El impacto ambiental se debe en gran parte al turismo. Por aportar positivamente a la economía de un país, el turismo se desarrolla indiscriminadamente en todas partes del mundo. Los beneficios económicos que produce esta industria, puede sacar a un país de la ruina, y, por esto, muchos expertos se esfuerzan por crear nuevas atracciones y generar más entradas de turistas, lo que resulta en un mayor grado de contaminación y destrucción de los ambientes naturales.

El turismo convencional, sólo aporta a la devaluación ambiental de los recursos naturales, ecosistemas y la cultura de comunidades rurales. En países del tercer mundo, los pequeños pueblos sufren de tal pobreza que encuentran al turismo convencional como una salvación por, al menos, una temporada al año, y así contribuyen con el impacto ambiental. Existen pequeños pueblos, como Amaicha del Valle en Tucumán, Argentina, en donde los turistas están modificando poco a poco las costumbres de los locales. Aquí, la gente es muy respetuosa y tradicional. Para salir a la calle, todos los hombres visten una camisa o remera, y las mujeres, a pesar de las altas temperaturas, no salen a la calle en bikinis. Pero los turistas caminan por las calles sin ningún respeto a estas tradiciones. Allí también, los lugares naturales tienen un valor religioso a los que ellos denominan la Pachamama. Esta creencia persiste desde los indígenas calchaquíes que habitaban la región miles de años atrás (antes de la llegada de los Incas y los españoles). Sin embargo, los visitantes caminan por sus montañas, miradores, senderos, tirando basura en el camino y erosionando caminos naturales.

Como una solución a este problema, surge el turismo ecológico o ecoturismo. El fin de esta nueva “industria” es fomentar la protección del medio ambiente y reducir el impacto sobre los ecosistemas naturales.

El turismo ecológico es algo que tiene que fomentar cada comunidad ante la llegada de los turistas. El fin es realizar cambios en el turismo convencional, para que los visitantes aprendan sobre valores naturales y aspectos culturales y sobre el cuidado y responsabilidades. Se tiene que educar al turista para que su actividad tenga menor impacto en el medio ambiente.

Para esto se tienen que desarrollar programas turísticos que tienen que ser controlados. Las empresas, como hoteles, o los agentes de desarrollo turístico, pueden colaborar en la información del visitante, entregando folletos, por ejemplo, en donde se especifique los cuidados y las precauciones que el viajero tiene que tener en cuenta para ayudar a preservar el ambiente natural. Las autoridades nacionales, regionales y locales tienen que incentivar el ahorro de los recursos naturales que hoy en día son escasos, como la energía y el agua. Así también, tienen que fomentar la reducción de producción de basura.

El turismo ecológico también trata de lograr que los turistas no destruyan la fauna y la flora de la región visitada. Arrancar flores o plantas silvestres de espacios naturales, cazar animales y producir fuegos que puedan generar incendios son algunos ejemplos de destrucción de estos recursos, así también como el uso excesivo de la energía y el agua.

Con respecto a la preservación de la cultura, el turista tiene que informarse, o ser informado, sobre las costumbres de la comunidad para respetarlas. Volviendo al ejemplo de Amaicha del Valle, sería una buena idea informar al visitante que las personas son muy conservadoras y respetuosas, y que la bebida, el uso de atuendos inapropiados, los gritos e insultos en lugares públicos y la falta de respeto en días de duelo van en contra de sus costumbres.

El turismo ecológico supone integrar al turista en la comunidad, realizando actividades integradoras, como la participación en ciertos eventos sin producir modificaciones en ellos. Se tiene que respetar y conservar el patrimonio cultural, artístico y arqueológico para las generaciones futuras. La idea es que el visitante sea un observador de la naturaleza y la vida social de los lugares que visitan.

Esto no significa que el turista no puede tener acceso a lugares de interés histórico o arqueológico, como museos y santuarios. El turismo ecológico pretende que los turistas respeten estos espacios y, a su vez, y primordialmente, que las autoridades se responsabilicen en la protección, conservación y constante restauración de los mismos.

Personalmente, tuve la posibilidad de recorrer varios lugares de gran valor natural y cultural, y, en algunos de estos lugares, me entristecí al ver la falta de conciencia de conservación. En el norte de Argentina, pude charlar con algunas personas nativas que me contaban cómo la concurrencia de turistas a miradores estaba destruyendo el paisaje natural a través de la erosión del suelo. El norte de este país se destaca por la presencia de montañas formadas por sedimentaciones de hierro, manganeso, azufre y cobre. A diferencia de la tierra, estos materiales se deterioran muy fácilmente. Con una sola pisada se puede observar la erosión del suelo. En Purmamarca, Jujuy, un lugar hermoso destacado por la presencia de montañas rojas, verdes, amarillas y violetas (los colores de los elementos nombrados anteriormente), los turistas transitan por sus caminos y miradores sin conciencia alguna de los efectos que producen cada uno de sus pasos. En los espacio de acampamiento, denominados campings, los hospedados tiran la basura en cualquier lugar y ponen música que traen de otros lugares a máximo volumen.

Con el turismo ecológico, las personas aprenderían a valorar la importancia cultural de estos lugares y a apreciar la música tradicional para no influenciar en sus costumbres. También serían concientes de qué lugares se encuentran en peligro por la erosión. En los parques nacionales en el sur de la Argentina, la conciencia de preservación de los ecosistemas naturales y la cultura está más asentada, pero sería bueno que lo mismo pasara en otros lugares de importancia natural y cultural, como el norte, uno de los únicos lugares en este país en donde aún persiste la cultura calchaquí.

Podemos mejorar el mundo y evitar su destrucción poniendo nuestro propio granito de arena. Pero no se logrará esto si no se difunde la conciencia en la industria del turismo tradicional, y esto no sólo incluye a los visitantes, sino a las autoridades y a las empresas y los agentes de desarrollo turísticos.