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“Se estará formando en Latinoamérica el tipo
humano capaz de hablar por todos los hombres, la avanzada de la humanidad futura?
¿Le habrá sido negada la capacidad de expresar su idiosincrasia a la manera
de los pueblos que han creado sus culturas,
porque le está reservado el destino de expresar
la idiosincrasia dela tierra?
José Manuel Briceño Guerrero
“Los americanos tenemos que conocer todo lo europeo
y encima lo nuestro, y luego reacentuarlo
para hacer revolución con ello.”
Iris Zavala
“Ahora son reales los animales que estaban
Estilizados en los frescos y los príncipes venden
Tinajas en los mercados. ¿Pero cómo escribir otra vez
El jeroglífico, pintar al jaguar otra vez, derrocar a los tiranos.?
¿Reconstruir otra vez nuestras acrópolis tropicales,
Nuestras capitales rurales rodeadas de milpas.?”
Las ciudades perdidas. Ernesto Cardenal.
Ninguna terra como la americana ha adoptado tantos apelativos, que, sin otear analíticamente las teorías de la evolución humana, se la ha calificado por la historia libresca seudonímicamente como: El orbe novo o mundus novus. Tierra de gentiles o paganos. Tierra de la Santa Cruz. Indias. Indias Occidentales. Paraíso Terrenal. El Dorado. Colombia. Afroamérica. Indoamérica. El País de los Papagayos, y finalmente, como por arte de birlibirloque, el libro, “Introducción a la cosmografía” de Martín Waldessemüller de 1507, bautizó a esta masa continental con el nombre de América, insustancialmente América. Waldessemüller nominalizó América luego que Américo Vespucio redactó y dirigió en 1503, varias cartas al banquero Lorenzo di Pier de Medicis, enlas que habló da la ausencia de un nombre para las nuevas tierras descubiertas. Estas cartas fueron luego acogidas por el Círculo Geográfico de Saín-Dié-Francia.
En la mayoría de los casos, la endiosada perspectiva europea y su visión de la historia, se ha prestado para difamar sobre la naturaleza humana, generando un entramado de confusiones que evidencian sus desvaríos. Estamos, entonces, ante un conflicto que para los conocedores de la historia es antropogeográfico y sociogeográfico. Estamos ante un pensamiento positivista que afirma que fue el hombre americano quien provino de Asia, y porqué no aseverar que el hombre asiático provino de América. Ciertamente y, como lo asegura el Doctor Ramón González Paredes: “ La verdad es que en América no hay un solo tipo de raza ni un tamaño étnico estándar…ha prevalecido en algunos científicos toda esa imaginación del viaje por el Norte, cuando caravanas cruzaron el estrecho de Bering…la fantasía de las caravanas y todos los mitos posteriores, no han podido resistirse a algunos estudiosos de la Antropología, entre los que se cuenta Hrdlicka. El poblamiento americano, sin embargo, es problema complejo y no debe resolverse con una tesis simplista.”
De tal suerte que en 1503 los individuos que conformaron el Círculo Geográfico de Sain Dié, en Lorens, Francia, hoy Alemania, no estudiaron con rigurosidad el tipo humano del nuevo mundo, ni mucho menos el linaje resultante de la mezcla entre europeos, indígenas y africanos, para luego sí otorgar un gentilicio o nombre a la nueva etnia emergente. De esta manera, Waldessemüller y el Círculo Geográfico bautizaron a esta tierra con el nombre de América, por ser el florentino Vespucio el invasor de la cuarta parte del supuesto mundo inconocido y como si se tratara también de una actividad lúdica de relaciones estéticas armonizadas con la nominalizaciones de origen femenino de los demás continentes. El ansia de poder, la fama y la oportunidad de hacer historia, de trascender, quizá sean algunas de las razones por las que se decidió imponer apresuradamente un nombre al mundo nuevo.
Muchos han argumentado sobre el ser latinoamericano, iberoamericano, hispanoamericano, americano, indoamericano, afroamericano, neolatinoamericano; sin percatarse que esa misma erudición los ha sumergido en un laberinto circular, sin salidas. Ahora, según nuestra visión el problema es educativo, porque necesitamos que las generaciones actuales y de relevo se identifiquen con una idiosincrasia autóctona pero derivada de la multiracialidad. Necesitamos dejar de ser otros cuando podemos ser nosotros mismos. Necesitamos leer y escuchar un nombre que resuma el encuentro de dos o varios mundos. América no nos dice nada, neolatinoamérica nos minimiza e Iberoamérica nos condena. Necesitamos con urgencia un gentilicio que hable del negro, de nuestro pasado indígena, del hindú, del español y su idioma, del romano, y para que nada quede ausente, de aquellos que positiva o negativamente participaron de un encuentro antes o después de mil novecientos noventa y dos y que aún siguen influyéndonos inevitablemente. Necesitamos saber que un determinado problema nos puede particularizar o generalizar, o dicho de otra manera, nos permite entrar en conflicto con la individualidad y universalidad, nos permite hacer consciencia de lo que somos, del porqué somos, y del para qué somos; y finalmente nos permite como lo expresa Iris Zavala: conocer todo lo europeo y encima lo nuestro, y luego reacentuarlo para hacer revolución con ello.
BIBLIOGRAFÍA
Cardenal, Ernesto. (1974) Homenaje a los indios americanos. Buenos aires. Cuadernos latinoamericanos.
González Paredes, Ramón. (1967) Ideario sociológico. Caracas. Edimprés.
Maguidovich, I. P. “Origen del nombre de América” En: La Nación. San Cristóbal. 28-11-1991. Suplemento: Quinientos años. No. 7 p. 5.
Ramis, Pompeyo. Veinte filósofos venezolanos. Mérida. Consejo de publicaciones. Universidad de los Andes. 1978.
Nuño, Ana. “Entrevista a Iris Zavala. Reacentuación rima con revolución”. Quimera 17. Sine data.
Somis, José. La historia mal contada. Editorial Fernás. España. 1988.
Cuevas, Alfonso. La historia ufana. Caño Bravo. 1999.
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