El hombre dispone de varias posibilidades para protegerse de la pérdida de calor. Se puede abrigar con ropa y con esto sustituir el pelaje que protege el cuerpo de lo animales. También el humano conserva su “pelaje” puesto que posee el mismo número de raíces de pelo que un gorila, si bien estos pelos son mucho más finos y yo pueden ya constituir una capa aislante. Otro fenómeno que contribuye a la protección térmica es la forma del cuerpo, debido a un sencillo principio físico se sabe que cuanto menor sea la superficie del cuerpo, menor calor puede escapar al exterior. Como la naturaleza es sabia, las personas que han evolucionado en lugares muy fríos son pequeñas, como los esquimales, mientras que las que han evolucionado cercanas al Ecuador son más altas, esto claro, ocurrió hace millones de años. El cuerpo humano tienen una capa de grasa debajo de la piel, a fin de aislarnos del frío, a veces esa capa se convierte en adiposidad y no es deseada. Pero se ha comprobado que las personas con más capa de grasa corporal resisten mejor el frío. Esas son las formas pasivas en que nuestro cuerpo nos defiende del frío, pero hay mecanismos activos, por ejemplo, generalmente una persona cuando tiene frío empieza a tiritar y castañetear los dientes, lo que genera una advertencia de que el organismo se está enfrentando a una peligrosa pérdida de temperatura. Ese tiritar hace que nuestros procesos metabólicos aumenten más de 20 veces, a fin de generar la energía suficiente para mantener caliente al cuerpo, por esa razón es que generalmente se siente más hambre cuando hace frío. La ingesta de comidas calóricas, ricas en carbohidratos y grasa, es lo más efectivo para colaborar con este proceso corporal.

Cuando el frío ya ha afectado nuestro cuerpo se puede observar que los labios comienzan a volverse azules. En los labios los vasos sanguíneos circulan a flor de piel, los cubre una capa de piel muy delgada y además están irrigados contínuamente, desviando la sangre oscura de las venas hacia el interior. Por eso es que suelen ser rojos, pero frente al frío los vasos sanguíneos se estrechan para proteger al cuerpo de la pérdida de calor, cuando eso ocurre a las arterias apenas se les suministra nueva sangre roja, rica en oxígeno, entonces la sangre en esos capilares comienza a llenarse de dióxido de carbono, lo que externamente se observa como un tono azul en la superficie labial.

Los pies suelen estar entre los primeros afectados por la baja temperatura. En general, la temperatura corporal es mayor cuanto más alejados estemos del exterior, siendo las extremidades las que menor temperatura normal presentan. Por eso mismo enseguida sentimos frío en las orejas y la nariz. Una mano o un pié están clientes cuando sus vasos sanguíneos están dilatados, dejando circular mucha sangre, pero cuando los nervios sensores detectan una baja temperatura, el Sistema Nervioso Simpático, hace actuar a las hormonas noradrenalina a fin de conservar el valioso calor coporal. En este proceso intervienen también las anastomosis, comunicaciones directas entre las finas venas y arterias de la piel, contrayendo los vasos sanguíneos para disminuir la irrigación. Esta protección tiene como fin proteger la irrigación sanguínea de los órganos vitales, como el corazón y el cerebro. Naturalmente, no se puede interruptor el suministro de oxígeno por mucho tiempo, ya que el tejido podría morir, por lo que este mecanismo de protección puede actuar por un tiempo no mayor a 12 horas. Los pies fríos también pueden ser el resultado de una reacción de estrés, como puede ser una situación de temor o inseguridad. En esos casos la hormona angiotensina es quien estrecha los vasos sanguíneos para aumentar la presión y poner el cuerpo en alerta.

Si la temperatura corporal desciende a los 30 grados centígrados se corre riesgo de sufrir un paro cardíaco. Al igual que las quemaduras, el frío afecta en diferentes grados a nuestro cuerpo. Si la congelación es ligera la piel se empalicede y si es muy prolongada algunas terminales nerviosas podrían quedar insensibilizadas por largo tiempo. En caso de que el congelamiento sea de segundo grado se presentan ampollas que pueden dejar cicatrices en la piel. Las de tercer grado dañan el tejido en forma permanente. Si las ampollas o el tejido necrosado se expone más tiempo al frío podría ocurrir que las heridas se infecten, ya que nuestro sistema inmune, que viaja por la sangre, no es capaz de acceder a la misma, pudiendo en algunos casos extremos desembocar en una amputación del tejido dañado. Las exposiciones prolongadas pueden producir lesiones crónicas, denominadas sabañones, que suelen producir picor o prurito cuando el cuerpo comienza a calentarse.

Algunas personas afirman que frotar las manos con los objetos fríos, por ejemplo nieve, logra hacerlos resistir más al frío. Esta idea es absolutamente descabellada, ya que lo que se está haciendo en insensibilizar las terminaciones, y por eso no se siente el frío momentáneamente, pero ese contacto hizo que salga calor de nuestro cuerpo, exponiéndonos a algunos peligros como los ya mencionados. Mientras los miembros están helados no conviene realizar ningún tipo de masaje, ya que ante la pérdida de la sensibilidad podríamos dañar los tejidos sin notarlo. Lo mejor es restaurar la temperatura corporal de a poco, mediante un baño con agua caliente o la exposición a una fuente de calor. En caso de no disponer de una estufa o radiador, un buen remedio es meter las manos debajo de nuestras propias axilas, y si se trata de los pies, entre las piernas de otra persona, preferentemente en los pliegues posteriores de la rodilla.

Cuando comenzamos a entrar en calor, luego de una larga exposición al frío, notamos una sensación de hormigueo en pies y manos. Esto se debe a que los vasos sanguíneos han comenzado a dilatarse nuevamente, descomprimiendo las terminales nerviosas sensitivas que tenemos en las extremidades. Ese cosquilleo son descargas irregulares que estimulan a los receptores que habían quedado comprimidos. Al poco tiempo ese cosquilleo cesa y se siente una agradable sensación de calor que indica que las vías nerviosas han reestablecido la normalidad.