Incremento significativo de la resistencia cardiopulmonar, control de la presión sanguínea y del sobrepeso, junto con el desarrollo de la mayor parte de los grupos musculares, son algunas de las ventajas principales que trae aparejada la práctica constante de la natación.

La natación es un deporte que puede ser practicado por la mayoría de las personas, en soledad o en equipos, en invierno o en verano y a casi cualquier edad.

El desarrollo físico que propone la natación, sobre todo cuando se la practica desde la niñez, no sólo constituye una excelente base para la salud del cuerpo, sino también para su estética y bienestar emocional.

Se trata de uno de los mejores ejercicios aeróbicos, al mismo tiempo que constituye uno de los deportes más completos por cuanto pone en movimiento casi todos los músculos del cuerpo humano.

Otra de sus ventajas reside en tener un bajo impacto sobre las distintas partes de nuestro cuerpo. Al estar sostenido por el agua, se reduce al máximo la tensión de los huesos de las articulaciones, fortificando los tejidos articulares, mejorando la postura corporal y desarrollando enormemente la flexibilidad.

Los pulmones, elemento primordial en la natación, se ven beneficiados por la mayor irrigación que supone el ejercicio respiratorio. El efecto del agua implica un esfuerzo adicional para la inspiración, por lo cual el corazón trabaja más para satisfacer la demanda de la circulación, pero como la respiración se adapta rítmicamente a los movimientos, el pulso no se acelera de manera anormal.

Practicada como deporte no competitivo, la natación es apta para todas las edades y no existe de hecho, ninguna contraindicación especial.

Y por si fuera poco, conviene recordar que el ahogamiento ocupa apenas el séptimo lugar entre las causas de accidentes infantiles.

Nadie nada instintivamente y cuando antes se aprenda más fácil resultará, aunque a cualquier edad es viable lograrlo.

En el caso de las personas mayores conviene que sea un experto quien las inicie. En cambio si se trata de un joven que no ha sufrido ningún trauma con el agua, puede enseñarle un amigo o un familiar.

El principal obstáculo para aprender a nadar es el miedo al agua y la inseguridad derivada de estar en un medio diferente. Esto genera tensión, impide que los músculos actúen correctamente, acelera la respiración y aparece la sensación de ahogo.

Aunque resulta conveniente familiarizar a los niños con el agua desde que nacen, los especialistas coinciden en que antes de los cuatro años son demasiado pequeños para desarrollar autonomía en el medio acuático y adquirir los movimientos esenciales de la natación.

Si bien los pediatras se animan a iniciar el aprendizaje desde que los niños son bebés, tienen presente que los programas de natación no garantizan la independencia del chico y hasta no llegar a la adolescencia debe existir la supervisión de un mayor cada vez que practiquen este deporte.

En el caso de embarazadas, la natación es una excelente opción, siendo el medio ideal (excepto contraindicaciones médicas) porque le permite realizar movimientos y posturas que en tierra le resultarían dificultosos. Al no tener el efecto de la gravedad, la embarazada puede realizar un ejercicio aeróbico, lográndose mantener activa. De esta manera puede controlar su peso, dado que puede trabajar todos los músculos sin gran esfuerzo.

Los miembros de la tercera edad también pueden practicar –chequeo mediante- este deporte con regularidad, lo que les permitirá notar desde un principio sus efectos benéficos. En esta etapa de la vida, la natación contribuye a mejorar el sistema cardio-respiratorio muscular, favorece la actividad física en personas obesas, con patologías de columna vertebral, y resultará muy conveniente en aquellas personas que fuera del agua tienen problemas para practicar otro tipo actividades deportivas.

Este deporte también permite abandonar el sedentarismo y desarrollar, sin un gran desgaste energético, una actividad que produce placer y brinda la oportunidad de superarse y lograr confianza en uno mismo.

La natación ejerce efectos hidroterapéuticos y mejora los síntomas de enfermedades de carácter óseo, articular, muscular, motriz, etc. Produce la activación del sistema circulatorio y el masaje que provoca el agua ayuda a la prevención de várices, reducir la hinchazón y los calambres. Provoca un efecto sedante, reduciendo el stress, de modo tal que proporciona una gran sensación de bienestar.