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Enero 2008. Es un verano atípico: las temperaturas se mantienen altas en los Andes del sur, a pesar de la altura y el bosque. Las aguas de los lagos están más cálidas de lo habitual e invitan a los amantes de la playa y los deportes náuticos. Pero el buen tiempo también es propicio para realizar caminatas allí donde el clima lo impide la mayor parte del año.
El lago Queñi se encuentra 60 km al SO de San Martin de los Andes y es una de los atractivos propuestos para el turismo ecológico, ávido de sitios con alto grado de naturalidad y apartados del turismo masivo. Es un pequeño cuerpo de agua extendido de norte a sur, encerrado entre escarpadas laderas, cuyas tranquilas y verdosas aguas son el paraíso de pescadores y amantes de ambientes solitarios. El algo drena hacia el gran lago Lacar a través del río Chachin, donde una deliciosa cascada de aguas color esmeralda es visita obligada de excursiones lacustres.
El camino desde el paraje fronterizo Hua Hum, de unos 12 kilómetros, presenta alguna dificultad para los autos bajos, y en época de lluvias se vuelve intransitable, pero actualmente está muy bien señalizado. Poco antes de la llegada, el ancho arroyo Queñi cierra el paso. Algunos vehículos se atreven a cruzar el vado, de escasa profundidad este verano. Si no, un puentecito de maderas y rocas permiten pasar a pie. Algunos metros mas adelante, se encuentra un camping agreste a orillas del lago. Allí mismo comienza la senda peatonal hasta las termas de Queñi, una vertiente natural cuyas aguas premian la caminata de 4 km. Se trata de un paseo para disfrutar la plenitud de un bosque pleno de sorpresas. El turismo ecológico o ecoturismo propone la visita a espacios naturales casi inalterados con el fin de conocerlos, vivenciarlos y comprender la importancia de su conservación, así como experimentar la invalorable sensación de formar parte de un ambiente natural prístino. En este rincón andino, donde las intensas lluvias propician el desarrollo de la frondosa selva valdiviana, pueden admirarse altísimos raulíes centenarios y coihues, arbustos y enredaderas, cañas colihue y flores vistosas: amancay, aljaba, mutisia….En el apacible rumor del bosque quizás un carpintero nos llame la atención entre el follaje. La senda esta muy bien mantenida por el guardaparque y se nota que cada año se deben sortear árboles caídos y bordes socavados. El sendero bordea el lago, con subidas y bajadas, pero manteniendo prácticamente la misma altura, de modo que puede sostenerse el ritmo y demorar aproximadamente 1h 30’ hasta la terma. Una vez allí, un cartel indica la ubicación de la misma a la derecha de la senda, así como el comienzo de un Area de Reserva Estricta, zona que preserva el bosque nativo y solo avala investigaciones científicas. El sendero y la terma se hallan en los límites de la zona de Parque Nacional, donde se permite le turismo ecológico y actividades recreativas de bajo impacto.
Sorteando el torrente de agua a través de rocas y troncos, por fin se divisa el objetivo: algunas rocas embalsan el agua formando una pequeña pileta en la que, si soportamos los 36º, podremos descansar unos minutos (no mas de 20, para que no baje la presión…). La “deco” del spa es perfecta: sonido ambiental relajante, el murmullo del agua y el trinar de las aves del bosque; helechos de intenso verdor y paredes rocosas… Si hay suerte y no hay nadie, el placer será completo. Si no, será la oportunidad de compartir una charla entre amantes de la naturaleza de distintos orígenes. ¡Valió la pena el esfuerzo, el turismo ecológico también brinda buenas recompensas! El lugar esta limpio y sin huellas de visitantes, lo que aumenta su valor y naturalidad. Si seguimos la corriente hacia arriba, a pocos metros comprobaremos que las aguas son aun más calientes, hasta llegar a la roca de donde surge el manantial. Un verdadero regalo de la naturaleza en un rincón escondido de nuestra cordillera.
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