La vida se debate constantemente entre lo bueno y lo malo, lo angustiante y lo excitante, lo inesperado y lo que se sabe que va a pasar, indudablemente el individuo como habitante de este planeta tierra debe reaccionar de alguna forma ante todas aquellas situaciones que se le presentan, eso es un hecho, la diferencia reside en la manera como cada sujeto reacciona ante dichos acontecimientos.

Haciendo un breve análisis de la producción cinematográfica “El experimento” del director Oliver Hirschbiegel a la luz de la teoría freudiana sobre los instintos de vida y muerte, cabe decir como primera medida que una característica claramente identificada a medida que la película se va desarrollando es la pérdida de la noción de la realidad por parte de los participantes del experimento, es decir, al progresar la trama los sujetos se convencieron de que su realidad era el experimento (prisioneros y guardias) y no las vidas que normalmente llevaban en las cuales desempeñaban otro tipo de roles, por tanto, optaron por comportarse acordes a la experiencia actual, desdibujándose la línea entre lo real y lo ficticio.

En este caso observamos que los guardias al tomar tan en serio su papel abusaron del poder que se les otorgó, infringiendo las recomendaciones hechas en un inicio sobre mantener la paz y el orden sin utilizar la violencia, norma que en definitiva terminó por no cumplirse, en virtud de la expresión del instinto de muerte que vive en cada uno de nosotros.

Así pues, en el caso de Berus (guardia) vemos como en un inicio su actitud era un tanto pasiva y de sumisión, para transformarse en un individuo autoritario y agresivo al ser confrontado por Tarek (prisionero 77), aquí el instinto de muerte se expresó de forma tal que la acción de Berus siendo en un principio muda y residente en el yo, luego se convirtió en agresión al exterior. Por ello, fue tan grave su expresión, pues al estar muda la agresión y desligada del objeto genera un retraimiento de las cargas afectivas hacia el propio yo, que cuando consiguen expresarse se dan de formas tan inadecuadas como las mostradas por Berus. Eckert al igual que Berus pasó de la pasivida a la actividad en términos de agresión.

Así mismo, podemos deducir de las actuaciones en este film cinematográfico de Berus, que la expresión de lo reprimido (es decir, la agresión) le generó satisfacción al principio del placer, en contraposición, con el principio de realidad, que procura regular de la forma más adecuada los comportamientos del individuo subyugando el principio del placer y evitando la salida abrupta de lo inconsciente que en definitiva, no se adapta totalmente a lo que exige el mundo exterior, tal como se muestra en esta producción cinematográfica.

Por otro lado, la situación de los prisioneros fue un tanto distinta dada su posición y condiciones dentro del experimento, así, en un inicio mostraron apertura y adaptabilidad a la experiencia mostrando después cuadros claros de angustia y trauma. Con respecto a esto, Freud (1912) en “Más allá del principio del placer” afirma que existen dos factores característicos que se presentan en situaciones estresantes, tales como: un hecho que provoque sobresalto o susto, acompañado de algún tipo de herida (sea física o psicológica) recibida de manera simultánea al hecho descrito anteriormente; estos dos rasgos pueden converger en neurosis.

En relación con este tipo de situaciones, Freud afirma que se puede presentar angustia como un estado semejante a la expectación del peligro y preparación para el mismo, miedo como la referencia a un objeto determinado que lo inspire y susto como el estado que se presenta de forma abrupta en el individuo representando un peligro inesperado. Ejemplos claros de estos conceptos dentro del film cinematográfico son los presentados por los prisioneros: un primer suceso en el cual los guardias producto de un disgusto con el prisionero 77, sacan todas las literas de las celdas, los despojan de sus vestiduras y los rocían con gas para apagar el fuego, situación que perdura toda la noche, ante este hecho los prisioneros reaccionan primero con susto, y posteriormente con expresiones de angustia tales como, procurarse a sí mismos daño físico. De la misma manera, hubo ataques de pánico, desesperación y desorientación por parte de los mismos como expresiones de la angustia y presión psicológica reinante en el lugar.

Igualmente, cabe afirmar que todas las expresiones de defensa por parte de guardias y prisioneros se dieron en virtud del deseo de vivir, del instinto de vida que existe dentro de cada individuo, tanto así, que hasta el dinero ofrecido en un principio pasó a un segundo plano anteponiendose la supervivencia.

Con respecto a la posición de los experimentadores, se puede ver la gran diferencia entre superyoes de cada uno de estos ante la pérdida del control de la situación durante el experimento, por tanto, vemos que Jutta (Doctora asistente) al ver que al tercer día la situación estaba empeorando y las vidas de los sujetos corría peligro decidió hablar con el profesor Ton (director) para tratar de persuadirlo con el fin de que desistiera del experimento, ante lo cual éste prefirió seguir en aras de lograr los resultados experimentales planteados en un inicio sin importar las consecuencias en la vida de los participantes.

Para concluir, queda demostrado en el film cinematográfico que el instinto de vida prevalece ante el instinto de muerte, a pesar de que ambos residen en el interior de los individuos y no se pueden comprender desligados el uno del otro. Además de ello, cabe decir que es importante tener en cuenta las implicaciones éticas de un experimento con seres humanos, ya que éstos traen consigo diversas consecuencias que deben ser congruentes con el bienestar de la humanidad en general.

Referencias

Freud, S (1912). Más allá del principio del placer. En: Obras Completas. Madrid: Alianza