciones equivalentes a un monitor o pantalla actual de computadora.
Estas computadoras venían embaladas en cajas mucho más pequeñas que las actuales, y su peso total oscilaba entre los 400 gramos a los 2 Kilos como caso muy extremo (según marca y modelo).
La gran mayoría debía ser conectada a un transformador externo. No poseían cooler o ventilador (no era necesario), apenas con algunos disipadores de calor en sus transistores alcanzaba para evitar altas temperaturas.
Si bien en mi experiencia personal trataba de sacarle jugo a la pequeña TK 85 y su lenguaje Basic asistido, la computadora que hacia verdadero furor entre los adolescentes era la Commodore, en sus diferentes versiones (16K, 64K y 128 K). En particular, la Commodore 64K, una reina entre las computadoras personales de la época, que aun sigue cosechando elogios y recuerdos de los más nostálgicos que se niegan a dejarla totalmente en el cementerio tecnológico.
Lo que hacia exitosa a la Commodore 64K y 64C, entre otras cosas, era su memoria RAM de justamente 64 Kilobytes, que le daba bastante más capacidad que a todas las computadoras de ese entonces. Tenía capacidad para generar 16 colores (todo un espectáculo visual). Muy buen sonido, con características complejas de tonos y hasta filtros de audio. Poseía además el famoso puerto RS232 (útil para conectar algún MODEM por ejemplo).
Una de las características más propias de la Commodore era el datasette (dispositivo similar a un reproductor de cintas de audio pero exclusivo para la Commodore y que de hecho venia con el propio equipo). El datasette permitía la carga de programas y juegos que estaban grabados en cintas magnéticas.
La Commodore ostentaba además puertos en serie para conectar consolas, impresoras y unidades de disco, como por ejemplo una disquetera de 5 y ½ para discos flexibles que luego tanto se utilizarían en la generación de primeras computadoras personales comerciales.
En lo que respecta a lenguaje de programación y sistemas operativos, en los ’80 reinaban el código máquina, assembler y el siempre presente Basic. En muchas de las computadoras se utilizaba un sistema que facilitaba la programación en lenguaje Basic. El mismo consistía en la predeterminación de comandos o palabras claves del lenguaje (como se If, Goto, Print, etc.) insertados cada uno en una tecla del teclado, a modo de segunda función de las mismas (es decir al presionar alguna tecla se escribia un comando completo sin necesidad de tipearlo).
Con Basic se podían lograr cosas muy interesantes a pesar de los escasos recursos de las computadoras de aquel entonces. Aplicaciones comerciales básicas, sistemas de cálculos, programas dedicados a la administración, multipropósitos, pero por sobre todas las cosas juegos, más juegos y muchos más juegos.
Quien haya tenido oportunidad de experimentar con aquellas maravillas de la informática los de ’80 sabrán lo que significaba por ejemplo cargar un juego o programa. Más aún tratándose de un equipo como la TK 85 o TK 90 que no poseían el dichoso y famoso datasette de la Commodore (el cual estaba regulado perfectamente para dicha función).
Cuando yo le relato o explico a alguna persona mas joven, o que no tuvo contacto con esta tecnología. los pasos a seguir, a veces creen que uno quisiera venderles una fábula.
¿Qué se hacía?. Se insertaba un casete con el programa en un simple reproductor conectado a la computadora. Se debía escribir el famoso comando “Load” y apretar la tecla “Enter” o “Return” (Según el equipo). Luego el "Play" o "Inicio" en el reproductor de casete y entonces comenzaban a verse en la pantalla de TV rayas extrañas y sonidos electrónicos muy raros, los que indicaban que se estaba realizando la carga.
Esta podía durar 20 segundos, 30, 40 o más de un minuto, dependiendo de la aplicación. Cuando terminaba la carga, la pantalla debía mostrar la indicación correcta para que nosotros, a través del comando “RUN” (correr), le demos inicio al programa.
En teoría ...todo muy lindo. Pero mi experiencia, y la de muchos otros, demuestra que la mitad de las cargas eran fallidas. Y los errores eran siempre similares. Generalmente sucedía que no sea había ajustado bien el nivel de audio (volumen) del reproductor de casetes.
Así es… aunque parezca algo muy alocado, había que encontrar un nivel de volumen correcto para la carga. Claro esta, a medida que uno ganaba experiencia en esto, lograba el éxito en más ocasiones.
Otra de las fallas típicas era el desgaste de la cinta del casete. El cual raramente se podía solucionar, no había retorno y si no se tenía una copia de resguardo de lo grabado allí, se lo debía dar por perdido. Otras veces alcanzaba con limpiar el cabezal del reproductor para poder lograr la carga.
Justamente uno de los pilares del éxito de la Commodore era el datasette, que como explique anteriormente estaba diseñado de tal forma que su calibración era perfecta para el uso con la computadora misma. Evitando los problemas de buscar una regulación de volumen adecuada entre otras tantas cosas.
Los juegos lejos estaban de parecerse a los actuales. Las sesiones duraban hasta el apagado de las computadoras y nada más. Aunque igualmente el tipo de diseño de ese entonces apuntaba a que así sea, sin la necesidad de la continuidad entre un día y otro. Simplemente se cargaba un juego, se lo utilizaba, se apagaba la computadora y a otra cosa.
Fueron años de magía que muchos aún guardamos en el recuerdo.
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